Moisés Lebensohn hablaba de la "política del servicio personal", para denunciar el uso patrimonialista del estado. No se justifica nunca. Y no, no estás ni haciendo la Revolución Francesa ni cruzando los Andes ni liberando a judíos de los lager, antes de que intentes justificarte
Entrevisté al historiador Shelton Stromquist sobre la historia del socialismo municipal: la ciudad como terreno de lucha obrera y democratización de los servicios públicos, de la Comuna de París y la Viena Roja al Nueva York de Mamdani. En @revistanuso
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Este velatorio colectivo del Indio Solari hace lo que él mismo se empeñó en hacer: suspende lo feo del mundo con una ofrenda de belleza que se queda con nosotros.
por todos los años en que aportó
en la pobre caja del rock and roll
Que la tierra te sea leve, Carlos.
En 1997, previo a un recital en Olavarría, los agentes de inteligencia elaboraron un informe con apreciaciones sobre la banda, los temas de sus canciones y sus seguidores.
"El fenómeno más extraño y taquillero" de la cultura alternativa.
“El mensaje está pero se necesita conocer el código para descifrarlo. Para una persona que los escucha por primera vez, las letras NO DICEN NADA", eso decía la Dirección de Inteligencia de la Policía de Buenos Aires de sus letras.
El Indio Solari murió hoy a los 77 años.
Se murió el Cristo de la cultura del aguante. No era sólo el líder de una banda, era el profeta de una alianza de clases en extinción, de un vínculo con la cultura que está desapareciendo.
#Bolivia
¿Qué está pasando en el Estado Plurinacional?
Aquí, Gabriel Puricelli aporta su análisis sobre las protestas dónde el gobierno exhibe fragilidad e intenta una peligrosa internacionalización del conflicto.
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A mí lo que sinceramente me parece fascinante es que sea un fenómeno tan imposible de ser globalizado, traducido a otras latitudes. Es nuestro. A nadie más le importa. Todo nuestro. Un tesoro enterrado en el fin del mundo.
Qué decir.
Conocí al Indio en 1984. Fui a hacerle una entrevista a Los Redondos (también estaban Skay y la Negra Poli) para El Porteño. Enrique Symns me había hecho el contacto. Era un sábado a eso de las 7 de la tarde. Llegué y la negra Poli me preguntó si prefería fernet puro o cerveza con vodka, los únicos alcoholes que tenían en el departamento.
Así comenzó una amistad que duró unos 6 años (se distanció cuando pasaron a los estadios y la fama absoluta y yo ya no pude seguirles el paso por esa locura; aunque lo vi al Indio a comienzos de este siglo en el Centro porteño, de casualidad -iba muy camuflado pero lo reconocí, lo llamé y nos fuimos a tomar un café- y también vi a Poli y Skay varias veces en Palermo y ellos están igual que en mi recuerdo de hace 40 años).
Esa entrevista (que apareció en el número de diciembre de 1984 en El Porteño) terminó antes de una hora, pero nos quedamos charlando hasta las 8 o 9 de la mañana del domingo. Desde entonces y por varios años nos vimos con mucha frecuencia. Me subí a la camioneta con la que íbamos a los recitales de los amigos (por ejemplo, a ver al pelado Luca en algún show de Sumo).
En 1987 y 1988 llevé a Symns a Fin de Siglo y el Indio venía seguido a la redacción (Vera Land lo entrevistó ahí alguna vez, también escribió una columna, le gustaba lo que hacía El Monstro Punk en la revista).
Los Redonditos de Ricota fueron desde el comienzo una familia "mafiosa" (en el sentido cariñoso, sí, cariñoso del término). Uno entraba ahí y ya era parte de una cofradía, era un mundo que te integraba y te abrazaba y te enloquecía y te enriquecía.
Fueron 6 años vertiginosos de mi vida. Recién pude comprender algo de lo que había pasado ahí cuando me bajé de la furgoneta y miré desde afuera: a pesar de la lucidez descarnada había esperanza. Fue hermoso (mientras duró).
El Indio hablaba como escribía. No es que cada frase fuera como las letras de sus canciones, pero sí que esas frases cotidianas tenían el fraseo, el ritmo de sus poemas. Los neologismos en los que ensamblaba partes del inglés con el castellano estaban en su habla cotidiana, en cada ocurrencia.
El Indio era cariñoso y sonreía. El Indio que yo conocí era esencialmente un hombre bueno, muy dado a sus amigos.
El Indio era un hijo de la educación pública, de las instituciones del siglo XX (su padre había sido jefe de correos en La Plata). Criado en una casa de clase media con los libros que tenían la clase media a mitad del siglo XX y con los sueños de un joven rebelde de los 60: los beatnik (ante todo Kerouac y Burroughs, pero en poesía Ginsberg) y Rimbaud, el eterno joven de la poesía infinita.
Vamos a brillar Indio.
Al menos entre mis lágrimas te veo brillando. Sonriendo feliz de haber transitado el arduo camino a la nada.
Los Redondos fueron un fenómeno viral antes de las redes. Pasaban por debajo del radar hasta que irrumpía la realidad. Te movilizaban cientos de miles de personas por el país sin pegar un solo cartel.
Es imposible dimensionar esto hoy donde estamos hiperconectados.
Adiós al Indio Solari. Uno de los creadores más importantes e influyentes de la cultura popular argentina.
Nunca fui ricotero. Pero hay dos momentos clavados en mi memoria. Aquel show de los Redondos en el Casal de Catalunya junto a Enrique Symms en plena dictadura en apoyo del Centro de Estudiantes del Pellegrini, que por entonces estábamos reconstruyendo.
El otro, en Palladium en 1986, la presentación de Oktubre. Aquella noche cantó como nadie una canción que aún me llena de escalofríos, tan profética sobre este presente horrible. Escúchenla.
Adiós y gracias.
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Necesito que saquemos parlantes a las calles y bailemos a los Redondos para exorcizar está pena enorme. Es una necesidad física, y la despedida que se merece. Gracias #indio por tanto 💔