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———¿Preciosa?
Se miró los ropajes que llevaba, literalmente se había puesto lo primero que enxontró. Falda, top y sus botas.
———Bueno, te agradezco, bonito. ¿Cómo te llamas?
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Las katanas fueron forjadas por mi cuando tenía... ¿diez años? Sí, pues cada maestro debe forjar su arma teniendo en cuenta los materiales que le representan, qué tipo de hoja necesita para sus habilidades y estilo, y así. Y en casa tengo la kusanagi, ¿la conoces?
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———Bueno, sí matarían por eso, eso es seguro, pero meh. Aunque sí las amo bastante, pues son mis bebés. Y sí, llenas de historia.
Sin previo aviso tomó una de las manos ajenas para sentarlo en un banco, ella de pie frente a él mientras aún tenía las katanas en mano.>
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———Las armas de fuego son muy viejas, como se ve en su diseño. Fueron materializadas por mi ángel Zafkiel y hechas única y exclusivamente para usar su poder, por eso las balas especiales. Ellas simbolizan las manecillas de un reloj. >
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Orbes cambiaron a violáceos cuando su sagnre fue lamida, y no pudo evitar esbozar una divertida sonrisa. La desesperación le parecía linda.
———Para tu deleite.
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Rápido ojos cayeron, tomando la mano lo más rápido posible y lamiendo esta, por desesperado. Que no se note que le hacía falta.
——— De las mejores.
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———Son una misma, como si hubiesen sido partidas a la mitad, pero se usan de forma distinta. No me envidies, por favor, no es gran cosa. Sólo soy portadora de muuchas armas blancas y un par de fuego.
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———No sólo para las almas, pero me ayudan a crear una neblina que consume toda alma que quede dentro de ella, ¡es genial! ¿No? Cada bala tiene un próposito.
Las katanas en sus manos eran un conjunto, si las unías eran idénticas, y separadas lucían distintas. >
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