Llegamos al calabozo del Amo excitados, ansiosos y nerviosos… no importa qué tan bien conozcamos al Amo siempre hay nervios, algo de miedo y muchas ganas de servir. Ansiamos sentir sus manos y recibir su disciplina… que nos use y se divierta… que nos someta…
Nada es nuestro, todo lo que somos y tenemos le pertenece a nuestro Amo: nuestro cuerpo, nuestros pensamientos, incluso nuestro placer y nuestro dolor son suyos