🖥️🌐 #INNOVACIÓN 𝗘𝗹 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿 𝗴𝗿𝗮𝗻 𝗰𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗮𝗿𝘁𝗶𝗳𝗶𝗰𝗶𝗮𝗹 𝘆 𝘀𝘂𝗽𝗲𝗿𝗰𝗼𝗺𝗽𝘂𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝘀𝘂𝗿 𝗱𝗲 𝗘𝘂𝗿𝗼𝗽𝗮, 𝗲𝗻 𝗧𝗲𝗻𝗲𝗿𝗶𝗳𝗲.
🫱🏻🫲🏽 El Cabildo de Tenerife y la empresa BECHTLE presentaron hoy el proyecto.
💻 Unifica supercomputación tradicional, inteligencia artificial acelerada y servicios cloud privado.
👩🏻💻👨🏻💻 Permitirá la creación de 𝟱𝟬𝟬 𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗼 𝗶𝗻𝗱𝗲𝗳𝗶𝗻𝗶𝗱𝗼𝘀 👉🏼 200 de ellos altamente cualificados.
🇮🇨 Un 70% estará integrado por talento únicamente canario.
📍 2 sedes 👉🏼 en el @ITERtenerife y en el enclave de Cuevas Blancas del @PCTTenerife.
💬 @rdavmam, presidenta del Cabildo 👉🏼 “Nos sitúa en la élite tecnológica y nos permite construir un verdadero ecosistema de inteligencia artificial desde Tenerife para toda Europa”.
ℹ️ https://t.co/0e1FhGIPFD
👋 ¡Hola, ministro @oscarlopeztwit!
Estará usted ya harto de mí. 😃
Y yo del software que desarrolla su ministerio, así que… ¡empate! 🙃
Le explico la yincana de hoy:
Para facturar al sector público proporcionan ustedes un servicio de generación de facturas electrónicas: ✨MiFacturae✨.
Lo primero que quiero decirle y agradecerle es que MiFacturae ha mejorado muchísimo. Pero, sin pretender un demérito, también le digo que empeorarlo era imposible.
El nuevo MiFacturae solo tiene ahora un problema: ¡no funciona!
Se lo explico:
Para facturar a un organismo público hay que identificarlo con ��que yo sepa— cuatro datos:
1️⃣ Oficina contable
2️⃣ Órgano gestor
3️⃣ Unidad tramitadora
4️⃣ Órgano proponente
Pues bien: MiFacturae omite de la factura electrónica este último dato, el órgano proponente. De modo que al remitir la factura al FACe, falla y es rechazada.
Esto seguramente esté robando miles de horas productivas mensuales a ciudadanos, empresas y organismos públicos.
Si desarrollaran su software en abierto yo podría reportar esto directamente al equipo de desarrollo, como ya hice en abril con dos problemas serios en Autofirma.
Pero como no lo hacen, le tengo que molestar a usted. O a su responsable de comunicación, que será —con suerte— el que quizá lea esto. Porque yo como ciudadano no tengo otro camino para canalizarle la frustración ciudadana con la Administración Electrónica estatal.
…Y pedir a mis pacientes seguidores, si son tan amables, que redifundan esto, pues es la única esperanza de que llegue a alguien en su ministerio —o en la AEAD o donde diablos sea— con capacidad de mover un dedo para resolverlo.
Saludos cordiales,
— Jaime
#Canarias no autorizará mañana el fondeo del crucero MV Hondius.
Colaboración, sí. Solidaridad, también. Pero no a cualquier precio. No sin informes, no con imposiciones del Estado y no poniendo en peligro la seguridad sanitaria de los canarios.
Domingo.
Me levanto con un párpado inflamado. Un rollo, pero nada grave; ya me pasó el año pasado en Coímbra. Entré a una farmacia, me dieron una pomada y, en dos días, ventilado.
Voy a una farmacia santanderina y pido la pomada.
—¡No tan deprisa, forastero! —me dice simpático el farmacéutico—. Esa pomada tiene antibiótico y solo puedo dispensártela con receta.
No pasa nada —me digo—. Tenemos una de las mejores sanidades del mundo.
Desde el coche intento pedir cita por internet en mi centro de salud. Hay un hueco dentro de tres días, pero creo que para entonces tendré el ojo bastante peor. Pido auxilio por teléfono a un amigo médico:
—Ve a Urgencias y allí te darán la receta.
—Lo mío no es una urgencia —pienso— pero necesito la pomada.
Arranco el coche, cruzo la ciudad y aparco en el hospital Valdecilla. Intento ungirme de paciencia. Tras un par de patéticas horas en una sala de espera congestionada, vuelvo a escribir a mi amigo.
—¡A Urgencias del hospital no, hombre, que está lleno! Tienes que ir a Urgencias del centro de salud.
Yo me acuerdo del chiste aquel: «La experiencia es eso que obtienes justo después de haberlo necesitado». Resignado, pago el tique del aparcamiento y cruzo de vuelta la ciudad. Consigo aparcamiento cerca del centro de salud.
Entro. En el vestíbulo, al otro lado del mostrador, una señora charla animadamente con el vigilante de seguridad. Cuando me aproximo, me pregunta qué me pasa. Yo dudo si contarle mi problema. ¿Es médico esta señora? ¿Debo comentarle un asunto de salud personal ante el vigilante de seguridad?
—¿Qué te pasa? —me apremia mientras yo pensaba todo aquello.
—Tengo un párpado inflamado y…
—No; no me cuentes los detalles… tú necesitas una receta, ¿sí? —me interrumpe.
—Exacto.
—Pues pasa a la sala —me dice mientras teclea algo en el ordenador.
Es una de esas tardes tontas de invierno. Creo que hay partido de fútbol. La sala de espera está vacía. Cuando llevo diez o quince minutos, una puerta se abre. Otra señora, o quizá era la misma, se me acerca.
—Vas a tener que esperar un poquito, que la doctora está comiendo.
—No pasa nada; tampoco tengo prisa… —contesto sintiéndome instantáneamente imbécil al constatar que no he podido comer yo.
Tras cincuenta minutos de espera oigo al otro lado de la pared un alarido gutural:
—¡JAIMEEEEE!
Me incorporo, me atuso el flequillo con los dedos y aclaro la voz dirigiéndome con paso seguro a la caverna.
—¡JAIMEEEEEEEEEE!
—¿Estoy en la sanidad pública o en Cabárceno? —me pregunto al cruzar el umbral de la consulta.
—Bue…
—¡Dime!
—…nos días.
Supongo que era doctora, aunque no llevaba bata. Me miraba sentada, inquisitiva y con ambas manos al teclado del ordenador, mientras yo aguardaba de pie que me concediese la cortesía de invitarme a tomar asiento.
La cortesía no llegó e hice «timeout». Yo empezaba a sentir las pavorosas llamas de un incendio crecer dentro de mí.
—Disculpe; voy a cerrar la puerta, voy a tomar asiento, y después le explicaré qué me trae aquí.
Y así, a puerta cerrada y sentado frente a la doctora, le expliqué que me había levantado con un párpado inflamado. Ella tecleó algo en el ordenador.
—Vale; ya lo tienes.
—¿Cómo?
—Que ya lo tienes en la receta electrónica. Vas a una farmacia y te dan una pomada.
—Ah, ¡gracias!
Pero me pudo esta tontería mía de no resignarme al delirio e intentar mejorar cómo funcionan —funcionar es mucho decir— las cosas.
—El año pasado me sucedió esto mismo en Portugal y me dieron la pomada en la farmacia. No tuve que venir a Urgencias, ni consumir recursos de la sanidad pública, ni perder el ti…
—Ya, pero es que Portugal es otro sistema.
—Lo sé. Lo que quiero decirle es, ¿no serías más eficiente para el Sistema y para mí, al menos para este caso, hacer lo que hace Portugal?
—Pero es que son leyes. Y a veces son absurdas, pero son así y tenemos que seguirlas. Tampoco puedes comprar paracetamol de un gramo sin receta pero, en cambio, puedes comprar el de 500 mg y tomar dos, que es lo mismo. Es absurdo, pero son normas y hay que cumplirlas.
Yo quería explicarle a la doctora que esas normas no están cinceladas en piedra y que se pueden cambiar. Quería explicarle que en aquella consulta, yo era el usuario y ella la representante del Servicio Cántabro de Salud. Quería explicarle también que existen procedimientos administrativos internos por los cuales ella puede canalizar mi sugerencia de mejora para que, algún día, Dios sabe qué gerifalte la tenga en cuenta cuando toque actualizar las normas. Quería explicarle a la doctora muchas cosas, pero ella me despedía con la mirada y yo me había puesto inconscientemente de pie, deseando largarme cuanto antes de allí.
¡Al menos ya tenía la receta! Ensillo nuevamente a Rocinante y jineteo de vuelta a la farmacia de guardia. Aparco malamente en una parada de autobús. Enciendo las luces de emergencia y entro corriendo.
—Quería un medicamento que tengo en mi receta electrónica.
—Dígame su número de tarjeta sanitaria.
Deletreo la retahíla mientras el chico teclea en el ordenador. Yo miro el coche de reojo.
—¡No te preocupes! Cuando hay partido la policía no viene hasta aquí —me dice simpático.
Pero el farmacéutico frunce entonces el ceño.
—Vaya… tenemos un problema.
—¿Hay que perdirla al almacén?
—No, no es eso… el médico te ha puesto pomada para uso tópico, y esa no te vale para los ojos.
—Ya veo que la policía no es lo único que no funciona aquí.
—Pero no te preocupes… puedo hacer un truco y yo te doy la pomada correcta. Aunque, claro, tendrás que pagarla entera. Si la receta estuviese bien sí te entraría por la Seguridad Social.
En Coímbra, en la plaza del Ocho de Mayo, hay una pequeña farmacia que hace esquina. En agosto entré y expliqué en castellano que tenía una párpado inflamado. Me dieron al momento una pomada y, en dos días, ventilado.
Y escribo esto preguntándome cuántas horas, cuántos millones de horas productivas anuales perdemos los españoles en laberintos burocráticos así.
📈Hoy, 28 de enero, celebramos el Día Europeo de la Protección de Datos, una fecha que nos recuerda la importancia de esta normativa, de proteger nuestra información personal y la de los demás, en un mundo cada vez más digitalizado.
https://t.co/ejMDzsJGR3
2 ejemplos de cómo contestar a las preguntas del 112 en vez de insistir en que "mandemos enseguida la ambulancia" hubiera sido de mucha más utilidad para el paciente.
Y nos hubiera ayudado a gestionar mejor los recursos para el resto de pacientes que llamaron al 112.
Pues ya tenemos los T-55 de Praga-68 lanzados al asalto, los que iban a ser utilizados como artillería en reserva mientras la pujante industria militar rusa fabricaba 1.200 nuevos T-90M al año.
A Bold New Plan for Preserving Online Privacy and Security . Decoupling our identities from our data and actions could safeguard our secrets https://t.co/F8w8oez7cW
Enhorabuena a @AtlantisTech 👏 impulsora de las jornadas de #TransformacionDigital de #Canarias que se enmarcan dentro de las Semanas de la Ciencia y la Innovación de la Consejería que dirijo, por el gran trabajo que realiza en muchos campos de la innovación 💪 @agenciaiisi