Hoy es uno de los peores días de mi vida. Vuelvo a lesionarme después de un año muy complicado, en el que la pubalgia me ganó muchas batallas, pero no la guerra. Conseguí superarla con trabajo, sacrificio y, sobre todo, responsabilidad.
Fue un año y medio de sufrimiento, tristeza, incertidumbre y ansiedad. No sabía cuándo volvería a jugar sin dolor ni cuándo recuperaría una vida normal. Llegué a convivir con el dolor en cosas tan simples como ir al baño, subir y bajar del coche o simplemente disfrutar del día a día.
Volver a ser feliz jugando al fútbol era mi mayor prioridad, junto a recuperar la sonrisa. Porque sin una sonrisa, sin disfrutar y sin ser feliz, no puedo rendir al máximo nivel.
Lo superé. Después apareció una lesión en el isquio, que volvió a ponerme a prueba. Una vez más dejé de sonreír, pero tampoco iba a detenerme.
Ayer me provocaron una nueva lesión tras una acción en la que un compañero de profesión actuó llevado por la frustración, el descontento y la tristeza por la situación que atravesaba. Fue una jugada que, en mi opinión, se podía haber evitado porque era completamente innecesaria.
Pero esto tampoco me va a detener. Sé que Dios tiene un plan para mí y seguiré luchando hasta el último instante para volver a hacer lo que más amo: jugar al fútbol, ser feliz y dar muchas alegrías.
Gracias de corazón a todos por vuestros mensajes de apoyo.
La historia no ha acabado nos vemos en los antes posible en este mundial
ATENTOS LO QUE CUENTA ANDRÉS ONRUBIA.
Didier Deschamps habría estado más de seis minutos dando indicaciones en el descanso en el vestuario de Senegal sin darse cuenta de que no era el de Francia.
Alguien del cuerpo técnico francés le ha avisado y tras pedir perdón se ha ido.
Adultos de 35 años que comen como un niño de comunión
No puedo más con esta gente, shurs.
Adultos funcionales, con nómina, hipoteca, coche diésel y cuenta en MyInvestor, que se sientan en una mesa y empiezan:
“Uy, yo cebolla no.”
“Pimiento tampoco.”
“Eso verde quítamelo.”
“¿Tiene trocitos?”
“Es que la textura…”
Y encima lo hacen con cara de superioridad:
“Es que yo soy muy especial para comer.”
No, Paco. No eres especial. Eres un firmware sin actualizar. Un adulto beta. Un paladar en pañales.
Hermano, pide nuggets y deja de secuestrar la mesa.
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