Parece broma, pero uno sale del trabajo y se va rápido a casa, con prisa, para no llegar más tarde.
No por desesperación, sino por necesidad. Porque ahí está la calma que el día te quita, el silencio que acomoda el alma y el refugio donde el cansancio por fin puede descansar. Afuera uno cumple, resiste y aguanta; en casa uno suelta, respira y vuelve a ser. Y quizá por eso el corazón apura el paso, porque sabe que llegar es, en realidad, volver a vivir