La crisis de la universidad que muchas voces actuales denuncian fue ya señalada en 1930 por el filósofo José Ortega y Gasset. Una crisis, según él, provocada por el #utilitarismo y la pérdida de peso de la cultura humanista en los estudios superiores.
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La universidad medieval evaluaba con exámenes orales. Evaluar es exigir que el conocimiento se interiorice. Si la IA reduce el esfuerzo, la universidad debe reintroducirlo de otra forma. La IA está forzando otro cambio: menos tareas en casa, más interacción directa, más conversación socrática.
The New York Times: Si la escritura “aceptable” se automatiza, la educación superior debe centrarse en pensamiento crítico, identidad intelectual y evaluación relacional https://t.co/SAItfb3rGY https://t.co/hZWpp59J6M
🇦🇷Periodistas del Mundo aún no pueden entender como la gente recorre las calles de la Ciudad de Buenos Aires en la "noche de las librerías". Mike Warburton dijo "Es increíble 200 mil almas en este festival literario comprando libros por un valor cercano a los U$S 400 millones"
¿Es Panamá un aliado o un súbdito? 🇵🇦 En mi reciente columna para @prensacom, analizo el preocupante encuentro en el Doral: donde la diplomacia se confunde con el "derecho de admisión" de un club privado.
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El desierto necesario: https://t.co/yvj8cgFaGE artículo de opinión: este tiempo debería ser una disección del carácter. En una era dominada por el liderazgo instantáneo y la estética del reel de quince segundos, urge recuperar la noción del "desierto" como espacio de formación.
Lo que aprendí leyendo Los ingenieros del caos de Giuliano da Empoli:
La política ya no es un debate de ideas. Es una guerra de algoritmos contra tu cerebro reptiliano. Después de leer a Da Empoli, queda claro: estamos jugando un juego cuyas reglas cambiaron mientras te creías inteligente por leer editoriales. Aquí mis notas sin filtro:
1. Olvídate de las mayorías racionales. Ese cuento se murió con los focus groups de los 90. Hoy el poder se construye activando minorías intensas que no duermen, no dudan y no cierran Twitter hasta ver sangre. El objetivo no es que te den la razón. Es que se indignen lo suficiente como para no soltar el puto teléfono. La moderación es impotencia disfrazada de virtud.
2. Primero miden qué te duele. Luego diseñan el discurso. La ideología es solo el packaging; el motor real es tu historial de búsquedas + el feed que mirabas a las 3 AM cuando no podías dormir. Si sigues creyendo que tus ideas políticas son “tuyas”, felicidades: eres un NPC bien entrenado.
3. La esperanza es lenta, requiere explicaciones y tiene ROI mediocre. El miedo y la rabia son instantáneos. Viajan más rápido, pegan más fuerte y no necesitan argumentos. Solo necesitan un enemigo claro y un botón de “compartir”. Obama vendió esperanza. Trump vendió odio. ¿Adivina quién rompió internet?
4. Si crees que la polarización es un accidente, no has entendido una mierda. El ruido constante, la confusión permanente y el espectáculo de circo son herramientas para que el sistema, mareado y exhausto, no pueda defenderse. Cuando todos gritan, nadie escucha. Cuando nadie escucha, solo mandan los que controlan el volumen.
5. Las redes sociales no son un espejo de la sociedad. Son un laboratorio conductual sin comité de ética. No buscan representar lo que somos. Buscan hackear tu percepción para que elijas según el sesgo que te inyectaron mientras scrolleabas videos de gatitos. Tu feed no es neutral. Es propaganda personalizada que aprendió a imitar tu voz interior.
6.El verdadero enemigo ya no es el partido de enfrente. Es el cinismo del ciudadano que se rinde. Cuando la política se vuelve un circo tan insufrible que prefieres ver Netflix, la abstención es el triunfo silencioso de los que mueven los hilos.
Te cansaron a propósito. Ese era el plan.
Ella Fitzgerald cantando el clásico ‘Mack the Knife’, pieza compuesta en 1928 por Kurt Weill con letra de Bertolt Brecht, una obra que, medio siglo después, inspiraría a Rubén Blades a escribir ‘Pedro Navaja’.