No eres difícil. Eres incómoda para lo mediocre.
No te rompieron. Te despertaron.
No estás vacía. Estás haciendo espacio.
No eres débil. Estás en proceso.
No estás tarde. Estás llegando distinta.
Todo se resumen en quien llamas cuando sales del médico, cuando terminas ese examen, cuando te pasa algo bueno, cuando te ocurre una anécdota divertida o cuando necesitas hablar.
Si no aprendes a calmarte, cualquier palabra te desestabiliza. Si no aprendes a valorarte, cualquier rechazo te destruye. Si no aprendes a priorizarte, cualquier persona te manipula. Al final no se trata de los demás, se trata solo de ti.