⚽️ FIFA WORLD CUP 2026 🇺🇸🇲🇽🇨🇦
Con motivo del cumpleaños de Messi, habiéndose cumplido 40 años de “la mano de Dios” y con tantos argentinos afuera de los estadios de la copa del mundo, escribí una pequeña reflexión.
Seguramente, no sea levantada, ni siquiera escuchada, pero merece que cada uno que la está viviendo que la haga suya.
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Hay una imagen que este Mundial va a dejar para siempre.
No está adentro de un estadio.
Está afuera.
Son miles de argentinos caminando despacito alrededor de las canchas de Estados Unidos, México y Canadá. Con la camiseta puesta. Cantando igual. Escuchando el partido desde afuera porque entrar ya no depende de cuánto soñaste ese viaje, sino de cuánto dinero pudiste pagar.
Esa imagen duele más que cualquier derrota.
Porque esos que caminan afuera no son turistas.
Son los que hicieron grande a la Selección.
Son los que cruzaron fronteras durante décadas cuando nadie regalaba nada. Los que siguieron a Argentina perdiendo, empatando y ganando. Los que llenaron Brasil. Los que coparon Qatar. Los que hicieron que el mundo entero aprendiera que una tribuna también juega.
Y hoy, en el Mundial de 2026, son ellos los que se quedan afuera.
No por falta de pasión.
Por exceso de negocio.
Porque alguien decidió que el hincha argentino dejó de ser el corazón del espectáculo para convertirse en un estorbo del espectáculo.
Y entonces la tribuna cambia.
Se llena de gente.
Pero se vacía de argentinos.
Se llena de teléfonos.
Pero se vacía de canciones.
Se llena de espectadores.
Pero se vacía de hinchas.
Nos robaron algo mucho más grande que una entrada.
Nos robaron el derecho a ocupar el lugar que siempre fue nuestro.
La popular nunca fue un asiento barato.
La popular era el lugar donde el fútbol seguía perteneciendo al pueblo.
Y cuando al pueblo le sacan la popular, no le están quitando un ticket.
Le están quitando su identidad.
Después discutiremos si Messi es el mejor de la historia.
Y probablemente lo sea.
Pero hay una omisión enorme de la que nadie quiere hablar.
Mientras miles de argentinos quedaron caminando afuera de los estadios en esta Copa del Mundo, nadie defendió a esos hinchas.
Y ahí aparece Diego.
No para competir con Lionel.
Qué pequeña sería esa discusión.
Diego aparece porque uno sabe de qué lado hubiera estado.
No hacía falta preguntárselo.
Si veía argentinos cantando afuera mientras adentro la fiesta se convertía en un evento para turistas, para influencers y para quienes buscan una foto más que un recuerdo, se plantaba.
Contra la FIFA.
Contra quien hiciera falta.
Como tantas veces.
Porque Maradona entendía algo que hoy parece olvidado.
Que la Selección no empieza cuando rueda la pelota.
Empieza mucho antes.
Empieza en ese pibe que trabaja un año entero para comprar una popular.
Empieza en el que vende el auto para seguir a Argentina.
Empieza en el que cruza un océano para cantar noventa minutos.
Diego era pueblo siendo Dios.
Por eso lo seguimos queriendo como lo queremos.
Porque defendía al argentino también cuando no había un partido que jugar.
Y hay otro silencio que duele.
El de quienes nos representan institucionalmente.
Porque mientras miles de argentinos quedaron afuera en esta Copa del Mundo, eligieron callar.
Y cuando los representantes callan, el negocio siempre habla más fuerte.
De esto también hay que hablar.
Porque el día que la hinchada argentina tenga que mirar a la Selección desde la vereda, el fútbol habrá perdido mucho más que sus mejores tribunas.
Habrá perdido su alma.
@Phatill This is basically what happens every Sunday at stadiums in Argentina: police check your ID before you go in. If you’re listed in a public child-support debtors registry, based on court information, they won’t let you enter. It applies to football matches and other mass events.
@AriaaJaeger In Argentina, police check everyone’s ID before entering football stadiums, or massive events. Child-support debtors can be listed in official registries, and that status can block them from entering. It’s basically child-support enforcement through stadium access controls.
@ivannoble Leíste Maniac de Labaut?. Te va a gustar mucho. Es la vida de Von Neumann. Trata de la preocupación de los científicos sobre el conocimiento y el futuro y cómo a muchos los lleva a la depresión y locura. Y viceversa, como la locura te lleva al conocimiento y depresión.