cuando fue el único que mostró apoyo a jenni y a la selección femenina renunciando a la selección hasta que algo cambiase todo fueron burlas y hoy es campeón del mundo. a las personas buenas les pasan cosas buenas ✨
No era solo una canción. Era esto.
Todo lo que pasó antes.
Todo lo que costó.
Porque hay momentos que no entiendes cuando llegan. Los entiendes después.
Cuando miras atrás. Y ahí sí todo tiene sentido.
Laura del Val:
"¿Y si renombro yo las relaciones heterosexuales?"
Tamara Falcó e Íñigo Onieva.
"Tamara Falcó y su Labubu nos abren las puertas de su casa".
Murición, que grande por favor 😂
En vez de ver Netflix esta noche,
dedica unas horas a aprender Claude de verdad:
→ Nivel 1: los básicos.
Claude para Dummies: https://t.co/zA2DI11i3J
→ Nivel 2: workflows reales.
Claude Cowork: https://t.co/vECrgD1Ieu
Claude Skills: https://t.co/Dj7byk7ATQ
Claude + Excel: https://t.co/tB0GVFAoag
→ Nivel 3: los movimientos pro.
Claude Code: https://t.co/KFDGVJj68b
→ Bonus: generación de imágenes.
(OpenAI) GPT Image 2: https://t.co/egFFsvT6i5
Consejo: un nivel por sesión.
Aplica cada guía antes de pasar a la siguiente.
Va hilo sobre la importancia del partido de hoy para mi.
Mediados de los 80: estoy en 3º de EGB y me apunto al equipo de playeros de la ikastola. Soy malisimo y juego poco. En 4º me mandan al equipo de 3º; esta vez, futbito, pero con el entrenador del año anterior
Lo cuento porque me aburro:
Hoy hemos tenido un juicio con una señora que nos intentó robar unas plantillas de 75 céntimos
¿Por qué?
Por gilipollas
Dentro hilo 👇
🗣️"Fui sacrificada en el ALTAR DEL VICIO"...
🗣️"Ningún individuo tuvo PIEDAD de mi"...
🗣️"Acudieron de forma CONSCIENTE a VIOLAR a una mujer inconsciente"...
🗣️"Las víctimas tienen que mantenerse en PIE y DIGNAS"
⭕️@PaginaDosRTVE Sábado 21 de febrero a las 11:45h
Conocí a un chico en un retiro de meditación.
Me dijo: "Estoy harto que me digan que sea fuerte. Todo es pura suerte. Mis padres son unos perdedores y yo también lo soy"
No intenté animarle. Me quedé en silencio. Me miró con los ojos vidriosos y confesó la verdad más cruda:
La avalancha de amor por #FluzoForever no termina.
Han creado un Change para pedir la vuelta del programa y me han pedido que le dé difusión.
Mil gracias, de corazón ❤️
https://t.co/QPvCew078T
Que bonita es @AlbaGlezVilla.
Se enteró con 9 o 10 años de lo de su padre, su madre se lo explicó para que lo entendiera.
Necesitaba hacer esta película por la niña que fue.
No he podido leerlo hasta hoy,podría escribir folios alabando este artículo de @irenevalmore ,pero sería imposible aportar algo interesante a esta maravilla.
Léanlo,léanlo las veces que sea necesario,les ayudará a apartarse de la maquina del odio que enriquece a unos pocos👇
POR QUÉ NO ME GUSTA LA BANDERA ROJIGUALDA
La bandera rojigualda no representa a todos los ciudadanos, sino a los que se identifican con una derecha nostálgica del franquismo
A mí me duele España, pero no por razones metafísicas. Me duele porque casi tres millones de niños y niñas viven en riesgo de pobreza o exclusión social, lo cual significa que el 33’8% de la población infantil sufre malnutrición y vive en casas insalubres, muchas veces con la maleta preparada para enfrentarse a la inminencia de un desahucio.
Me duele que haya tres millones de personas que malviven con menos de 307 euros al mes. Son el 6’4% de la población y su número crece día a día por la política de ajustes, los recortes sociales, el paro de larga duración y el agotamiento de las ayudas sociales. Ya sé que otros países del Sur de Europa pasan por la misma situación, pero eso sólo me distancia más de la bandera rojigualda, pues representa ese bipartidismo que ha explotado el sentimiento patriótico para desmovilizar a la opinión pública.
Se agita la bandera rojigualda para despertar sentimientos primarios, atávicos e irracionales, escondiendo que nuestra deficitaria democracia sólo es una reforma chapucera del franquismo. El infame Valle de los Caídos y las fosas sin exhumar, con al menos 114.000 hombres y mujeres fusilados por ser republicanos, socialistas, anarquistas, comunistas, sindicalistas o independentistas, son el verdadero rostro de la marca España.
La España que sufrimos día a día se gestó el 18 de julio de 1936. Los militares que se sublevaron para proteger los privilegios de las oligarquías económicas (latifundistas, grandes empresas y granes bancos) reemplazaron la bandera tricolor por la bandera rojigualda, convirtiéndola en símbolo de la represión, la intolerancia, el fanatismo y las desigualdades sociales. La monarquía instaurada por el franquismo cambió el águila imperial por el escudo constitucional, pero no alteró nada esencial. Las víctimas del genocidio franquista continuaron en sus fosas y nunca se juzgó a los responsables de la matanza. De hecho, Yagüe, Varela, Mola, Franco o Queipo de Llano perviven en el callejero. Cometieron crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Se trata de delitos imprescriptibles, pero la justicia española ha bloqueado cualquier iniciativa legal para condenar sus actos y reparar el dolor de las víctimas.
200.000 víctimas son los cimientos del régimen de 1978. Esas víctimas siguen influyendo en la vida de los españoles, pues encarnan la idea de una sociedad igualitaria, justa y solidaria. Esa sociedad nunca llegó a materializarse, pero inspiró vidas heroicas como la de Antonio Cabezas Jiménez, apodado “Cabecitas”, un campesino de Aguilar de la Frontera (Córdoba), que huyó de su pueblo con 17 años para librarse de la represión franquista y luchar por la revolución proletaria. Al finalizar la guerra, se refugió en Francia y luchó en la Resistencia. Detenido por los nazis, fue deportado a Buchenwald, se le marcó con el número 40613 y se le colocó el triángulo rojo, que identificaba a los apátridas y terroristas. Según su hija, “el campo de concentración le marcó para toda la vida y le dejó huellas, esas que no se ven. Nunca nos habló de sus sufrimientos o de lo que padeció en el pasado. Lo que le caracterizaba era su fuerza interior, la satisfacción de haber cumplido con su deber y el sentimiento de que había luchado por su ideal, defendiendo los valores que el tiempo y la historia le habían inculcado. Su orgullo era su patria y la gran pasión por la literatura de su país, pero también reivindicaba sus orígenes modestos del campo andaluz. Añoraba su tierra tanto que cuando hizo la primera casa le puso el nombre de la choza, nostalgia de esa infancia que jamás pudo compartir con los suyos”. No creo que la patria que enorgullecía a Antonio Cabezas Jiménez fuera la marca España surgida el 1 de abril de 1936 y consolidada con la Restauración borbónica en 1978 bajo el disfraz de monarquía constitucional.
La marca España no deja de alimentar la desigualdad. El 20% más rico posee 7’5 más veces más recursos que el 20% más pobre y uno de cada cuatro menores de 16 años vive por debajo del umbral de la pobreza. El 12% de los hogares llegan a fin de mes con muchas dificultades. El 44’5% no puede permitirse ni una semana de vacaciones. El 40% no puede asumir gastos imprevistos. El 10% no puede pagar el recibo del gas y la electricidad.
La marca España es hoy en día una posición política y no el símbolo de una nación libremente constituida. La bandera rojigualda no representa a todos y todas, sino a los que se identifican con una derecha nostálgica del franquismo. Los que exhiben sus colores no ocultan su desprecio hacia la inmigración o hacia las peculiaridades culturales de Cataluña, el País Vasco o Galicia. Aunque no lo tengan muy claro, intentan mantener con vida el espíritu de Cruzada de Franco. Yo amo la lengua española. Escribo en ese idioma y no sabría expresar mis sentimientos con otra lengua. Leo emocionado a Galdós, Lorca, Cernuda, Antonio Machado, Bergamín o Ángel González, pero eso no significa que considere el español superior al euskera, catalán, valenciano o gallego. Cada idioma expresa una visión del mundo, una perspectiva original y única, que contiene varios siglos de historia.
Las revoluciones del siglo XXI deben ser incruentas. No solo porque la violencia es inmoral, sino también porque es inútil. Las posibilidades de éxito contra el sistema capitalista son insignificantes y el coste humano y moral serían inasumibles. Debemos cambiar nuestros hábitos, rompiendo la rueda del consumo y el endeudamiento. Se deben restablecer los vínculos comunitarios y promover la autogestión. Es posible vivir de otro modo y cuando lo descubramos, se producirá una liberación real.
El sacerdote vaso Pedro Arrupe, padre general de los jesuitas y una de las víctimas del furor inquisitorial de Juan Pablo II, se expresaba sin subterfugios: “Hay unos que mueren por inanición y otros por exceso de colesterol. El hambre es la hija natural de la injusticia, una injusticia que los países ricos pueden evitar. Pero digámoslo claramente: No quieren”. El escarnio de cualquier ideal utópico es moneda común en un mundo escéptico y desencantado, pero Arrupe, que no se desanimaba ante la adversidad, nunca renunció a la utopía, que comienza en el terreno personal, luchando contra el individualismo insolidario y el egoísmo acaparador. Por eso escribió: “No me resigno a que, cuando yo muera, siga el mundo como si yo no hubiera vivido”. Creo que todos deberíamos asumir esa enseñanza y no colaborar con la economía capitalista, de acuerdo con el ideario de Arrupe: “Debemos tener la firme determinación no sólo de no participar en ningún lucro de origen claramente injusto, sino incluso, ir disminuyendo la propia participación en los beneficios de una estructura económica y social injustamente organizada a favor de los más poderosos, mientras los costos de la producción recaen pesadamente sobre los hombros de los menos favorecidos”.
Es lo que Ignacio Ellacuría, jesuita y teólogo de la Liberación, llamó “cultura de la pobreza” que se opone al despilfarro, la acumulación y la destrucción del medio ambiente. Ellacuría, asesinado en 1989 por el batallón Atlácatl del Ejército de El Salvador, cumpliendo órdenes de Estados Unidos, solía repetir: “Nadie tiene derecho a lo superfluo hasta que todos no tengan lo esencial”. No es una utopía fácil de realizar, pero es necesaria y representa la única oportunidad de un futro más humano.
A Borja Iglesias le cae hate porque un día se pintó las uñas. Porque llevó un bolso a una boda. Y sobre todo, porque en el absoluto silencio del fútbol masculino ante la bochornosa situación de la Selección femenina, él fue de los pocos que alzó la voz.
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