tú imagínate pasar por esto todos los meses y que tengas que aguantar a los hombres diciéndote, “la regla no es pa tanto”, “una patada en los huevos duele más”, “ay ya te tomaste un ibuprofeno?”…
A veces pienso que diciembre llega demasiado pronto. Que no nos da tiempo a prepararnos para las luces, para las calles llenas, para los villancicos que se cuelan sin pedir permiso.
Y ahí, en medio de todo eso, aparece tu recuerdo. Como una silla vacía en la mesa,
como una risa que ya nadie puede imitar,
como un abrazo que todavía sé cómo se sentía.
Dicen que el tiempo lo cura todo.
Pero nadie habla de las fechas que duelen,de los días que deberían ser bonitos y se vuelven un poquito más fríos porque faltas tú.
Yo te sigo pensando.
En cada brindis, en cada foto, en cada luz que se enciende. Y aunque ya no estés,
sigues siendo la parte más cálida de mi invierno.
Porque hay ausencias que no se superan.
Se llevan, se abrazan en silencio…
Y se recuerdan, sobre todo, cuando llega la Navidad.
Ni me gusta la fiesta, ni el alcohol, ni fumar ni ninguna otra droga, no me gusta liarme con uno y mañana con otro, prefiero madrugar e irme de ruta a un pueblo q pasar un día de resaca, prefiero un plan de peli y manta q estar rodeada de gente y creo en el amor para toda la vida
Te acojona, porque sabes que puede salir bien… o puede doler como nunca.
Pero aun así, no quieres pararlo ni de broma.
Porque en el fondo, lo que más miedo da, también es lo que más vida te da.
El amor.
El tiempo no avisa.
Un día te despiertas y descubres que aquella canción ya es de hace diez años, que la ropa que tanto usabas duerme en un cajón y que las personas que creías eternas solo aparecen en fotos antiguas. Todo se mueve deprisa, como si alguien estuviera girando las páginas demasiado rápido.
Y ahí está la lección: no puedes detenerlo, pero sí elegir cómo vivirlo.
Quedarte un rato más en la mesa aunque el café se haya enfriado. Reírte tan fuerte que duela la barriga. Decir “te quiero” sin miedo al silencio de después. Guardar los mensajes bonitos y no las excusas.
La vida real —la emocionante— no está en los grandes logros que colgamos en redes, sino en los detalles que casi nadie presume: en la mano que te aprieta fuerte cuando tienes miedo, en la llamada inesperada que cambia un día entero, en esa mirada que vale más que cualquier discurso.
El tiempo pasará igual.
Lo único que puedes hacer es llenarlo de momentos que, cuando mires atrás, te hagan sonreír aunque ya no estés allí.