Pocos momentos me golpean el alma tan fuerte como este diálogo:
Eres mi puerto seguro en un mar infinito y tempestuoso.
Sobretodo porque yo dije algo similar antes de leerlo
...es una criatura salvaje —expliqué—. Como una cierva o una tormenta de verano. Si una tormenta derribara tu casa, o derribara un árbol, no dirías que la tormenta era mala. Era cruel. Actuó conforme a su naturaleza y, desgraciadamente, produjo daños.
“No me importa que tengas cosas mejores que hacer. Me conformo con tenerte a veces. De vez en cuando. Sé que puedo considerarme afortunada por eso, por tenerte aunque solo sea un poco.”