Es curioso cómo pasamos años persiguiendo el éxito profesional, hasta que un día nos damos cuenta de que el verdadero lujo siempre fue otro: una vida tranquila, un buen café, comida hecha en casa y el privilegio de no tener que correr a ningún lado.
Respeto a Spider man por aguantarle un tiro a Frank, los golpes a Hulk y el desmadre de Jean. Pero admiro más a Peter por aguantar el “Yo no te amo, porque ni siquiera te conozco” del amor de su vida.