Entonces tú me quieres decir q esa gente en Vargas que habló con la prensa, llena de tierra, sin dormir o comer x días, buscando a su familia con sus propias manos, desesperados ¿eran en realidad operadores políticos entrenados para crear matrices mediáticas contra del chavismo?
Ese sábado fui al refugio con un plan claro ya en mente. Había elegido a mi perro en línea: un mestizo de Pitbull fuerte y guapo, con ojos gentiles y expresivos. Incluso había empezado a llamarlo Bruno antes de conocerlo.
En mi mente, todo parecía simple. La puerta del kennel se abriría, él vendría directamente hacia mí con la cola meneándose, y nos iríamos a casa juntos. Ya me imaginaba haciendo caminatas y teniendo un compañero leal a mi lado.
Pero cuando el voluntario abrió la puerta, nada salió como lo había imaginado. Bruno no se movió. Ni cola meneándose, ni emoción. Solo se quedó allí en el concreto, soltó un sonido suave e incierto, y bajó la cabeza.
Confundido, me acerqué más. “Vamos, amigo”, dije suavemente, extendiendo la correa. Me miró por un momento, luego miró más allá de mí. Cuando seguí su mirada, vi a un cachorrito mestizo diminuto acurrucado en la esquina, tratando de hacerse invisible.
El pequeño cachorro, tal vez de ocho semanas, estaba temblando. Sus ojos estaban fijos en Bruno, y Bruno lo observaba con la misma intensidad.
Fue entonces cuando lo entendí. No solo compartían un espacio. Eran el consuelo el uno del otro. En un refugio ruidoso y abrumador lleno de perros ladrando, habían encontrado una sensación de paz mutua.
Bruno no estaba siendo terco. Solo no quería dejar a su amigo atrás. Sin un solo sonido, lo dejó claro: no se iría a ningún lado solo.
En ese momento, ya no se sentía como una elección. Se sentía como lo único que había que hacer.
Me volví hacia el personal, tomé aire y pregunté: “¿Es posible adoptar a los dos?” El voluntario sonrió y dijo que habían estado esperando que alguien lo hiciera. Los dos dormían acurrucados juntos todas las noches.
Después de que se completó el papeleo y todo quedó finalizado, salieron del refugio uno al lado del otro, manteniéndose cerca, tal como siempre estuvieron destinados a estar.
Lo que me inquieta de la IA es algo profundo: El ser humano está dejando de pensar, para que la máquina lo haga por él.
Hemos aceptado lógica de la caja negra con docilidad perruna: Algo entra, algo sale, y en medio ocurre un proceso que nadie puede explicar.
Lo llamamos “algoritmo”, como si ponerle nombre a lo incomprensible lo volviera confiable.
Lo he preguntado cientos de veces:
¿Por qué ningún ser humano puede explicar con claridad cómo opera un algoritmo de caja negra?
Ni el usuario, ni el técnico, ni siquiera quien lo diseñó. Y aun así, le estamos confiando nuestros criterios, nuestros juicios y, poco a poco, nuestras decisiones más delicadas.
La única respuesta que tengo son risas nerviosas de "eruditos" pronunciando su mantra favorito: "algoritmos". Ahí ya hay un problema serio.
Pero en la salud y la medicina, el problema se vuelve grave.
Quienes trabajamos con el ser humano real sabemos algo que no entra en ningún software: las enfermedades tienen un origen emocional.
El cuerpo habla lo que el alma calla.
El síntoma no es solo un fallo biológico, es un mensaje, una herida que busca salida.
Y entonces la pregunta incómoda:
¿Cómo puede una máquina diagnosticar lo que no puede sentir?
La IA no conoce de angustias, no reconoce el duelo, no percibe la culpa ni el resentimiento. Puede leer exámenes, imágenes, estadísticas. Pero no puede escuchar el silencio de un paciente, ni intuir cuándo una enfermedad aparece después de una pérdida o un miedo.
El primer gran error de esta "medicina moderna" fue separar el cuerpo del alma, en base al infame Informe Flexner. Ahora la IA está a punto de sellar esa separación.
Estamos delegando diagnósticos y decisiones clínicas a sistemas que no entienden el dolor, la emoción ni el sentido. Eso no es progreso. Es renuncia al discernimiento.
Causa intrantranquilidad ver como el el hombre le entrega su juicio a una máquina que no sabe ni como funciona.
No es una crisis tecnológica es una crisis humana.
El día que el hombre dejó de pensar por sí mismo, la máquina no tuvo que conquistar nada. Solo ocupó el lugar vacío.
Desconfío del ser humano cuando renuncia a comprender lo que usa, porque ahí comienza la verdadera oscuridad.
@Pauliina_Mejia Desafortunadamente el mensaje repetitivo de la sociedad hoy en día es que todo es desechable, ya nadie quiere esforzarse por su matrimonio, por sus parientes, por conservar sus amigos, etc. Vivimos en un yo-centrismo escondido detrás de mantras de paz mental y de “bienestar”
@CarlosMaldon@Alex_candal Los que estamos aquí déjanos con la esperanza, con la fé y con la convicción de que lo que queremos va a pasar y sucederá en nombre de Dios. Esta vz diferente. Usa tus redes para orar y dar animos no llenes de decepción a los corazones de los venezolanos que ya bastante tenemos.
@CarlosMaldon@Alex_candal Así es. Así que Pablito te quiero y admiro. Quédate con el fútbol y se que tienes derecho a opinar pero si vas a desmotivar a los que aún seguimos aquí echándole ganas a la vida, unos mejores otros peores mejor no digas nada. Tu no sabes la necesidad de este pueblo y el hambre..
@petrogustavo Petro,
Usted es una vergüenza para Colombia, un simple títere, un arrodillado a Maduro, una mascota.
No solo no rechaza el fraude ni la depresión sino que además pide levantar sanciones a un régimen mafioso que necesita MÁS SANCIONES
Que vergüenza
RT RT RT
@petrogustavo Esto ya no es de izquierda o derecha, vos sos una mala persona. Hay que ser un terrible ser humano para a estas alturas no condenar a un asesino como Maduro. Esto es una vergüenza, siento tristeza por los colombianos.
Espero este comunicado sea repudiado por TODOS. Es terrible.
@yojanh@zuricht94 Y cuál es el peo! Que quemen toda esa mierda. Hasta cuándo tendremos que sufrir porque a este malparido gobierno le de la gana. Y cuando ellos matan, roban y secuestran? ES AHORA O NUNCA! Tu hijo está allá, que siga observando y calle porque tú mismo lo dijiste, no está aquí.