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Y en el primer estirón, Sunja, al alzar los brazos, sin darse cuenta, le dio un manotazo al café helado que el canadiense acababa de comprar.
Entre algún que otro «lo siento» en su lengua materna, con el acento bien marcado, se agachó para agarrar el vaso y se estiró un
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Nunca había sido un buen mentiroso. Algo en su lenguaje corporal siempre terminaba delatándolo antes de que la mentira llegara a buen puerto.
Aunque, para ser justos, no había mentido del todo.
———La falta de costumbre a tanta familia reunida. ———Directamente a la
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De detenerse a escuchar las habladurías que no se sacaban el nombre de Shinmyung de la boca, quizá el canadiense sería capaz de cerciorarse en su sospecha de la estafa. Faltaría, no obstante, la tarjeta y la propuesta.
A primera vista, Asher no parece estar falto ni de dinero,
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por el programa. El programa... Hubiese preferido cualquier otra asociación antes que esa.
Carraspeó, bajó el cigarro para golpear el extremo con el pulgar y desprender la ceniza. Asintió entonces sin mirarlo.
———Asher Kane. ———Y le daba el apellido al estafador… ¿No
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único que quedaba en… condiciones. Ceder al sueño, creía, no sería lo ideal si había recibido algún golpe fuerte en la cabeza. ———¿Estamos cerca de tu casa?
¿Acaso Hyde tenía la más mínima idea de dónde estaba desparramado?
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Había más de una coincidencia con lo ocurrido «esa vez».
Otra aparición sin aviso previo. Otro que parecía recién salido de debajo de un camión que, no conforme con arrollarlo, decidió darle una segunda pasada en reversa. Otro búho de espectador… ¿Quién?
El búho no era
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Dos ojos, dos piernas, dos brazos, la cabeza dando tumbos, el estómago revuelto y el corazón con una esquina menos que ayer — se le iba picando con el tiempo.
Pero si nos queremos quedar en lo superficial son dos ojos pero uno atascado, dos piernas débiles y dos brazos
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a la espera a que el otro la completara.
Dejó también que se refugiara en el calor de la palma, y, con la manga del traje de la zurda, le limpió suavemente la sangre de la boca y barbilla antes de acunarle el rostro entre ambas manos.
———Mantén los— el ojo abierto. ———El
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Sería pecar de prejuicioso, pero era un pensamiento sobre el canadiense que no iba del todo desencaminado.
De no haber aparecido Desconocido 1 acompañado de Desconocido 2, habría ido derecho a comprar otro mechero. La nicotina ganaba la pulseada a cualquier billete de
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La desorientación del canadiense es igual de fácil de identificar que sus ganas de irse lo más lejos posible.
—Por aquí no —rechaza—. Compensan la subida de precio haciéndote comprar un segundo.
Había visto a más de uno por la zona quejarse de productos —de lo que fuera— de »
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estafa? ¿O directamente lo asaltaban?
Él también era un (poco) prejuicioso.
Se aflojó el nudo de la corbata a la par que daba una calada.
———Una cena. ———Una que, suponía, debía ir por el postre. ———No creo que tarde mucho en volver.
No. No iba a volver.
Solo quería
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hacia atrás. Eso era real. Se sentía real: el cabello suave bajo sus dedos, la piel cálida que rozó de paso…
Basta de estupideces, ¿no?
———Haz un cuatro con las piernas. ——Y que no se perdiesen las buenas costumbres. ———¿A dónde te has ido a meter?
Para acabar así.
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¿Cuánto había bebido en la cena?
Una, dos… ¿tres? copas de champaña.
Más o menos, eso, no lo suficiente como para estar imaginando esa risa que le cosquilleó la nuca entera como si viniera de alguien parado justo detrás. Como una polilla —esta era una al borde de la
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Tanto se había perdido, ¡pero tanto, tanto!, que le encontró a él.
Bueno.
Si nos ponemos precisos, él encontró al otro primero al levantar la mirada del teléfono, pero considerando la embriaguez, el pómulo hinchado que le obstaculizaba el ojo izquierdo y la frecuencia
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allí, por allá y…
Y el mechero ajeno le rebotó en la frente para cortarle la estupidez.
Ahora frente a Hyde, flexionó las rodillas. Dos ojos, dos piernas, dos brazos… Todo estaba en orden, excepto aquel rostro que estaba hecho un cuadro. El flequillo se lo apartó
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