Un día como hoy, hace 5 años, el Papa Francisco impartió una histórica bendición Urbi et Orbi en una Plaza de San Pedro vacía, pidiendo el fin de la pandemia, e invitó al mundo a confiar sus miedos a Cristo.
El 27 de marzo de 2020, hace 5 años, el mundo entero vio al Papa Francisco caminando solo, bajo la lluvia, ante una Plaza de San Pedro completamente vacía.
El pastor elevaba su voz al cielo, implorando al Señor por la salvación y el consuelo de su pueblo, en medio de una humanidad golpeada por la incertidumbre y el temor.
Fue un momento de profunda vulnerabilidad, pero también de esperanza, un recordatorio de que incluso en la soledad más absoluta, la fe es un faro que ilumina la oscuridad.
Cada 25 de marzo, la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de la Anunciación, el día en que Dios se hizo hombre en el seno de la Virgen María y cambió el curso de la historia para siempre. ¡Gracias por tu ‘sí’ a Dios, Santa María! #AnunciaciónDelSeñor https://t.co/yKnckKxM30
Hoy Monseñor Mario Moronta en la Santa Misa del Santo Cristo de la Grita delante del gobernador Freddy Bernal los militares y una inmensa población de peregrinos que fueron de diferentes partes a pedirle a Dios por la libertad de Venezuela...
Encomendemos Venezuela a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto. Dirijo un sentido llamamiento a todas las partes para que busquen la verdad, resuelvan las disputas mediante el diálogo y se preocupen por el verdadero bien del pueblo y no por los intereses partidistas.
He aquí un hermoso programa para el #Adviento: encontrar a Jesús que viene en cada hermano y hermana que nos necesita, y compartir con ellos lo que podamos: escucha, tiempo, ayuda concreta.
Sólo el amor apaga el odio, sólo el amor vence la injusticia. Sólo el amor deja lugar al otro. Sólo el amor es el camino para la plena comunión entre nosotros.
Hoy recordamos a una extraordinaria jovencita que en su corta vida dió ejemplo de valores cristianos. María, en su lecho de muerte, perdonó a su asesino Alessandro, quien después de pagar su condena pidió perdón a su madre y sirvió a la Iglesia como hermano lego hasta su muerte.