Tengo el corazón por lo menos un pie más cerca de la cabeza que el resto de los hombres, de ahí mi enorme equidad: las decisiones pueden ratificarse aún tibias.
No creo a todos los que me dicen que les gusta Homero, y menos a los estudiantes de griego, que demuestran muy poco entendimiento en otras cosas como para creerles.
¿Por qué hay tantos que no leen a Homero? Quizá como buenos cristianos, porque es el padre de las mentiras. Aristóteles dice en la Poética, cap. 24: lo que mejor enseña Homero es que también los otros mienten cuando es preciso.
Ahora que en Alemania las madres amamantan ellas mismas a sus hijos, han cesado las confusiones de niños y se ha terminado una fuente para la invención que ningún dinero puede pagar.
Mucho antes de la invención del purgatorio era ya habitual rezar por los difuntos. Yo creo que el amor por mi madre me hizo a mí también rezar por ella.
Quizá un perro antes de dormir tiene ideas dignas de un filósofo. Pero no le sirven de nada, y son entonces borradas por sus muy útiles herramientas sensoriales.