Uno puede, desde luego, matar a su hijo mientras se gesta en el vientre materno y puede abandonar a esa mujer a la que un día juró dedicar su vida, pero lo que no, lo que ni de coña puede hacer es quitarse de la cabeza el estribillo de una canción de Sabina.
Yo buscando champú:
–¿Qué tipo de pelo tienes?
–Un pelo de mierda.
–Jajaja yo no he dicho eso, ¿como lo tienes?
–Lo tengo que se me cae.
Sé de dónde vengo y a dónde voy, no me escondo.