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El Barça invirtió 60.000 euros en un "pack regalo aloe vera" para Negreira y le pagó por unos vídeos del mundial de Sudáfrica antes de que se celebrara el propio campeonato. Preguntas del abogado del Madrid mientras los de La Liga y la RFEF miran para otro lado
El día del fin del mundo comí sushi. Se fue la luz de casa (eso creía yo) poco antes de salir a una comida de trabajo. Creí que sería en el edificio. Al llegar a la avenida vi que no funcionaban los semáforos y que era algo más general, pero no sabía cuánto. En Atocha sí que funcionaban (imagino que por unos minutos), pero poco a poco iba quedando claro que algo gordo pasaba: internet, conversaciones al vuelo («España y Portugal...»). Apagué el podcast que estaba oyendo, desconecté el Bluetooth y puse el móvil en modo ahorro. Comí sushi con un fotógrafo con el que comparto proyecto en una terraza al sol, con raro ambiente de domingo de agosto. Extrañísimo. Pero llevaba efectivo encima, el restaurante servía (sólo sushi y bebidas) y había una mesa libre. La gente estaba nerviosa y tranquila la vez. Seguían oyéndose cosas («Media Europa», «nucleares»...). Había algo relajadamente festivo e inquieto en el ambiente, al menos donde comí. El comportamiento a mi alrededor, en la caminata de una hora y allí mismo, fue, incluso en las grandes avenidas —antes espesas, detenidas ya—, enormemente cívico y colaborador; también los conductores hacia los peatones. Había —y había muy pronto— muchos agentes de movilidad urbana ordenando la situación, algunos en vaqueros y con chaleco reflectante. Vi cosas bonitas al andar. Un coche (un Mini particular) aparcado con las ventanas bajadas y la radio alta, para que la gente pudiera estar informada. Gente a quien le funcionaba el teléfono y se lo ofrecía a otra, por si podía conectar con sus hijos o con quien fuera. Mientras cruzaba la Castellana, le di las gracias a un municipal que regulaba el trafico y sentí el agradecimiento con que recibía y devolvía algo tan simple. Siempre he sostenido que la sociedad civil española es cojonuda, muy superior a la clase política. Es casi emocionante, en lo puramente técnico, cómo puede resolverse algo así; cuántas cosas funcionan cada día; cuánta gente sabe lo que hay que hacer y lo hace, y lo hace bien. No sé qué pasaría en tres días de apagón, o en quince, con el miedo y la carestía, pero oyes a ingenieros explicando los protocolos y resulta admirable cómo está todo previsto para que todo marche y cómo regresa a su lugar en unas horas, sin grandes dramas ni destrozos. No es una situación de supervivencia, claro, fueron menos de doce horas (aunque de apagón total), y, en todo caso, no hablo de eso, sino de cómo marchan las cosas porque la gente hace lo que le toca, vote a quien vote, piense lo que piense.
Mientras cruzaba el Retiro, lo clausuraron sin avisar. Al llegar a Mariano de Cavia, ya habían cerrado todas las puertas y tuve que salir por Atocha, desandando mucho, así que caminé bastante, sin incidentes. En casa no hubo electricidad ni conexión de ninguna clase hasta casi las 23:30, pero tenía una radio a pilas y estuve informado. Como tenía el ordenador cargado, hasta pude trabajar en el borrador del artículo del sábado, que entrego el miércoles. No abrí el congelador, por si acaso, y la nevera una vez, para sacar rápidamente una ensalada y unos yogures, que cené con unos frutos secos mientras aún quedaba un resto de luz, aunque tenía linterna. Cuando volvió la electricidad, estaba ya casi dormido, me despertaron las luces que habían quedado encendidas.
El fin del mundo me tocó en un día bueno: primero, en la calle y sin coche, y luego en casa, sin viajes ni entrevistas, sin reuniones, un raro día sin apenas agenda externa, salvo esa comida, que fue agradable y productiva y en la que todo el mundo estuvo bien: los clientes, las camareras, el cocinero, la dueña... Todo el mundo era consciente de la situación y colaboraba. Somos un país bastante civilizado, creo yo.
Otros habrán vivido otras cosas, no digo que se posaran pájaros azules en los techos de los coches, pero personalmente viví una reacción —al menos ante mis ojos— muy cívica.
Y lo más importante: el sushi estaba bien.
De pronto esta escena de “Top Gun: Maverick” adquiere un nuevo sentido y se convierte en un bello homenaje a Val Kilmer y su legado.
“Es hora de dejar ir”
¡Una preciosidad! El Himno de Andalucía en la voz de @pabloalboran pone la piel de gallina y es un regalo para todos.
Gracias por ponerle voz a lo que todos los andaluces sentimos.
Un momento mágico.
#DíaDeAndalucía#28F
Como es habitual cada último domingo del mes de octubre atrasaremos una hora los relojes, acomodándonos así al horario de invierno. Recuerda que a las 03.00 h de la madrugada del sábado 26 al domingo 27 serán las 02.00 h
#TcpOnDuty#AETCP
Aeropuerto olvidado y operando por encima de sus capacidades. Parkings llenos, controles de seguridad desbordados, colas infinitas y servicios médicos saturados. Es un caos. @gencat
Un sueño hecho realidad.
Muy feliz y orgulloso de formar parte del club de mis sueños @realmadrid Es imposible explicar lo feliz y emocionado que me siento en este momento. Estoy impaciente por veros, Madridistas, y gracias por vuestro increíble apoyo.
¡Hala Madrid! 🤍🤍🤍
A dream come true,
So happy and proud to join the club of my dream @realmadrid
Nobody can understand how excited I am right now.
Can’t wait to see you, Madridistas, and thanks for your unbelievable support.
¡Hala Madrid! 🤍🤍🤍
Un rêve devenu réalité,
Tellement heureux et fier de rejoindre le club de mon rêve @realmadrid
Personne ne peut comprendre à quel point je suis excité en ce moment.
J’ai hâte de vous voir, Madridistas, et merci pour votre incroyable soutien.
¡Hala Madrid! 🤍🤍🤍