@Saul_Investings Enhorabuena!! Sí me permites un consejo de viejuno, date a tí mismo unos días para saborear el logro. A veces nos pueden las prisas y la forma en que educamos a nuestro cerebro nos lleva a pensar inmediatamente en el siguiente problema...
Je m’appelle Emma, ce n’est pas un pseudo c’est ma véritable identité, je fais ce post au cas il m’arrive quelque chose suite aux menaces que j’ai reçu directement chez moi cette semaine, de la part de personnes envoyées par des comptes basés en Israël; s’il m’arrive quelque chose c’est la faute du premier compte à avoir incité à l’harcèlement à mon encontre @SwordOfSalomon; ensuite les comptes qui ont relayés cet appel à l’harcèlement comme @Enthoven_R, @femmeazadi, @Nizardisabelle, @SlMONWEINBERG et tant d’autres !
Je précise que je ne suis pas suicidaire et que je ne l’ai jamais été, et que ma seule boussole à toujours été le droit et mon humanité, combattant toutes les formes des racismes y compris l’antisémitisme, mon compte est public et toutes les preuves y sont.
Quand tu vois des abeilles comme ça, n’aie pas peur ! N’appelle pas les pompiers ni la protection civile, ne les déplace pas, ne les empoisonne pas, ne les tue pas !
Ce sont des abeilles en déplacement. Elles ne vont pas te faire de mal. Elles ne s’arrêtent que pendant environ 24 heures. Ne les dérange pas et évite de t’en approcher.
Si tu veux les aider, tu peux placer une assiette plate ou un récipient peu profond avec une fine couche d’eau sucrée. Observe-les se nourrir, reprendre de l’énergie, puis repartir sur leur chemin.
Nous devons tous protéger les essaims voyageurs. Les abeilles sont notre assurance de survie.
Si les abeilles meurent, nous mourrons ensuite. Sans abeilles, aucun être humain ne restera sur la surface de la Terre.
S’il te plaît, fais attention et ne tue pas les abeilles !
Crédit : propriétaire original
#fblifestyle
Cuando un empleado comunica que dejará la empresa dentro de 14 días:
Años 80/90:
· Se despide con respeto y dignidad
· Sigue trabajando hasta el último día
· Recibe beneficios de salida
· Cobra su salario completo
Año 2026:
· Activan alertas de seguridad
· Le bloquean el acceso y cierran la sesión instantáneamente
· Cortan toda comunicación
· Su salario queda “en revisión”
... y después aún se sorprenden de que cada vez menos personas quieran avisar con 14 días de antelación.
On April 3, 1965, Ennio Morricone recorded this masterpiece in Rome.
Sixty years ago.
The soundtrack of a lifetime.
For A Few Dollars More | Ennio Morricone | 1965.
Atentos a esto que cuenta Alsina sobre Trump.
Se libró de la guerra de Vietnam alegando un espolón en el pie.
No era así.
Abascal no hizo la mili.
No suele fallar.
Vamos a la guerra pero vas tú, yo no.
Uno de los grandes problemas de tener un pensamiento mítico, prefabricado y esquemático sobre el funcionamiento del mundo es que la realidad, tozuda, siempre acaba metiendo un puñetazo en la boca del estómago.
El que suscribe, desde la humildad de su insignificancia, lleva años repitiendo que el capitalismo no es solo un sistema económico, sino un puto dinosaurio termodinámico-cognitivo-criminógeno.
Y lo que estamos viendo desde el 28 de febrero en Asia Occidental no es más que la confirmación, a cámara un poco más rápida de lo habitual, de que el bicho tiene un grave problema de termorregulación y, sobre todo, de que sus jinetes siguen sin entender que el mundo ya no es su cortijo.
El 28 de febrero, Trump y Netanyahu lanzaron su ataque coordinado contra Irán. Pero ojo, que esto no es una "aventura de dos locos". Es la enésima manifestación de una doctrina que viene de lejos: la del régimen sionista como excrecencia y perro guardián del imperio en la región, y la de Estados Unidos como el sheriff que aún cree que puede entrar a Colt limpio en cualquier sitio.
El cálculo, visto en perspectiva, es de una simpleza casi conmovedora. Se cargaron al líder supremo, al jefe del Estado Mayor y al ministro de Defensa en un primer golpe. La idea, alimentada por los plumillas de turno (esos que aún escriben informes en hebreo y los traducen al inglés sin sonrojarse), era clara:
"decapitación = colapso = nueva administración títere = petróleo gratis y Delcymeniyad en Teherán". Y amenazar a los chiitas con más martirios: un plan sin fisuras.
La fantasía del cambio de régimen exprés, esa enfermedad infantil del imperialismo. Como si la estructura social y militar de un país de 90 millones de habitantes con una revolución a sus espaldas y cuatro décadas de resistencia frente a sanciones y demás fuera un consejo de administración al que se le cambia el CEO y listo.
Pero aquí hubo un pequeño problema, uno que los que hemos leído un poco de historia (o tenemos el sentido común que Dios le dio a los cerdos) podríamos haber anticipado: el régimen iraní llevaba décadas preparándose para esto. No es Corea del Norte, pero saben que el imperio y su perrito sionista no descansan.
Tenían activado un protocolo de defensa descentralizada, otorgando autonomía operativa a unidades locales. El monstruo no tenía una sola cabeza, era una hidra. Y cuando le cortas una, las otras se vuelven más impredecibles. Y más cabreadas.
Y entonces pasó lo que nadie esperaba. Irán no respondió con un ataque masivo y concentrado que pudiera ser filmado para la CNN y mostrado como un gran triunfo de la defensa antimisiles.
Irán activó lo que llevaban años construyendo: el Eje de la Resistencia* No es una estructura formal, no es una OTAN paralela. Es algo más parecido a lo que los teóricos de sistemas llaman una "red distribuida": Hezbolá en el Líbano, las milicias chiíes en Irak y Siria, los hutíes en Yemen. Gente que no tiene portaaviones, pero tiene tiempo, tiene paciencia y, sobre todo, tiene mucha motivación y mal yogur.
Lo que hemos visto desde entonces es lo que los analistas del Financial Times (esos que aún no entienden que su mundo se desmorona) llaman una "llovizna" constante de ataques. Drones lanzados desde Yemen contra instalaciones saudíes. Cohetes desde Líbano contra posiciones israelíes en el Golán. Sabotajes en infraestructuras petroleras de Emiratos. Nada espectacular por separado, pero todo junto... una hemorragia.
Es aquí donde conviene recordar a un señor llamado Mao Tse-Tung y su conferencia "Sobre la guerra prolongada" de 1938. Una fuerza que es inferior en el plano material inmediato no puede permitirse el lujo de una batalla campal. Su única posibilidad es convertir la duración del conflicto en una ventaja estratégica. Se trata de saturar, desgastar, y obligar al enemigo a sostener un costo económico y logístico que le resulte insoportable.
Y funciona. Porque Estados Unidos e Israel tienen los mejores misiles del mundo. Los Patriot, los THAAD, las flechas de David. Cada uno cuesta varios millones de dólares. Al otro lado, los hutíes lanzan drones Shahed que valen unos 20.000 pavos, fabricados en Irán con tecnología que, curiosamente, usa componentes made in USA comprados en el mercado abierto. La cuenta de la vieja es sencilla: es como intentar parar una invasión de bicicletas lanzando Ferraris contra ellas.
Los generales de Trump ya han ido al Congreso a decir con la boca pequeña que igual no pueden derribarlo todo. Que el coste es insostenible. Que los arsenales se vacían. Y mientras tanto, los países del Golfo, esos que albergan bases americanas y se creían a salvo bajo el paraguas yanqui, esos que han normalizado relaciones con el régimen sionista como si eso les fuera a proteger, empiezan a ver cómo sus reservas de interceptores se agotan y cómo sus refinerías (la más grande del mundo en Arabia Saudí, la mayor planta de GNL en Catar) arden o cierran.
El mensaje de Irán a sus vecinos es claro y meridiano: "Estados Unidos no puede defenderos a todos a la vez. Nosotros, sí podemos putearos a todos a la vez. Y vuestra sumisión a Washington y vuestro abrazo a Tel Aviv no os va a salvar. Al revés: os convierte en objetivo".
Y luego está el asunto del estrecho. Ese pequeño charco por el que pasa el 20% del petróleo y el 25% del gas natural licuado del mundo. El 30% de los fertilizantes. El 90% de las exportaciones de los petroestados.
Irán, en un alarde de lo que los economistas llaman "coerción asimétrica" y el resto de los mortales "jugar sucio con lo que tienes", lo ha cerrado. No pasará ni un litro mientras dure la agresión. Y lo ha hecho además con un cálculo fino: no con una gran batalla naval (que perderían), sino con minas, con ataques a petroleros, con la amenaza constante. Suficiente para disparar las primas de seguro hasta el infinito y hacer que los armadores digan "no, gracias".
Aquí es donde el cuento deja de ser un culebrón geopolítico para convertirse en un problema de bolsillo para medio planeta. El precio del petróleo se disparó de 60 a rozar los 120 dólares en días, en la mayor subida registrada en un solo día hasta la fecha. El gas en Europa se ha ido por encima de los 60 euros, duplicándose.
Y esto no es solo llenar el depósito del coche. Esto es la cadena alimenticia. El 30% de los fertilizantes del mundo (urea, amoníaco, azufre) pasan por Ormuz. Si no hay fertilizantes, no hay cosechas. Si no hay cosechas, no hay comida. Y si no hay comida, los países pobres (esos de los que nadie se acuerda hasta que sus habitantes intentan saltar las vallas de Melilla) se convierten en ollas a presión a punto de estallar. Mientras que en los países ricos la inflación se dispara y los bancos centrales se ven atrapados en la misma disyuntiva de la década de 1970: ¿subo tipos para contener la inflación o los bajo para no hundir la economía?
El dilema de los bancos centrales es digno de estudio. La inflación subyacente no da tregua, y ahora llega este shock de oferta. Sus mentes, como dice un economista del MIT, vuelan a los años 70, cuando sus predecesores confundieron un shock temporal con una nueva normalidad y la cagaron pero bien. La diferencia es que entonces el imperio tenía margen de maniobra. Ahora, con una deuda pública del 120% en EEUU, del 100% en Europa, y con China esperando en la sala de al lado, el margen es cero.
Y en medio de este despiporre, tenemos al presidente de Estados Unidos haciendo lo que mejor se le da: generar ruido blanco. En un lapso de 48 horas hemos pasado de "rendición incondicional" a "la guerra es una excursión de corto plazo", de "no habrá tropas terrestres" a "no se descarta", de "todo va según el plan" a "ya hemos ganado, pero no lo suficiente" o “como sigáis cerrando el estrecho os nukearemos”.
Es el "bucle virtuoso del ridículo" al que me referí en otro hilo mío. Los plumillas de los think tanks sacan sesudos informes sobre la "reconfiguración del tablero geopolítico" (frase que siempre usan cuando no tienen ni puta idea de lo que va a pasar), y al minuto siguiente, Trump suelta en Truth Social que "tiene un plan para todo" y que "estaremos muy contentos".
Su frenesí telefónico para calmar a los mercados demuestra una cosa: le importan tres cojones el futuro de Irán, de Palestina, de la región o del orden internacional. Lo que le preocupa es que el precio de la gasolina en Estados Unidos (que ya ha subido a 3,48 dólares el galón) le reviente las elecciones de medio mandato. Es la pura lógica del capitalismo de casino: cuando la ficha es el bienestar de millones y la estabilidad global, y la ruleta deja de girar a tu favor, el pánico se apodera del croupier.
El 59% de los estadounidenses ya está en contra de la guerra. No porque sean particularmente pacifistas o solidarios con las víctimas iraníes (que también las hay, y muchas), sino porque la guerra afecta a su economía doméstica. Y eso, en la cabeza de un político, es la única métrica que realmente importa. La vida de un niño en Teherán no cotiza en bolsa. El precio del "galón", como dicen ellos con su estúpido sistema métrico, sí.
Y luego está el otro actor, el que empuja desde la sombra pero siempre con la misma cantinela. El régimen de Tel Aviv ha visto en esta guerra la oportunidad soñada: que el imperio haga el trabajo sucio mientras ellos siguen con su limpieza étnica en Cisjordania y su bloqueo criminal sobre Gaza.
Pero resulta que la hidra responde, y los misiles de Hezbolá han empezado a caer en Haifa. Los colonos del norte llevan una semana en los refugios. Las pérdidas económicas en el "start-up nation" (ese eufemismo para designar una economía de ocupación) empiezan a ser significativas. Y Netanyahu, el "Mago" de la seguridad, se encuentra con que sus votantes le preguntan: "Si esto era tan buena idea, ¿por qué nos están cayendo misiles a nosotros?".
Es la paradoja del colono: quieres toda la seguridad, toda la tierra, toda la impunidad. Pero cuando el colonizado aprende a pegar, el colono descubre que sus líneas de suministro son vulnerables, que su economía es frágil, que su población civil no está tan dispuesta a sacrificarse por el sueño sionista cuando los cohetes silban de verdad.
Lo más divertido (si se puede llamar así a algo tan trágico) es ver a los mismos plumillas que hace una semana justificaban el ataque preventivo como "legítima defensa" retorciéndose ahora para explicar por qué la respuesta iraní es "terrorismo". Es el esperpento de siempre: la violencia del imperio es "cirugía de precisión"; la violencia del que resiste es "barbarie".
Los analistas de CNN y del Financial Times se entretienen dibujando tres escenarios: el base (un Irán contenido como Irak en los 90), el malo (Trump se asusta, declara victoria prematura y deja un Irán reconstituido y más cabreado), y el bueno (el pueblo iraní se levanta contra el régimen).
El mejor escenario para ellos, el del levantamiento popular, tiene todas las papeletas para ser el menos probable. Sin una oposición organizada y armada en el terreno pretender que las bombas americanas e israelíes van a traer la democracia liberal es la misma alucinación que llevamos décadas viendo repetirse una y otra vez. Es el síndrome de la "liberación": los liberan a bombazos y luego se preguntan por qué los liberados no les ponen una alfombra de flores.
El escenario más probable, el de la contención, significa aceptar que la guerra no va a tener un final feliz para el imperio. Va a tener un final cansado. Habrá un alto el fuego temporal, impulsado por el miedo de Trump a los precios del petróleo y por el miedo de Netanyahu a que su país se convierta en un campo de batalla permanente. Irán, herido pero con el cuchillo entre los dientes, saldrá fortalecido en su narrativa de resistencia. Los países del Golfo, los que han apostado por la normalización con Israel, habrán aprendido una lección dolorosa: el imperio no te protege cuando el fuego aprieta. Y el Eje de la Resistencia, esa red de actores no estatales que los estrategas occidentales llevan años subestimando, habrá demostrado que puede desangrar a Goliat con hondas de 20.000 dólares.
El mundo, con una lección aprendida (de nuevo) sobre su vulnerabilidad energética, prometerá (de nuevo) que esto no volverá a pasar, mientras sigue quemando gas como si no hubiera un mañana. Y los palestinos, los grandes olvidados de esta función, seguirán esperando. Como siempre.
La lección de todo esto, por si alguien aún no se había dado cuenta, es que el sistema basado en la energía fósil barata, en la garantía de que los estrechos estarán siempre abiertos, y en la impunidad del régimen sionista, es un castillo de naipes. El capitalismo financiarizado, con su horizonte temporal de tres minutos y su adicción al riesgo, ha chocado de frente con la geología, la geopolítica y, sobre todo, con la voluntad de resistencia de pueblos a los que se les ha dicho durante décadas que no tenían nada que hacer.
Irán no puede ganar la guerra en el sentido convencional. No va a desfilar por Jerusalén. Pero Estados Unidos e Israel, a estas alturas, tampoco pueden ganar. Solo pueden perder de diferentes maneras. Y en medio, la economía mundial, esa inmensa máquina de crear valor y destruirlo, se lleva el marrón. Los bancos centrales, los inversores, los agricultores de Pakistán, los transportistas alemanes, los exportadores de arroz de la India, los refugiados que ya no podrán huir porque el viaje es más caro... todos pagando el pato de una aventura iniciada por la hybris de un imperio en declive y su perrito guardián sionista.
La próxima vez que alguien os hable de la "racionalidad de los mercados" o de la "superioridad estratégica de occidente", o de la "necesidad de contener a Irán", recordad este mes de marzo de 2026. Recordad los drones de 20.000 pavos vaciando los silos de misiles de 4 millones. Recordad a Trump llamando a periodistas para ver si así bajaba la gasolina. Recordad a Netanyahu en el búnker mientras los cohetes caen sobre Tel Aviv. Recordad el estrecho de Ormuz convertido en un cuello de botella global. Recordad a los jeques del Golfo preguntándose si su alianza con Washington y su abrazo a Tel Aviv merecían la pena.
El dinosaurio sigue ahí. Pero tiene fiebre, y nosotros, los que vivimos en sus entrañas, empezamos a notar los temblores. La diferencia es que esta vez, el dinosaurio no sabe muy bien qué le duele. Y los que le pinchan desde fuera, esos a los que llaman terroristas o desestabilizadores, han aprendido que no hace falta matar al dinosaurio. Basta con hacerle correr. Porque un dinosaurio corriendo es un dinosaurio que tropieza. Y cuando tropieza, el mundo tiembla.
Si alguien se pregunta por qué no he mencionado a China o Rusia en este "análisis", es sencillo: no hace falta. Están ahí, mirando, vendiendo petróleo, firmando acuerdos, llenando el vacío que el imperio va dejando. Pero esa es otra historia, y necesitaría otro hilo. Por ahora, con el incendio en Ormuz tenemos bastante.
"Cuando haces daño a gente con buen corazón, es posible que no notes una reacción inmediata. No levantarán el tono, no te acusarán y no crearán escenas. Llevarán su dolor en silencio, continuando siendo cálidos y compasivos, tal como los conocías.
Pero en el fondo de sus corazones algo cambia.
Están empezando a alejarse, no por venganza, sino por una clara aceptación de la realidad.
Poco a poco crean su distancia, dejándose sin despedidas dramáticas, sin mirar atrás.
Estas son las personas que confiaron en ti completamente y te valoraron sinceramente.
Cuando su confianza es traicionada, no se desmorona de repente, sino que gradualmente se extingue, dejándolos sin otra opción que proteger su paz interior. Seguirán siendo amables y compasivos, pero nunca te mirarán con los mismos ojos.
La pérdida de un alma buena es una pérdida irreversible.
Aprécialos mientras estén allí, porque una vez que se hayan ido, no van a volver."
Descubierto en 1922, el magnífico trono de oro del faraón Tutankhamón se mantiene como una ilustración principal de la artesanía del antiguo egipcio. Hecho de madera y adornado con oro, presenta intrincadas incrustaciones de piedras semipreciosas y vidrio de colores, reflejando la opulencia de la dinastía 18 de Egipto. El elaborado respaldo representa a Tutankhamón junto a su reina, Ankhesenamun, iluminado por los rayos divinos del disco sol de Aten, simbolizando su autoridad real y salvaguardia. Actualmente reside en el Museo Egipcio de El Cairo, este artefacto notablemente preservado sigue encantando al público de todo el mundo con su impresionante arte y profunda relevancia histórica.
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