Cuando tu vida está bien construida, no sientes urgencia de exhibirla.
Hay una diferencia brutal entre vivir en paz y tener que convencer a otros de que lo estás.
Teníamos secuestrada la libertad de sentir, de decir, de soñar.
Siempre sosteniendo una esperanza que parecía distante, aquello que por tanto tiempo fue pensamiento, palabra y resistencia, es un hecho.