Statistics says Messi essi is goat
Football legends says Messi is goat
Record says Messi is goat
Trophies says Messi is goat
There was never a debate MESSI IS THE GOAT 🐐
Disfrutemos el record de goles de Messi, porque siendo sinceros y viendo la edad de Mbapé, casi seguro que se lo queda él en los próximos mundiales. Igual NADA le quita a Messi su grandeza.
Cuando vi este gráfico publicado por el FMI, sentí un enorme orgullo por la Argentina, por el Presidente Javier Milei y por el trabajo del equipo económico encabezado por el Ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo.
El gráfico permite analizar qué países están mejor preparados para enfrentar un shock externo como el derivado de la crisis en Medio Oriente o el de una suba de los precios internacionales del petróleo.
La conclusión es simple: las economías más resilientes son aquellas que combinan dos fortalezas fundamentales. Por un lado, disciplina fiscal. Por el otro, capacidad de generar divisas a través de un superávit energético.
Argentina aparece en uno de los extremos más favorables del gráfico: con superávit fiscal y superávit en su balanza comercial energética proyectados para 2026.
Hace apenas algunos años, esta imagen habría parecido imposible. Durante décadas convivimos con déficits fiscales crónicos, crisis recurrentes, endeudamiento excesivo, inflación, pérdida de reservas y dependencia energética. El resultado fue una larga secuencia de crisis que deterioró el valor de nuestras empresas, debilitó nuestra moneda, redujo las oportunidades de inversión y afectó el bienestar de millones de argentinos.
Por eso este gráfico es mucho más que un dato técnico. Refleja un cambio profundo.
Hoy vemos una economía que comienza a construir defensas genuinas frente a los shocks externos. Una economía que genera confianza en lugar de incertidumbre.
Si la Argentina hubiera sostenido durante años una posición como la que muestra este gráfico, probablemente nuestra historia económica habría sido muy diferente. Habríamos evitado muchas crisis, preservado más valor, atraído más inversiones y construido una reputación internacional mucho más sólida. Con esa posición no habríamos tenido defaults, ni hiperinflación, ni 2001. La realidad sería otra.
Habríamos protegido a los argentinos.
Al contrario de algunas consignas que suelen repetirse en el debate político argentino, esto es lo que realmente significa generar valor para un país: ordenar las cuentas públicas, producir más energía de la que se consume, exportar más, atraer inversiones y fortalecer la moneda. No hay atajos. No hay consignas que puedan reemplazar esos fundamentos.
Cuando a esta realidad se sumen más exportaciones de petróleo, gas y minerales estratégicos —con el petróleo crudo alcanzando en mayo un récord histórico de exportaciones—, junto con las inversiones comprometidas bajo el RIGI, estaremos frente a una nueva etapa para la Argentina: una economía más robusta, más integrada al mundo y con una reputación internacional acorde a su enorme potencial.
Vale la pena detenerse un momento y valorar lo que representa esta posición. Porque no habla solamente del presente.
Habla, sobre todo, del futuro que estamos construyendo.
@JMilei@LuisCaputoAR@KGeorgieva@ARGinUSA
https://t.co/UBolFr7OLJ
Luego de meses de que todo el sistema de poder haya atacado al Gobierno de una manera inédita hoy tenemos: $447 palos de US$ comprados en un día, tasas bajando, inflación bajando, EMAE y economía creciendo, inflación bajando, tipo de cambio estable, reservas en niveles record, superávit fiscal, superávit comercial, empleo privado creciendo, pobreza bajando...alguién más esta viendo lo mismo que veo yo? Me parece que se dió vuelta la tortilla.
Dar de baja https://t.co/Hww8mVBkpp o https://t.co/IJjC77kbmK debe ser de los procesos peor diseñados y anti usuarios de internet. NO quiero hablar con nadie, dalo de baja y listo.
ESTIMADO JUAN,
No se puede analizar la reforma de la Ley de Glaciares partiendo de consignas generales como “cuidar el agua es cuidar la vida”, porque eso es algo en lo que estamos todos de acuerdo. El problema no es si hay que cuidar el ambiente (eso no está en discusión) sino si el instrumento legal vigente cumple con ese objetivo o, por el contrario, termina generando efectos contraproducentes tanto desde el punto de vista ambiental como productivo.
En ese sentido, afirmar que los glaciares son determinantes para el abastecimiento de agua dulce en una proporción tan significativa del territorio argentino es, cuanto menos, una simplificación excesiva de un sistema hídrico mucho más complejo. La disponibilidad de agua en Argentina depende mayoritariamente de lluvias, acuíferos y cuencas hídricas no glaciarias, y aun en regiones cordilleranas el aporte glaciar es, en muchos casos, complementario. Sobredimensionar ese rol no ayuda a mejorar la calidad del debate, sino que lo distorsiona.
Por otra parte, vincular la necesidad de proteger los glaciares con la prohibición generalizada de actividades productivas en amplias zonas del territorio es confundir causas con efectos. El retroceso glaciar es un fenómeno global, ampliamente documentado, que ocurre tanto en países con actividad minera como en aquellos donde no existe ningún tipo de explotación (o sea el caso de Argentina). Pretender que una ley nacional pueda incidir de manera significativa sobre ese proceso no sólo es incorrecto desde el punto de vista técnico, sino que además conduce a decisiones de política pública que bloquean inversiones sin generar beneficios ambientales concretos.
El problema central de la ley vigente no es su espíritu, sino su diseño. Al establecer prohibiciones en zonas que no están claramente delimitadas —como el denominado “ambiente periglaciar”— introduce un nivel de incertidumbre incompatible con cualquier esquema de inversión de largo plazo. Un proyecto puede ser viable al momento de su evaluación y quedar automáticamente inviabilizado años después por una reinterpretación administrativa. Ese tipo de discrecionalidad no protege el ambiente: desalienta la inversión, paraliza el desarrollo y genera conflictos innecesarios. En este punto, es importante aclarar el rol del IANIGLA. Nadie discute su capacidad técnica ni la importancia de contar con un inventario nacional de glaciares. Pero una cosa es producir información científica de calidad y otra muy distinta es concentrar en un organismo técnico la capacidad de definir, en los hechos, qué actividades productivas pueden desarrollarse y cuáles no. Esa decisión, en un país federal, debe integrar criterios técnicos, políticos y territoriales, y por mandato constitucional corresponde en última instancia a las provincias.
Porque ese es otro punto clave que suele pasarse por alto: el federalismo. Es correcto señalar que las cuencas no respetan límites administrativos, pero de eso no se desprende que la solución sea centralizar las decisiones en el nivel nacional. Si así fuera, terminaríamos con funcionarios en Buenos Aires decidiendo sobre proyectos en San Juan, Santa Cruz o Córdoba, desconectados de la realidad productiva y social de cada territorio. El modelo argentino, basado en el dominio provincial de los recursos naturales, permite justamente que existan estrategias diferenciadas: provincias que desarrollan la minería y otras que deciden no hacerlo. Y eso no es un problema, es una fortaleza del sistema.
También se plantea que la reforma se está tratando de manera apresurada. Sin embargo, lo que se omite es que los problemas de la ley vigente llevan más de una década sin resolverse. Durante todos estos años se acumularon conflictos, proyectos frenados y una creciente inseguridad jurídica que no ha contribuido ni a mejorar la protección ambiental ni a impulsar el desarrollo económico. Postergar indefinidamente la discusión no es una solución: es, en los hechos, sostener un esquema que ya demostró sus limitaciones.
Finalmente, la evidencia concreta muestra que existen alternativas mejores. La provincia de San Juan, por ejemplo, desarrolló un marco normativo propio con criterios más precisos, evaluaciones caso por caso y una institucionalidad técnica robusta. Los resultados están a la vista: crecimiento sostenido de la actividad minera, aumento de exportaciones y generación de empleo, sin que ello haya implicado un abandono de los estándares ambientales. En definitiva, la discusión no debería plantearse en términos de ambiente versus producción, porque esa es una falsa dicotomía que no resiste análisis. El verdadero debate es entre reglas claras y prohibiciones difusas. Una buena ley es aquella que protege efectivamente los recursos estratégicos, pero que al mismo tiempo brinda previsibilidad y permite el desarrollo de actividades productivas bajo estándares adecuados. La normativa actual no cumple con ese equilibrio. La reforma, en cambio, apunta en esa dirección.
Porque cuidar el ambiente es indispensable. Pero sin desarrollo, sin inversión y sin trabajo, tampoco hay futuro sostenible posible.
FIN