Los futbolistas tenían que decir que las Malvinas son nuestras y Messi afirmar que sabe que la gente necesita una alegría porque no le alcanza para llegar a fin de mes. Con eso era suficiente para inicie el principio del fin del gobierno. Recuerden, todo es político. El futbol también.
Los únicos argentinos enojados con la bandera de Malvinas que desplegaron los jugadores son el Presidente de la Nación y algunos termos liberotarios. El resto estamos orgullosos de esta Selección.
Los “pibes” de Malvinas hoy son todos jubilados que se atienden en un PAMI desfinanciado por un presidente que admira a Margaret Thatcher y que dice que los kelpers tienen derecho a la libre determinación.
Gritaste el gol de Julián como si no hubiera mañana, festejaste en el obelisco y te querés comer crudos a los ingleses en semis.
Ah, pero en las urnas...