@CercaniasMadrid, qué tal si pedís mensajes de megafonía con sentido. "Este tren se encuentra detenido. Se espera que reanude la marcha en breves momentos".¿De verdad,ni siquiera el motivo? Si no nos lo dicen, no nos damos cuenta de que estamos parados a la entrada de Villaverde.
@CercaniasMadrid Osea que de 3 líneas afectadas, sólo una está recuperando la frecuencia. Al resto nos sigue tocando esperar, ¿no?
Y a quién hago caso, ¿a vosotros que decís que está ya solucionado o a la megafonía, que sigue diciendo que hay avería y recomendando transporte alternativo?
@CercaniasMadrid No se os cae la cara de vergüenza de mentir descaradamente en los horarios? El tren de las 7:45 de Aranjuez tarda más de hora y 20 min. en llegar a Sol.Todo ese tiempo sin una palabra que explique por qué hemos estado parados a la entrada de Atocha o en el túnel.
¿No sería más fácil reconocer, después de años de promesas, que para tener la estación lista en ese plazo surrealista necesitáis darle ahira una vuelta completa a la infraestructura de la línea a toda prisa, y no podéis prestar el servicio con los horarios que vendéis?
@CercaniasMadrid ¿No se os cae la cara de vergüenza? Avería, según vosotros, entre Villaverde y Aranjuez. Os cepilláis el tren de las 22:00, no sale ninguno hasta las 22:35. Ahora una "parada técnica" de 10 o 15 min. en San Cristóbal, lo malo es que ya van 2 mensajes iguales.
Una hora y media para un recorrido que según la web dura 50 min. Cosas de las "paradas técnicas" por averías de entre 10 y 15 min. No sé por qué me da que cuando se inaugure La Tenería a marchas forzadas en verano se acabarán estas "averías" tan especiales.
@CercaniasMadrid hoy tampoco hay incidencias, ¿verdad? Que los trenes de las 6:21, 6:37 y 6:51 no hayan salido o hayan salido con mucho retraso y no hayáis dicho una palabra se debe a que ...
@CercaniasMadrid el tren de las 8:01 de hoy de la C3 no ha salido, por supuesto sin justificación alguna. El siguiente ha salido a las 8:12 y aún estamos llegando a Atocha. Sabemos en la red "no presenta incidencias", pero al menos podríais poner alguna excusa de vez en cuando.
@CercaniasMadrid@missibanezz Lo siento @CercaniasMadrid, pero creo que a ese 4 le faltan cifras. En los 15 min. que han pasado desde vuestra respuesta han pasado 2 trenes hacia Chamartín, ninguno a Aranjuez, y el tren en el que veníamos sigue estacionado en el andén 2.
En 2013, Inditex obtuvo unos beneficios netos de 5.866 millones de euros.
El 24 de abril de ese mismo 2013, el edificio Rana Plaza, en Bangladés, colapsó. Murieron más de 1.100 personas entre escombros, maquinaria industrial y montones de ropa recién cosida con etiquetas de Benetton, Mango, Primark, y sí, también Zara.
Hubo una mujer que sobrevivió diecisiete días bajo los escombros del Rana Plaza. Se llamaba Reshma Begum. Tenía diecinueve años, trabajaba en una de las plantas superiores y, cuando el edificio se vino abajo, su mundo se redujo a un triángulo de aire del tamaño de una bañera rota. No era una burbuja de rescate, ni una cámara especialmente favorable. Era, más bien, una casualidad espacial: una grieta en el caos. Un error que, por una vez, fue milagroso.
Diecisiete días. Cuatrocientas ocho horas. Veinticuatro mil cuatrocientos ochenta minutos. No en una celda, no en un refugio. En un hueco oscuro, aplastado, cargado de polvo de cemento, cadáveres en descomposición, hambre, calor, alucinación.
Reshma, según contaría más tarde, sobrevivió porque encontró algo de agua. Probablemente de una cañería rota. También comió algo. Galletas y arroz seco del desayuno que había comprado de camino porque llegaba tarde al trabajo —una casualidad providencial—. Cuando se le acabó, comió de lo que encontró en las mochilas de sus compañeros muertos. Comió junto a los muertos. Bebió sobre los muertos. No hay palabra elegante para describir eso. No hay metáfora que lo suavice sin traicionarlo.
Los rescatistas la encontraron al oír un sonido. Un golpeteo. Un gesto. Una afirmación del cuerpo: sigo aquí. A veces me pregunto si las prendas que llevaban los rescatistas —chalecos reflectantes, camisetas mojadas de sudor y polvo, guantes de trabajo— habían sido fabricadas en ese mismo país. Si levantaban un brazo para apartar cascotes usando un guante que la propia Reshma había cosido por 30 céntimos la hora.
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Esto es un extracto de "Catedral de escombros". En este libro intento decir que las catástrofes no son números, no son datos; son personas. Personas.
Y sí, es un libro sobre la DANA, un libro en el que todas las palabras reflexionan sobre la DANA, sobre lo que pasó hace casi un año.
Hace tiempo leí esta frase y nunca recuerdo quién la escribió, pero me parece esencial para entender el ecosistema de las RRSS:
"Todos nos convertimos en lo que nos aplauden, así que hay que tener cuidado de en qué queremos que nos aplaudan".
«Me paece a mí que a ti no te ha entrao eso del turismo. ¿Qué te crees tú, que, cuando cambien las cosas en el pueblo, el café va a seguir valiendo seis reales como ahora? Je, je. Se pone la mitad y se cobran tres duros».
Unas cositas sobre este tuit racista e ignorante a partes iguales: la escritura aparece simultáneamente en Europa y África subsahariana: en torno al siglo VIII a.C.->
¿Os habéis fijado en que los adultos elegimos el arriba y el abajo de la cama de forma totalmente arbitraria?
Lo decidimos casi desde el día que la estrenamos. El lado más pegado a la pared. Lo hacemos sin pensarlo demasiado, como tantas otras cosas que se convierten en costumbre antes de tener tiempo de preguntarnos por qué.
No hay una explicación lógica o funcional estricta para esa elección —no resguarda del frío, no mejora la postura—, pero aun así, la defendemos con el fervor de quien guarda su sitio en el sofá familiar. Es más una cuestión de psicología de la percepción. Una forma de sentir que algo nos protege por un lado, que hay un borde firme que nos contiene mientras dormimos. Un muro. Un límite claro para el cuerpo y, de algún modo, para los miedos.
En cambio, cuando mi hijo duerme en la cama, para él no existe ese “arriba” ni “abajo”. No hay lado privilegiado ni muro protector. Se mueve en todas direcciones como si la cama no tuviera fronteras ni convenciones. Como un astronauta en gravedad cero, explorando cada rincón, colonizando el espacio con el cuerpo entero. A veces parece que hace maniobras orbitales, con giros y trayectorias imposibles dignas de la NASA infantil. Lo veo dormir atravesado, en diagonal, boca abajo con los pies donde debería ir la almohada y la cabeza declarando independencia en la otra punta.
Y a mí me mola. Me mola mucho que su mundo no tenga todavía esos lados fijos ni esos bordes diplomáticos. Que pueda girar, rodar y ocupar todo el espacio como si pagara un alquiler de lujo en sueños.
Porque sí, algún día aprenderá dónde están las líneas —todos las aprendemos, queramos o no— pero ojalá nunca pierda del todo las ganas de hacerse el despistado y cruzarlas de vez en cuando.