Hay en Jesús más perdón del que la totalidad de nuestros pecados pueden requerir; una gracia tal que frente a ella lucen pálidos todos los fracasos que cometemos de la cuna a la tumba; tantas victorias que ninguna de nuestras derrotas podrá opacar.
En el mundo de lo vertiginoso se olvida el encanto que hay en lo que va despacio, en la fortuna de hallar una flor silvestre y ver cómo el Creador te sonríe en ella.
No es la luna admirada por su poder sobre las mareas, sino por la hipnosis con que captura su encanto.
Aun así, belleza del amor prensa con más tensión.
No hay pérdida en quien siembra en el Reino de Dios su tiempo, recursos, fuerza y vida. Lo máximo que tal persona podría ‘perder’ es la vida misma, pero en ese Reino, aún el grano que muere lleva mucho fruto y el que pierde su vida por causa de Él, la halla.
Si vamos a ver la Iglesia de Dios realmente restaurada a su gloria original, debemos recuperar la predicación sencilla y clara del Evangelio.
—Ch. Spurgeon
Hay algo más que sé y que me viene siempre bien recordar: Si hoy no he visto Su bondad es porque no he dedicado la atención o el tiempo suficiente.
Siempre está ahí.
Hay una verdad que me sostiene y que me hace esperar, en cada día, lo mejor aun contra lo que mis ojos ven; y es que ninguna nube o lluvia torrencial, ninguna niebla o gélido granizo ocultarán nunca la luz que provee Jesús, la Estrella de la mañana.
En un mundo donde todo se precipita vertiginosamente de cambio en cambio y el futuro siempre es incierto, el atributo de la inmutabilidad de Dios sigue brillando con fuerza plena.
Su providencia permanece.
Intercesión eficaz no es, en definitiva, una oración en la que convenzo a Dios de que mi petición es justa o mi plan es bueno; por el contrario, es el clamor en el que, por Su Espíritu, mi alma pide recibir de Su gracia aquello que es conforme a Su Reino.
Dejamos de agradecer cuando perdemos consciencia de la misericordia.
Dejamos de soñar cuando perdemos consciencia de la gracia y la omnipotencia divina.
Nos ahogamos en lo humano de la vida cuando nos olvidamos de la eternidad que hay en Jesús.
El Domingo de ramos una multitud aplaudía diciendo “Hosanna” a un Jesús rodeado de amigos. Para el jueves todos sus cercanos se esfumaron y los que antes aplaudían ahora lo enjuiciaban o callaban por miedo. Para el viernes, Jesús oró por todos diciendo: “Padre, perdónalos”.
Ni recordar lo pasado ni anhelar lo futuro dañan el corazón que ha encontrado plenitud en Jesús cada mañana. Ni la añoranza que carcome ni el deseo que produce ansia habitan el alma que hace de Jesús fuente para afrontar el afán el día a día.
Cuatro fracasos fundamentales de la iglesia contemporánea:
1. Tolerar la inmadurez emocional.
2. Hacer hincapié en hacer por Dios en lugar de estar con Dios.
3. Ignorar los tesoros de la historia de la iglesia.
4. Definir el éxito erróneamente.
@petescazzero