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Si la FA de @49ers estaba siendo impoluta, la renovación antes del #NFLDraft de Trent. Disminuye las prisas y podremos elegir BPA sin tanta urgencia.
Nos quitamos el 🎩
#49ersESP
Por qué siguen designando al dúo Arbeloa-Trujillo para partidos del Madrid?
Porque saben perfectamente lo que quiere el CTA de ellos. Son cosas que se aprenden invirtiendo €8000 en el coaching de Negreira Junior
#NegreiraRetro
No son sólo los arbitrajes al Madrid, es también la realización televisiva: sólo en el último mes se han ocultado varias veces imágenes al espectador y, con toda probabilidad y mayor gravedad, también al VAR, lo que le ha costado o podido costar puntos. Esto se suma a un arbitraje español que está siendo investigado por corrupción continuada en el Deporte. Recordemos, además, que un juez ya dictaminó recientemente que se hab��an sesgado y omitido imágenes al VAR en un Valencia - Real Madrid y en un Espanyol - Atleti, lo que perjudicó a madridistas y pericos. Pero insisto. Esto que se relata a continuación ha pasado en el último mes.
El 6 de marzo, en Balaídos, Vinicius es desequilibrado con un empujón justo en el momento en el que remata ante el portero. Aunque el disparo acaba en el poste (una acción que siempre merece varias repeticiones al tratarse de una ocasión manifiesta de gol), en este caso no se ofrece ni una sola. Muy sospechoso. Resulta difícil no pensar que se intenta dar carpetazo al posible penalti, sacándolo del debate público, y que tampoco se facilitan las imágenes al VAR, donde estaba Pulido Santana, por si se le ocurriera pedir su revisión al árbitro. El Madrid termina ganando ese partido en el último suspiro.
El 4 de abril, en Mallorca, hay una mano clara de Pablo Torre a los tres minutos de partido. No admite dudas: no viene de rebote y está completamente despegada del cuerpo. La realización televisiva no muestra ninguna repetición, algo llamativo si se tiene en cuenta que, cuando el Real Madrid podría estar cometiendo una infracción, incluso de forma remota, las jugadas se repiten una y otra vez. De hecho, con el Madrid implicado, se pasan varias repeticiones aun cuando a todas luces no hay nada, de forma que puede instalarse en el subconsciente colectivo que se le está beneficiando. En este caso, la acción sólo llega al espectador a través de redes sociales y horas después del pitido final. Todo indica que Iglesias Villanueva, en el VAR, tampoco recibe esas imágenes y, por tanto, no tiene la opción de avisar a Sánchez Martínez. Algo que, por otro lado, probablemente nunca hubiera hecho, conociéndole. Pero lo que no se muestra no existe.
Ayer 10 de abril, en el Santiago Bernabéu, Real Madrid - Girona, se produce un codazo violento y temerario de Vitor Reis a Mbappé en la cara, que incluso le provoca sangrado, además de trabarle simultáneamente abajo: un penalti indiscutible. Pero las imágenes vuelven a omitirse y no se muestra la sangre durante la retransmisión. Se esconde. Se oculta. Se entierra. No la ve ni el espectador ni muy posiblemente Trujillo Suárez en el VAR. Así es más difícil que pueda avisar a Alberola del fortísimo impacto, cuya intensidad quedaría probada por la sangre de Mbappé. Incluso sin ella la infracción era evidente y debía haberse castigado, pero ya conocemos a este esbirro del Cártel Arbitral. Corría el minuto 88: el Madrid habría ganado el partido de haber convertido esa pena máxima.
No puede caer en el olvido ni pasar desapercibido que la realización televisiva y estas omisiones, difícilmente atribuibles al azar, ocultan al espectador posibles perjuicios arbitrales al Real Madrid y dificultan o impiden la labor del VAR, cuya función es corregir errores claros del árbitro de campo. Todo ello, unido a esa investigación judicial sobre la corrupción sistémica en el arbitraje español, a una dinámica persistente en la que las calificaciones castigan los errores favorables al Madrid o contrarios al Bar��a, mientras se premian los de sentido opuesto, y a designaciones que tienden a elegir a los árbitros más ‘convenientes’ en momentos decisivos, hacen necesaria una intervención de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en el fútbol español, ya que ninguno de sus agentes parece estar mínimamente contrariado por su secuestro y adulteración.
🚨49ers ESPAÑA🚨
Nos hace mucha ilusión contar esta nueva aventura, @LaMinaPodcast y @49ers_Spain unen fuerzas bajo la misma marca y logo.
Toda la afición de 49ers en España iremos de la mano, con un contenido espectacular y muchísimas novedades!! Estad atentos 😍😍
¿Preparados para esta nueva aventura?
#49ersESP
Negreira y el dinero del relato
No es el mismo hecho.
Pero es el mismo esquema.
El caso Negreira cuestiona la limpieza del arbitraje.
Los millones que paga LaLiga a medios y periodistas cuestionan la limpieza del relato.
Son planos distintos.
El daño, comparable.
Negreira no era un tercero cualquiera.
Era el vicepresidente de los árbitros.
Cobró durante años.
Millones.
Mientras el sistema miraba a otro lado.
Eso no era comunicación.
Era poder.
LaLiga tampoco paga a terceros inocuos.
Paga a quienes construyen opinión.
A quienes marcan agenda.
A quienes deciden qué escándalo dura un día
y cuál se diluye durante años.
Eso tampoco es neutral.
En Negreira, el dinero fluía hacia quien influía en decisiones deportivas.
En LaLiga, el dinero fluye hacia quienes influyen en decisiones informativas.
No es el mismo hecho.
Pero es el mismo esquema.
Poder que paga.
Influencia que se ejerce.
Y un sistema que se acostumbra.
En un caso, el problema es penal.
En el otro, el problema es democrático.
Pero ambos erosionan lo mismo:
la credibilidad del fútbol.
Cuando el vicepresidente del CTA cobra del club más beneficiado de la historia reciente,
la sospecha es inevitable.
Cuando el presidente de LaLiga reparte millones en convenios opacos de comunicación
a quienes deben fiscalizarle,
la sospecha es estructural.
Aquí no va de periodistas.
Va de sistema.
Porque nadie acusa a todos.
Pero tampoco se puede fingir que no pasa nada.
La pregunta no es si los contratos son legales.
La pregunta es si son sanos.
¿Quién cobra?
¿Cuánto?
¿Por qué concepto exacto?
¿Con qué contrapartida real?
Si esas respuestas no están claras,
el problema no es jurídico.
Es institucional.
Negreira deformó el arbitraje.
El dinero de LaLiga deforma el debate.
Uno condiciona el resultado.
El otro condiciona el juicio sobre el resultado.
Y ambos producen el mismo efecto:
quien manda, no es fiscalizado.
Por eso, cuando se pide “no construir relatos”,
lo que se pide, en realidad,
es no mirar donde duele.
El relato no se construye.
Se paga.
Y cuando el dinero circula siempre en la misma dirección,
la independencia deja de ser un principio
para convertirse en consigna.
El fútbol español no solo tiene un problema con el pasado.
Tiene un problema con el presente.
Con quién cobra.
Con quién pregunta.
Y con quién decide no hacerlo.
Negreira es una herida abierta.
Los millones del relato son el anestésico.
No son lo mismo.
Pero cumplen la misma función.
Y mientras no se entienda eso,
no habrá regeneración.
Solo cambio de escenario.
L REAL MADRID Y EL FISCAL ACORRALAN A LAPORTA MIENTRAS LALIGA Y LA RFEF SE QUITAN LA CARETA
La declaración de Joan Laporta ya pertenece a los hechos.
Y lo que ha dejado tras de sí es una certeza devastadora: cuando el Real Madrid entra con bisturí, no queda espacio para el relato.
Florentino Pérez lo había advertido: “Esto no es normal”.
Ayer se confirmó con precisión clínica.
El Real Madrid desplegó sus preguntas -todas basadas en hechos acreditados y en el interrogatorio preparado al milímetro- con un propósito claro: mostrar lo que Laporta no podía explicar.
Y así fue.
Porque Laporta no puede responder cuando cada respuesta abre otra grieta:
No puede explicar por qué los pagos crecieron un 800 %.
No puede explicar por qué se aceptaron actas fiscales que calificaban los pagos como meras liberalidades.
No puede explicar por qué el club ocultó información a Hacienda, a Fiscalía, al compliance y hasta a sus propios auditores.
No puede explicar que el primer encargo “documentado” fuera una factura por “packs de aloe vera”.
No puede explicar un Mundial analizado… antes de jugarse.
No puede explicar que los “informes técnicos” incluyeran información privada de árbitros, imposible de obtener sin influencia interna.
No puede explicar por qué un hijo que dice “no saber nada de los pagos a su padre” era, según el club, el autor de unos informes que él ha reconocido cobraba por otro lado.
No puede explicar cómo un analista en Turquía podía simultáneamente analizar la Liga española.
Estas fueron las preguntas del Real Madrid.
Preguntas directas.
Preguntas simples.
Preguntas devastadoras.
Preguntas que revelaron que la declaración de Laporta no fue una declaración: fue un inventario de imposibles.
Un campo minado que él mismo había sembrado y que ahora estalla bajo sus pies.
Pero la causa añadió algo más.
Algo todavía más destructivo para el relato oficial.
Ernesto Valverde declaró ante el mismo juzgado.
Y fue tajante: nunca nadie en el F.C. Barcelona le ofreció informes arbitrales.
Nunca supo de su existencia.
Nunca él ni nadie de su cuerpo técnico los recibió, los pidió o los utilizó.
Y no fue el único.
Luis Enrique Martínez también declaró.
Y dijo exactamente lo mismo.
Que no sabía nada.
Que nadie le entregó informe alguno.
Que nadie de su staff tuvo jamás acceso a esos supuestos análisis.
Dos entrenadores.
Dos etapas distintas.
Dos testimonios coincidentes.
Una sola conclusión.
No es una casualidad.
Es una prueba.
Porque si ni Valverde ni Luis Enrique —entrenadores del primer equipo— conocieron esos informes,
si ningún cuerpo técnico los utilizó,
si nadie los pidió,
entonces la pregunta ya no es deportiva.
La pregunta es otra:
¿para qué se pagaron millones durante años?
¿Para quién eran esos informes?
¿Y con qué finalidad real?
El patrón es evidente:
Nada encaja si no se acepta la verdad que Barcelona y Federación llevan años intentando ocultar.
Y Fran Soto -la apuesta de Rafael Louzán- pide públicamente y sin pudor olvidar.
El contraste no pudo ser mayor.
El Real Madrid preguntó para iluminar.
Mientras tanto, LaLiga apenas compareció.
Su abogado, Francisco Martínez, se limitó a una sola pregunta:
si era cierto que el hijo de Enríquez Negreira acompañaba a los árbitros al Camp Nou.
Una pregunta.
Solo una.
Cuando el procedimiento ofrecía decenas de flancos para una acusación real.
Y, como si el sarcasmo fuera poco, Javier Tebas aparecía a la misma hora en los medios dando lecciones de ética al entrenador del Sevilla.
La ética, esta vez, hubiera sido otra:
guardar silencio
y permitir que su abogado ejerciera una acusación seria, inquisitiva y exhaustiva frente a Laporta.
No ocurrió.
La ética es garantizar la integridad de la competición.
Algo que para Javier Tebas parece una quimera.
El partido de Miami es una prueba.
Y su negativa a llevar a efecto la reciente sentencia del Supremo que afecta al Fair Play financiero de los clubes, otra.
Peor aún fue lo de la Federación.
Personada como acusación, estuvo representada por la abogada Beatriz Seijo, que prefirió no formular ni una sola pregunta.
Ni una.
Vergüenza absoluta.
Y la vergüenza es mayor cuando se recuerda que Beatriz Seijo pertenece al círculo íntimo de Rafael Louzán y es miembro de la Junta Directiva.
Ejercer como abogada de la Federación en estas condiciones no es solo una anomalía:
vulnera el código de buen gobierno, la Ley del Deporte y el Real Decreto de Federaciones,
y evidencia una incompatibilidad palmaria.
El resultado fue tan claro como inquietante:
solo el fiscal y los abogados del Real Madrid ejercieron realmente la acusación.
La comparecencia de Laporta dejó expuesto que:
– Los pagos no tenían justificación técnica.
– Los supuestos informes no existieron como herramienta deportiva real.
– Los entrenadores del primer equipo —Valverde y Luis Enrique— no los conocieron ni los utilizaron.
– La relación con Negreira no fue un error, sino un sistema.
– La ocultación no fue un accidente, sino una práctica sostenida.
– La estructura de influencia arbitral fue real, constante y conocida por quienes debían detenerla.
– Y que LaLiga (Javier Tebas) y la RFEF (Rafael Louzán) han estado en el procedimiento como meras comparsas.
El caso Negreira ya no es una sospecha.
Es una realidad judicial, fiscal y federativa.
Y tras lo visto y oído en el juzgado, hay una conclusión que ya no admite rodeos ni maquillajes:
lo ocurrido no fue un exceso aislado, ni una irregularidad administrativa, ni una mala práctica puntual.
Fue un sistema.
Un sistema sostenido durante años.
Un sistema financiado con millones.
Un sistema ocultado deliberadamente.
Un sistema tolerado por quienes tenían la obligación de impedirlo.
Una corrupción sistémica.