La grandeza de un espíritu radica en su capacidad para soltar todo de golpe y renacer, íntegro, aquí y ahora, libre de todo lastre, de todo apego que impida su evolución, sin tener que cambiar nada salvo su actitud hacia la vida: inédita presencia.
Habita el presente y autobsérvate. No juzgues nada ni a nadie. Genera distancia crítica aquí y ahora y contempla tu principio de realidad. Habita en paz: goza tu plenitud.
El tiempo exacto y el lugar propicio para que seas lo que eres: un ser radiante, afectuoso, creativo, lúcido, empático, alegre, generoso, genuinamente tú, en perfecta paz y en armonía perfecta: es «aquí y ahora»
En la vida no puedes llegar más lejos, ni más alto, ni más profundo, que cuando llegas a tocar el alma de alguien más, desde tu alma. No existe mayor alcance ni mayor realización personal. Esmérate amorosamente en cada uno de tus vínculos.
La plenitud amorosa implica que todo acto de amor sea siempre por primera vez y por última vez: único, irrepetible, la plenitud de la presencia: un instante sagrado.
Todo vínculo intenso es una magnífica oportunidad para crecer en desapego y descubrir tu plenitud. Un incremento amoroso de identidad personal. Honra tus vínculos.
El amor no descansa, es infatigable, incesante: es. No desperdicies un solo instante de tu vida en nada más. Déjalo que fluya en todas tus acciones, al caminar, al leer, al platicar, al comer, al observar, al sonreír, no interfieras: amante constante aquí y ahora.