#SabadoDeMaría#InmaculadoCorazónDeMaría
"Os ruego por Mi Madre, amadla pues sufre mucho por vuestros pastores; rezad por sus intenciones, pues el mundo se salvará a través de Su Inmaculado Corazón, el Corazón que sólo amó a Dios"
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El futuro de la Iglesia católica no está en su «mundanización», sino en el despliegue de toda su sacralidad. Desde la Sagrada Familia, se logró que la tierra entera temblase, las voces enmudeciesen de estupor y los corazones de todo el mundo quedasen profundamente conmovidos.
"Speak to Me, children, in your prayer, in your silence and listen to My voice in your heart that tells you: I love you, I love you; come with Me to Paradise, let My Salvation come into your life as the greatest Treasure."
JESUS
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Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.
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Imagen: obra del pintor valenciano Vicente López Portaña. Se encuentra en el museo diocesano de arte sacro de Orihuela.
Me quedo con estas primeras palabras del papa León XIV, recordando la «esencia católica» de España, que brota del Evangelio y de la fuerza de Pentecostés.
En efecto, como decía don Marcelino Menéndez Pelayo, «ésta es nuestra grandeza y nuestra unidad: no tenemos otra».
PÍO XII Y EL TERCER SECRETO DE FÁTIMA
El «primer secreto» de Fátima es una visión del infierno. El «segundo secreto» es el mensaje de la Virgen que explica esta visión, prometiendo que su Inmaculado Corazón triunfará.
El «tercer secreto» no podía ser revelado hasta 1960, por orden de la Virgen, porque, en este año, se entendería el alcance del significado. Sin embargo, cuando, en el año 2000, se publicó dicho secreto, muchos no quedamos satisfechos. Se reveló una visión terrible de carácter apocalíptico, cierto, en la que el papa (el obispo vestido de blanco) muere asesinado, juntamente con muchos obispos, sacerdotes, religiosos y seglares. Ahora bien, esto es sólo una «visión», no un «mensaje». Al respecto, resulta curioso que la segunda visión (tercer secreto) no tenga un mensaje explicativo por parte de la Virgen. En cambio, existe un mensaje explicativo (segundo secreto) a la primera visión (primer secreto), la cual es mucho más sencilla de entender que la visión del tercer secreto. Así, pues, nos preguntamos por qué razón la Virgen explicaría la sencilla primera visión, pero quedaría callada ante la segunda.
Por otro lado, ¿por qué esta visión debía revelarse en el año 1960? Recordemos que, en este año, el papa Juan XXIII anunció la convocatoria del Concilio Vaticano II (1962-1965), el cual fue aprovechado por muchos «innovadores» para introducir, en la Iglesia, el «espíritu revolucionario». Por lo tanto, somos muchos los que sospechamos que, así como Juan XXIII no quiso publicar el «tercer secreto» en 1960, pese a las indicaciones de la Virgen, en el año 2000 se habría optado por publicar únicamente la primera parte del mismo, correspondiente a la segunda visión, pero no a un posible segundo mensaje que explicaría dicha visión, o sea, lo que podríamos llamar el «cuarto secreto».
Todo esto es algo hipotético, pero que no podemos descartar, debido a su gran verosimilitud. No obstante, debemos preguntarnos por qué se habría censurado el susodicho mensaje, en el caso de que existiera. Algunos creemos que esto tiene que ver con el año 1960 y la nueva época que se inició con el Concilio Vaticano II. Parecería, pues, que el segundo mensaje (cuarto secreto) de la Virgen contrastaría con la «primavera» posconciliar. Entre los muchos indicios existentes, hay, en 1931, unas sorprendentes declaraciones del cardenal Eugenio Pacelli, Secretario de Estado del Vaticano y futuro papa Pío XII, el mismo que, en 1950, presenció el «milagro del sol» en los jardines vaticanos.
En concreto, llama poderosamente la atención que el cardenal Pacelli, en estas declaraciones privadas de 1931, hable de «mensajes», en plural, y no de un solo «mensaje». También se refiere a muchas cuestiones (fe, liturgia, teología, innovadores) que no corresponden a la segunda visión, o sea, a la primera parte del tercer secreto. Si el cardenal Pacelli o Pío XII no mintió, debería haber un mensaje que tratara de dichas cuestiones. He aquí dichas declaraciones del venerable Pío XII; juzguen ustedes mismos:
«Me preocupan los mensajes de la Santísima Virgen a la pequeña Lucía de Fátima. Esa persistencia de María sobre los peligros que amenazan a la Iglesia es un aviso del Cielo contra el suicidio que significa alterar la fe, en su liturgia, en su teología y en su alma. Oigo a mi alrededor innovadores que desean desmantelar el Santuario, apagar la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos y hacer que sienta remordimientos por su pasado histórico».
Santa María, Virgen de Fátima, ruega por nosotros.
MALDITO MAL MENOR
Imaginemos el siguiente caso hipotético: un ejército invasor está asediando una ciudad y exige a ésta que, para salvarse, entregue a un hombre inocente para ser ejecutado. El malminorista nos diría que hay que ser «realistas», no quedando más remedio que ceder al chantaje y entregar en sacrificio a este pobre hombre.
Por el contrario, aquí los escolásticos enseñan que nunca será lícito entregar a este inocente para salvar la ciudad, ni siquiera toda la república. El homicidio de un inocente, aunque sea solo uno, siempre será un mal intrínseco y nunca un medio lícito para salvar el conjunto de la república o comunidad política. Nunca puede elegirse un mal menor moral, como es éste; sólo podría elegirse lícitamente un mal menor físico, pero esta necesaria distinción entre mal físico y mal moral frecuentemente brilla por su ausencia en las falacias malminoristas.
Al respecto, la ley abortiva llamada «ley de supuestos» no es otra cosa que esto, un mal moral. Sin embargo, los «apóstoles del malminorismo», siempre repugnantemente «posibilistas», nos quieren hacer creer sofísticamente que una ley restrictiva que permite el aborto de niños con síndrome de Down, por ejemplo, no es un «mal menor», sino un «bien posible» y, por lo tanto, un medio lícito para que, en un futuro ideal e indeterminado, se consiga la abolición total del aborto. Mientras tanto, para estos sofistas, sería lícito —aunque no se atreven a decirlo explícitamente así— sacrificar a estos niños con discapacidad para salvar a un gran número de «sanos», presentando este medio ilícito como si fuese una suerte de «reducción» o debilitamiento del «mal mayor».
Únicamente el «católico íntegro» luchará por el verdadero bien moral —no por un falso bien aparente— y no cederá ni un milímetro, como sí hace el «hombre mediocre» malminorista, ante los chantajes de los politicastros oportunistas que se presentan demagógica y cínicamente como políticos «provida».
Nosotros, porque defendemos realmente la vida del inocente, somos «proverdad» y «probien», y detestamos profundamente la elección intrínsecamente perversa del mal menor moral, al contrario que los malminoristas, que son simplemente «colaboracionistas» con el mal y, que para huir de Escila, terminan siempre cayendo en Caribdis.
Dr. Mn. Jaime Mercant Simó