Bogotá no está funcionando… y alguien tiene que poner el radar en la calle.
Si ustedes ven mal parqueados, basuras, bloqueos, ciclorrutas dañadas, colados o problemas con el Metro, ESCRÍBANME!
Envíenmelo al WhatsApp 320 865 0298 📲
Con el equipo lo visibilizamos y presionamos para que la alcaldía de @Bogota responda.
¡Este GROSERO se cree sin ley!
Ni siquiera es de la UNP y hasta intenta agredirme por ser un ciudadano, por exigirle que respete las normas 😡
Me tocó pararlo, no por ser concejal, sino por ser un bogotano honesto. Aquí nadie está por encima de la ley.
Las Toyotas también pagan, ASÍ HAGO MI TRABAJO 🚨
📱 ¿También está cansado de los que creen que la calle es su parqueadero privado? Firma aquí:
👉 https://t.co/ZTl7q6kyOU
Tenemos que estar preparados a esto ‼️
El riesgo sísmico en Bogotá no depende únicamente de los edificios. También depende del suelo.
Gran parte de la ciudad está construida sobre arcillas blandas, arenas y sedimentos con agua, materiales que pueden amplificar las ondas sísmicas y prolongar el movimiento de un sismo.
En algunas zonas del occidente y el suroccidente existe, incluso, la posibilidad de fenómenos de licuación, un proceso en el que el suelo pierde temporalmente su rigidez y estabilidad.
Por eso, un terremoto no tendría el mismo impacto en todas las localidades.
Bogotá no puede seguir aplazando esta conversación.
Tras analizar información del IDIGER, SISMARB, el Servicio Geológico Colombiano y Bomberos, encontramos un dato que necesita acción urgente:
Cerca del 75 % de las edificaciones de la ciudad tiene sistemas constructivos que aumentan su vulnerabilidad frente a un sismo de gran magnitud.
No significa que el 75 % vaya a colapsar. Significa que debemos identificar, intervenir y prevenir antes de que ocurra una tragedia.
La gestión del riesgo no puede empezar después del terremoto. @bogota ¿qué opinan?
Tenemos que estar preparados a esto ‼️
El riesgo sísmico en Bogotá no depende únicamente de los edificios. También depende del suelo.
Gran parte de la ciudad está construida sobre arcillas blandas, arenas y sedimentos con agua, materiales que pueden amplificar las ondas sísmicas y prolongar el movimiento de un sismo.
En algunas zonas del occidente y el suroccidente existe, incluso, la posibilidad de fenómenos de licuación, un proceso en el que el suelo pierde temporalmente su rigidez y estabilidad.
Por eso, un terremoto no tendría el mismo impacto en todas las localidades.
Bogotá no puede seguir aplazando esta conversación.
Tras analizar información del IDIGER, SISMARB, el Servicio Geológico Colombiano y Bomberos, encontramos un dato que necesita acción urgente:
Cerca del 75 % de las edificaciones de la ciudad tiene sistemas constructivos que aumentan su vulnerabilidad frente a un sismo de gran magnitud.
No significa que el 75 % vaya a colapsar. Significa que debemos identificar, intervenir y prevenir antes de que ocurra una tragedia.
La gestión del riesgo no puede empezar después del terremoto. @bogota ¿qué opinan?
🚨 ¿BOGOTÁ ESTÁ PREPARADA PARA UN TERREMOTO?
No quiero generar pánico, pero tampoco quiero que nos pase lo de siempre: actuar cuando ya es tarde.
El 74% de las edificaciones de Bogotá fue construido antes de 1999. Por eso vamos a crear una comisión de seguimiento en el Concejo para revisar qué tan preparada está realmente la ciudad.
¿Usted sabe si su edificio cumple con las normas de seguridad y sismorresistencia?
OJO A ESTO QUE NO ES UN JUEGO: 🚨
¿Bogotá y la alcaldía en serio están preparadas para un sismo de gran magnitud? 🤔
Hay un dato que debería abrir el debate: el 74 % de las edificaciones de Bogotá fue construido entre 1960 y 1999.
Eso no significa que sean edificaciones inseguras, pero sí recuerda que la ciudad se construyó en contextos muy distintos y con un acceso históricamente desigual a buenos estándares técnicos, especialmente durante las décadas en las que se expandieron con mayor intensidad los asentamientos de origen informal.
Y algo que preocupa aún más, el 35,6 % de las edificaciones de Bogotá están construidas en mampostería simple y el 39,4 % en mampostería semiconfinada. (Se ve en la foto)
La pregunta es entonces:
¿En qué condiciones fueron construidas y qué capacidad tienen para responder ante un terremoto las construcciones de Bogotá?
Hoy, un ciudadano no tiene una herramienta que le permita saber si el edificio donde vive, trabaja o estudia cuenta con condiciones adecuadas de sismorresistencia.
Por eso, PROPONEMOS un sistema de certificación visible que permita identificar qué edificaciones cumplen con los estándares técnicos.
¿Qué opinan? Los leo 👇🏼
Bogotá no puede seguir aplazando esta conversación.
Tras analizar información del IDIGER, SISMARB, el Servicio Geológico Colombiano y Bomberos, encontramos un dato que necesita acción urgente:
Cerca del 75 % de las edificaciones de la ciudad tiene sistemas constructivos que aumentan su vulnerabilidad frente a un sismo de gran magnitud.
No significa que el 75 % vaya a colapsar. Significa que debemos identificar, intervenir y prevenir antes de que ocurra una tragedia.
La gestión del riesgo no puede empezar después del terremoto. @bogota ¿qué opinan?
El sitio más seguro para un protegido con escoltas es un parqueadero, tal cual como se ve en el video.
Todos esos “poderosos” que dicen que por peligro se parquean mal NO tienen justificación.
El presidente Abelardo De La Espriella llegó al Palacio de Justicia para asistir a su primera reunión con las altas cortes. El mandatario hará visitas institucionales en el Consejo de Estado, la Corte Suprema y la Comisión Nacional de Disciplina Judicial. https://t.co/f0wz5K8LNE
OJO A ESTO QUE NO ES UN JUEGO: 🚨
¿Bogotá y la alcaldía en serio están preparadas para un sismo de gran magnitud? 🤔
Hay un dato que debería abrir el debate: el 74 % de las edificaciones de Bogotá fue construido entre 1960 y 1999.
Eso no significa que sean edificaciones inseguras, pero sí recuerda que la ciudad se construyó en contextos muy distintos y con un acceso históricamente desigual a buenos estándares técnicos, especialmente durante las décadas en las que se expandieron con mayor intensidad los asentamientos de origen informal.
Y algo que preocupa aún más, el 35,6 % de las edificaciones de Bogotá están construidas en mampostería simple y el 39,4 % en mampostería semiconfinada. (Se ve en la foto)
La pregunta es entonces:
¿En qué condiciones fueron construidas y qué capacidad tienen para responder ante un terremoto las construcciones de Bogotá?
Hoy, un ciudadano no tiene una herramienta que le permita saber si el edificio donde vive, trabaja o estudia cuenta con condiciones adecuadas de sismorresistencia.
Por eso, PROPONEMOS un sistema de certificación visible que permita identificar qué edificaciones cumplen con los estándares técnicos.
¿Qué opinan? Los leo 👇🏼
Entiendo la preocupación, pero precisamente queremos que esta conversación se dé con información técnica y no desde el alarmismo.
Los datos que estamos presentando provienen del IDIGER. De las 944.690 construcciones modeladas en Bogotá, el 35,6 % corresponde a mampostería simple y el 39,4 % a mampostería semiconfinada. Juntas representan el 75 % de las construcciones analizadas.
¿Y qué nos dicen las funciones de vulnerabilidad de SISMARB?
La gráfica relaciona dos variables: en el eje horizontal aumenta la aceleración del movimiento sísmico y, en el vertical, aumenta la Relación Media de Daño (RMD), que representa el nivel promedio de daño esperado para cada tipología de edificación.
Cuanto más hacia la izquierda está una curva, menor movimiento sísmico necesita esa tipología para alcanzar niveles importantes de daño.
El SISMARB muestra mampostería simple, semiconfinada y confinada para edificaciones de dos pisos construidas después del año 2000. Es decir, se mantienen iguales la altura y el período de construcción y podemos observar la diferencia asociada al sistema estructural.
La mampostería simple alcanza niveles elevados de daño con aceleraciones menores. La semiconfinada necesita un movimiento mayor para alcanzar un daño equivalente y la confinada desplaza todavía más esa respuesta hacia aceleraciones superiores.
Eso no significa que una edificación en mampostería simple necesariamente vaya a colapsar, ni que el 75 % de Bogotá esté en riesgo de colapso. La RMD tampoco es una probabilidad directa de caída del edificio. Lo que muestran estos modelos es que las distintas formas de construir tienen vulnerabilidades y comportamientos diferentes frente al mismo fenómeno sísmico.
Ese es precisamente el fundamento de la conversación: si tres de cada cuatro construcciones modeladas corresponden a mampostería simple o semiconfinada, vale la pena conocer mejor sus condiciones y determinar dónde pueden existir mayores vulnerabilidades.
Informar sobre el riesgo no es anunciar una tragedia. La prevención consiste en entender, antes de un sismo severo, cómo está construida nuestra ciudad, cómo pueden responder sus edificaciones y qué podemos hacer para reducir sus vulnerabilidades.
Entiendo la preocupación, pero precisamente queremos que esta conversación se dé con información técnica y no desde el alarmismo.
Los datos que estamos presentando provienen del IDIGER. De las 944.690 construcciones modeladas en Bogotá, el 35,6 % corresponde a mampostería simple y el 39,4 % a mampostería semiconfinada. Juntas representan el 75 % de las construcciones analizadas.
¿Y qué nos dicen las funciones de vulnerabilidad de SISMARB?
La gráfica relaciona dos variables: en el eje horizontal aumenta la aceleración del movimiento sísmico y, en el vertical, aumenta la Relación Media de Daño (RMD), que representa el nivel promedio de daño esperado para cada tipología de edificación.
Cuanto más hacia la izquierda está una curva, menor movimiento sísmico necesita esa tipología para alcanzar niveles importantes de daño.
El SISMARB muestra mampostería simple, semiconfinada y confinada para edificaciones de dos pisos construidas después del año 2000. Es decir, se mantienen iguales la altura y el período de construcción y podemos observar la diferencia asociada al sistema estructural.
La mampostería simple alcanza niveles elevados de daño con aceleraciones menores. La semiconfinada necesita un movimiento mayor para alcanzar un daño equivalente y la confinada desplaza todavía más esa respuesta hacia aceleraciones superiores.
Eso no significa que una edificación en mampostería simple necesariamente vaya a colapsar, ni que el 75 % de Bogotá esté en riesgo de colapso. La RMD tampoco es una probabilidad directa de caída del edificio. Lo que muestran estos modelos es que las distintas formas de construir tienen vulnerabilidades y comportamientos diferentes frente al mismo fenómeno sísmico.
Ese es precisamente el fundamento de la conversación: si tres de cada cuatro construcciones modeladas corresponden a mampostería simple o semiconfinada, vale la pena conocer mejor sus condiciones y determinar dónde pueden existir mayores vulnerabilidades.
Informar sobre el riesgo no es anunciar una tragedia. La prevención consiste en entender, antes de un sismo severo, cómo está construida nuestra ciudad, cómo pueden responder sus edificaciones y qué podemos hacer para reducir sus vulnerabilidades.