— a Dios le doy bastante igual, créeme.
Tenía que reírse de sus desgracias, claro que sí.
Parpadea con un gesto perezoso, pero afilado cual zorro.
— Pero una copa no la rechazaré, que volver de mi retiro me hizo aún más perezoso.
— Recuerda contener tu fuerza, las necesito parcialmente "vivas" para absorberlas.
Comentó como si aquel dato no fuera sabido de memoria por su pareja.
Invoca su ya famosa mantaraya y palmea a un lado para que se suba Satoru.
— ¡ claro que quiero !
emocionado, con la sonrisa luciendo de par en par. la mera idea de 'ensuciarse las manos' en compañía de su pareja siempre le alegraban el día.