La prostitución no es un ejercicio de libertad, sino la culminación de la violencia económica del capital sobre la mujer proletaria. No existe consentimiento allí donde impera la necesidad de supervivencia.
Perder a veces el sentido de las cosas es abstractamente abrumador y dejarse llevar se vuelve un viaje, inexplicable e irracional. No sabes cómo lo haces, pero llegas al punto en que haces algo, te mueves y bueno, ahí vas.