Que no se equivoquen, Abelardo no ganó porque fuese un gran candidato, un político envidiable o un intelectual con propuestas viables, ganó el voto castigo, el voto odio, el voto segregación. El voto de ese ciudadano que única y exclusivamente vela por los intereses individuales.
Si algo le pido a la vida es dominar el arte de decir que no. Y decirlo siempre con respeto: no puedo, no quiero, no sé, en este momento no estoy disponible, no me hace feliz. Y hacerlo sin culpa, sin miedo, cerrando los ojos y durmiendo en paz.
Usted puede saber excel, inglés, programar, culiar, coquetear, facturar, barrer, trapear, dormir, cocinar, pero si no sabe hacerse el bobo no está preparado para la vida.
Seríamos más pacientes y amables con la gente y seríamos menos heridos si recordásemos regularmente que todos tenemos fallas profundas en el corazón.
—Tim Keller