Esos palitos de chocolate se ven apetecibles, hace bastante que no los prueba.
Él aprovecha para hacer una compra más en la cafetería antes de irse a esconder en su habitación, por lo que es inevitable cruzarse a Evan en la cola.
— ¿Dónde los compraste?
Incluso parecía que su cerebro dejaba de funcionar correctamente con aquellas temperaturas. Tras el choque de miradas, Jesse titubeó un instante antes de hablar, pero, durante ese breve silencio, el contrario se le adelantó con una propuesta difícil de rechazar.
— Moriré ›
‹ derretido a este paso —se queja por enésima vez en el día, arrastrando las suelas una última vez antes de dejarse caer a su lado. Poco le importa el espacio disponible; se da el gusto de desparramarse casi por completo en la silla—. Gracias.
Al menos, tuvo la precaución de ›
También huye del calor a esas horas, prefiriendo refugiarse en la cafetería, donde al menos puede disfrutar del aire acondicionado. Sin embargo, no tarda en aburrirse de estar dentro, así que, pasado un rato, vuelve a salir en busca de alguna mesa resguardada bajo la sombra.
‹ veo —nota la mirada sobre su comida. Zarandea un poco el batido—. Pasé a comprarme algo antes de ir a descansar. . . pero sabe horrible.
A la bebida se refiere. El sabor de temporada no termina de encajarle.
— ¿Quieres? Es de pumpkin spice.
Qué bochornoso habría sido eso. . . pero bueno, a todos les ha pasado en algún punto de sus vidas, ¿no?
Le basta con una fugaz mirada de pies a cabeza para confirmar que no era que estuviese haciendo mucho. Al menos, no ve algún entretenimiento a la mano.
— Ya ›
Lo ha pillado con lentes puestos, así que sí, lo ve de lejos. Su andar en dirección al contrario no supone un desvío, pues al final terminaría pasando por su lado.
— Hola, Kevin —saluda con la boca llena, ya más próximo a él. No le incomoda detenerse unos minutos ahí—. ¿Qué tal?
Tras salir de clases, aprovechó para hacer una corta parada en la cafetería, algo de comer no le caería mal ahora mismo.
Con un batido y algo de panadería, prefiere disfrutarlo al aire libre, aprovechando el templado clima a estas horas.
‹ suavemente contra la contraria.
Su ritmo de beber no es especialmente lento, por lo que ir tan pronto por otro shot no le es nada nuevo. Posiblemente, para Lyla lo sea, pero anda, que se adapte un poco.
Bebe el suyo al ritmo de la joven, soltando una breve risa al notar su reacción. Poco la conoce todavía, pero es un gesto que no le sorprende en absoluto. A diferencia de ella, el licor pasa por su garganta sin mayor dificultad.
— Ya no es tan divertido así —le da la razón, ›
‹ sirviendo nuevamente líquido en ambas copitas—. ¿Y cuántos chicos te piden el número al día?
Vamos, que hasta él siente cierta curiosidad por la respuesta, aunque la pregunta no sea más que una excusa para molestarla.
— Salud, entonces —alza su copita para hacerla chocar ›
‹ ya es tarde. Pero no es como si tuviera algo el domingo más que dormir.
— Sí, un poco más. . . —deja las palabras en el aire, sin saber exactamente cuánto tarde más ahí. Por ahora, está cómodo.
De hecho, estaba cerca de irse, pero su presencia lo mantiene ahí un tiempo más; no le cuesta nada mantener una conversación ahora que ha llegado.
Está un poco flojo ahora mismo, pero si le decía que se ha quedado con las ganas, puede que la sacara a bailar. Por ahora, ›
‹ tendrá que conformarse con el chupito que le ha ofrecido, arrastrándolo por la mesa; por hoy, ignora que es menor de edad.
— Bueno, al menos te sacaron a pasear —¿no es eso bueno? Él preferiría eso antes que esta fiesta—. ¿Dónde estuviste?
Mira la hora en su móvil, ›
Parece que nunca duerme, pero ahora mismo batalla contra el mismísimo sueño. Casi se le escapa un bostezo.
— Hasta me duelen los pies —es un sí, lo ha hecho hasta no dar más. Hace un ademán con su diestra, invitándola a sentarse en la silla próxima, si gusta—. Hola, ›