La perversión de los invasores españoles no tuvo límites:
«Es bien conocido el brutal experimento que llevó a cabo el placentino Francisco de Almendras, pariente y amigo de los Pizarro.
Dado que no tenía en más estima a los indios que a unos animales, se le ocurrió una pregunta aberrante, ¿si una india podría quedarse embarazada por un perro?
Ayuntó a su mastín con una pobre india para comprobar el resultado.
Sin embargo, en vez de esperar a comprobar que no se podía quedar preñada, temiendo que ésta pariese un monstruo, la quemó en la hoguera.
A algunos testigos presenciales les pareció excesiva su actuación, aunque se tratase de una india, pero nadie denunció nunca a este psicópata.»
Referencia
Mira Caballos, E. (2013). Imperialismo y poder: Una historia desde la óptica de los vencidos. Editorial Círculo Rojo.
Todos crecimos temiéndole a La Llorona — la mujer de blanco que llora junto al agua buscando a sus hijos. La leyenda popular cuenta que, traicionada por su amante, ahogó a sus niños en el río y murió de dolor, condenada a vagar de noche gritando '¡Ay, mis hijos!'. Pero su llanto es mucho más antiguo. Hacia 1550, fray Bernardino de Sahagún documentó, entre los presagios de la caída de Tenochtitlan, a una mujer que recorría la ciudad de noche gritando: '¡Hijitos míos, ¿a dónde os llevaré?'. Esa figura se identificó con Cihuacóatl, la 'Mujer Serpiente', diosa madre mexica de la vida y la muerte. Su lamento era el augurio del fin del imperio. Siglos después, la leyenda se fusionó con Malintzin —La Malinche— como la madre traicionada por el conquistador, aunque esa lectura no es histórica, sino una resignificación del trauma de la Conquista (Octavio Paz la analizó en El laberinto de la soledad). También llegaron ecos de las 'damas blancas' europeas y de Medea. La Llorona no nació de un solo suceso: se armó por capas, y la más honda es prehispánica. 👻 #HistoriaQueDuele #LaLlorona #mitología #México
Ya casi nadie lo recuerda, pero en 1927, México y Estados Unidos estuvieron a un paso de irse a la guerra otra vez. El motivo fue el petróleo.
Todo empezó con la Constitución de 1917. En su artículo 27 quedó escrito algo revolucionario: el subsuelo de México le pertenece a la nación. Es decir, el petróleo era nuestro.
El problema es que desde los tiempos de Porfirio Díaz, las compañías petroleras estadounidenses se habían quedado con enormes concesiones.
Y cuando el presidente Plutarco Elías Calles quiso aplicar la ley y obligarlas a respetar la soberanía mexicana, las empresas gritaron que les estaban robando y corrieron a pedirle ayuda a su gobierno.
En Washington la palabra "guerra" empezó a sonar en serio. No era una amenaza vacía: Estados Unidos ya había invadido Veracruz en 1914 y perseguido a Villa en 1916.
Los militares norteamericanos empezaron a planear cómo proteger con las armas los pozos petroleros de sus compañías.
Pero Calles tenía un as bajo la manga. Para saber si la invasión era real, metió a un espía en la mismísima embajada de Estados Unidos en México. Lo conocían sólo por una clave: "10B".
Ese agente robó documentos que confirmaron que el Departamento de Guerra ya tenía mapas y planes listos para una posible invasión. Gracias a él, México supo a qué se enfrentaba antes de que fuera demasiado tarde.
Con esa información, Calles jugó sus cartas: firmeza para no ceder, negociación para ofrecer una salida y mucha diplomacia. La guerra se planeó pero nunca ocurrió. Y esa lección haría posible la expropiación petrolera de 1938.
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Ayer se cumplió un año desde que la Suprema Corte de Justicia, condenó a Luis de Llano por abuso y daño moral obligándolo, entre otras cosas, a hacer una disculpa pública.
Luis quiere prolongar su impunidad lo cual demuestra su falta de conciencia. Ha buscado cualquier recurso legal a su alcance para aplazar el cumplimiento de su sentencia. Sólo aplazar, porque la sentencia es irrevocable.
Han pasado 365 días desde que la máxima autoridad judicial del país lo declaró culpable; 4 años desde que decidí denunciarlo y más de cuatro décadas desde que abusó de mí. ¿Cuánto tiempo más hay que esperar?
La justicia no se obtiene solamente con una sentencia a favor, sino con el cumplimiento de la misma.
26-junio-1811.
¿Qué se le perdió a Allende en una Revolución?
Don Ignacio María de Allende y Unzaga, benemérito de la patria en grado heroico, nació en la villa que hoy lleva su nombre, en 1779, en familia próspera y acomodada (nada más hay que ver su casa). Entró muy joven al ejército y ganó ascensos y honores en Texas contra apaches y comanches. Regresó a San Miguel en 1808 como capitán y jefe del Regimiento de Caballería de la Reina que estaba ahí acantonado. Era rico, viudo y libre y, conforme a su estado y su carácter, gustaba de los deportes a caballo, la caza, las mujeres y la vida bohemia.
Esa vida de despreocupada disipación terminó cuando decidió involucrarse en las juntas secretas que se formaron en Valladolid y Querétaro para oponerse a la ocupación de España por las fuerzas de Napoleón Bonaparte. Las juntas devinieron en una conspiración algunos de cuyos miembros empezaron a proponer la emancipación de México de su metrópoli.
Los conspiradores planeaban levantarse en armas el 1º de octubre de 1810, pero al ser descubierta la conspiración, don Miguel Hidalgo, párroco de Dolores, apoyado por los capitanes Ignacio Allende y Juan Aldama, decidió levantarse en armas inmediatamente, dando el grito de libertad en la noche del 15 al 16 de septiembre.
Los dos capitanes quedaron a la sombra de la vigorosa personalidad de Hidalgo, como sus organizadores militares, y en solamente cinco meses rompieron el espinazo del imperio español en América. Vencidos y vendidos, los dos capitanes (junto con Mariano Jiménez) fueron juzgados, comportándose con gran dignidad frente a sus jueces, y condenados a muerte. El 26 de junio les tocó sufrir la pena a los tres capitanes, hombres de edad madura, de futuro promisorio y desahogada posición que lo arriesgaron todo por la Independencia Nacional.
Imagina un virreinato que producía tanta plata que sostenía guerras en Europa, pagaba deudas con banqueros internacionales y movía mercancías en Asia, pero donde la mayoría de la gente vivía endeudada y usaba monedas de cuero y hueso para hacer pequeñas compras.
Eso fue Nueva España entre 1765 y 1821: una máquina gigantesca de plata, deslumbrante y al mismo tiempo profundamente desigual.
Con las reformas borbónicas, la monarquía española decidió hacer más eficiente la maquinaria hacendaria virreinal.
Llegó el visitador real José de Gálvez, reorganizó la administración con intendencias, recortó privilegios y se creó el Real Tribunal de Minería.
El objetivo era que las minas de Guanajuato, Zacatecas o Real del Monte produjeran más y mejor: más crédito para desaguar las minas, mercurio más accesible para purificar la plata, ordenanzas claras para quienes invertían.
El resultado fue brutal: entre 1780 y 1790, Nueva España se convirtió en el principal productor de plata del mundo. Tan sólo en 1810 salieron de México entre 20 y 40 millones de pesos de plata
Las monedas acuñadas en la Casa de Moneda de México viajaban por los “caminos de plata” a Veracruz y Acapulco, de ahí a Sevilla, Manila, Cantón.
Con esa plata se compraban sedas chinas, se pagaban cañones, se sostuvieron ejércitos.
Entonces, ¿el virreinato era rico o pobre?
En la cima, sí: familias mineras y casas comerciales con palacios, retablos recubiertos de plata, vajillas que son casi lingotes decorados.
En la base, no: mineros indígenas y de castas trabajando hasta el límite, viviendo al fiado, dependiendo del pulso de un mercado que nunca controlan.
Un virreinato riquísimo, con una población mayoritariamente pobre mientras La Corona se llevaba la mejor parte.
Cuando estalló la guerra de Independencia, la máquina se rompió: minas inundadas, caminos inseguros, plata convertida en botín.
Lo que parecía eterno se desmoronó en una década.
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El Himno Nacional Mexicano lo compuso un catalán que nunca había pensado venir a México. Jaime Nunó Roca nació el 8 de septiembre de 1824 en San Juan de las Abadesas, una localidad de Gerona, en Cataluña, España. Sus padres fallecieron antes de que Nunó cumpliera los nueve años. Lo crió un tío comerciante de sedas que le pagó los estudios musicales en Barcelona. Estudió después en Italia con el maestro Saverio Mercadante. Regresó a España como director de la Banda del Regimiento de la Reina y viajó con ella a Cuba, donde ocurrió el accidente que cambiaría todo: en Cuba conoció y trabó amistad con el expresidente mexicano Antonio López de Santa Anna. Santa Anna regresó a México para su última presidencia y se llevó a Nunó consigo como director general de las bandas militares con grado de capitán. Era 1853 y Nunó tenía 29 años. Ese mismo año, el gobierno de Santa Anna convocó un concurso para componer la música del Himno Nacional, cuya letra había sido escrita por el poeta Francisco González Bocanegra. Nunó ganó el concurso entre quince compositores. El 15 de septiembre de 1854 se interpretó el Himno Nacional por primera vez con música y letra en el Teatro de Santa Anna. Cuatro meses después, Santa Anna fue derrocado por la Revolución de Ayutla. Nunó perdió su cargo, sus ingresos y su razón de estar en México. Regresó a Europa, luego emigró a Estados Unidos, donde pasó décadas completamente olvidado en Buffalo y después en Nueva York componiendo piezas menores, dando clases de música y sin que nadie en México supiera dónde estaba. En 1901 fue localizado por un grupo de mexicanos. Al enterarse, el presidente Porfirio Díaz lo invitó a México donde recibió varios homenajes, y en 1904 participó en el cincuentenario del Himno Nacional. Por primera vez en cincuenta años dirigió su propia música. Murió en 1908 en Nueva York. En octubre de 1942, el gobierno mexicano trasladó sus restos a la Rotonda de las Personas Ilustres, donde reposa junto a los del poeta González Bocanegra. El catalán que compuso el Himno de México descansa hoy en la Rotonda de los Ilustres mexicanos. Llegó a México por Santa Anna, compuso el himno que sobrevivió a Santa Anna, fue olvidado durante cincuenta años y regresó en gloria para morir en Nueva York. Pocos extranjeros han tenido una relación más accidentada y más definitiva con México.
El general Francisco Franco juró lealtad y prometió servir fielmente a la Segunda República Española tras la proclamación de esta en 1931. Sin embargo, años más tarde, el 18 de julio de 1936, lideró un golpe de estado militar contra el gobierno republicano, desencadenando la Guerra Civil Española.
El contexto del juramento
Al instaurarse la República, el entonces general Franco se encontraba al frente de la Academia General Militar de Zaragoza. Como alto cargo del Ejército, prestó juramento oficial de respetar y acatar el nuevo régimen constitucional y democrático. Incluso llegó a publicar escritos donde reafirmaba su respeto por la legalidad republicana vigente en aquel momento.
La ruptura y el conflicto
A pesar de haber prometido lealtad a la República, Franco la traicionó uniéndose a la conspiración militar planeada para derrocar al gobierno del Frente Popular legítimamente elegido por el pueblo español. El levantamiento armado comenzó en julio de 1936 y condujo a una cruenta guerra civil que duró hasta 1939, tras la cual estableció una dictadura que se prolongó hasta su muerte en 1975.
Durante tres siglos, México tuvo el monopolio absoluto de la segunda especia más cara del mundo gracias a una abeja. La vainilla es una orquídea de los bosques tropicales de Veracruz cultivada por el pueblo totonaca desde antes de que los aztecas los sometieran y les exigieran vainilla como tributo para aromatizar el xocolatl de Moctezuma. Cortés se la llevó a Europa en 1519 y las cortes reales enloquecieron con el aroma. Los europeos intentaron cultivarla en sus colonias tropicales durante dos siglos. Las plantas crecían. Florecían. Y no daban fruto. El secreto era una abeja: la melipona, endémica de México, era el único insecto del mundo capaz de polinizar la flor de la vainilla. Sin ella, la orquídea era estéril. México tenía las abejas. El mundo no. Papantla, Veracruz, llegó a ser conocida en Europa como "la ciudad que perfuma al mundo" y ganó premios en París en 1889 y Chicago en 1893. El monopolio se rompió en 1841 gracias a Edmond Albius, un esclavo de doce años en la isla de Reunión, en el océano Índico, que descubrió que podía polinizar las flores manualmente con una espina, flor por flor, en la ventana de doce horas en que cada una permanece abierta una vez al año. Nadie le pagó nada. Murió en la indigencia. Pero su técnica se extendió por todos los trópicos del mundo y en cincuenta años Madagascar había desplazado a México como principal productor. Hoy Madagascar produce el 80% de la vainilla mundial. México, que la inventó, produce el 7%. La especia que aromatiza tu helado, tu perfume y tu repostería es una orquídea mexicana de Veracruz que el mundo convirtió en su favorita y luego le quitó.
Los españoles creyeron entender el gobierno mexica, pero cometieron un error clave: separaron política y religión. En Tenochtitlan no existía esa frontera. Un cargo “militar” o “administrativo” era también un cargo sagrado. Guerreros sacrificaban, sacerdotes guerreaban y embajadores representaban tanto al tlahtoani como a los dioses de sus templos. Los títulos nobles —como tlacochcalcatl— derivaban de espacios ceremoniales: el cargo era inseparable del templo.
Gobernar implicaba encarnar a una deidad (ixiptla) y sostener el orden cósmico mediante rituales y autosacrificio. El Estado mexica era el cosmos funcionando en la tierra. Y podríamos entenderno desde sus propias categorías.
#MéxicoAntiguo #HistoriaDeMéxico #ArqueologíaMexicana
En 1840 llegaron al estado de Utah los colonizadores mormones, quienes en un inicio se negaban a comprar esclavos indígenas. Eventualmente los mormones adquirieron esclavos indígenas aconsejados por uno de sus principales líderes religiosos, Brigham Young, quien les dijo: “Compren a los niños (indios) lamanitas, y edúquenlos y enséñenles los evangelios y así no pasarán muchas generaciones antes de que se vuelvan personas blancas y dichosas”. ¿Acaso la misma lógica que emplearon los encomenderos y conquistadores castellanos en el siglo XVI? Esta pregunta la plantea el historiador Andrés Reséndez en su libro “La otra esclavitud”.
El chocolate fue la bebida más consumida de la Nueva España y también la más polémica. Los españoles que llegaron a América encontraron el xocolatl azteca amargo, frío y picante, lo rechazaron en un primer momento, luego le añadieron azúcar y canela, lo sirvieron caliente y nunca más lo soltaron. Durante la época colonial el chocolate fue la bebida de mayor consumo en Nueva España, y su popularidad cruzó el Atlántico con una velocidad que ninguna otra bebida americana logró igualar. Lo que nadie calculó fue el problema teológico que traía consigo. En las últimas décadas del siglo XVI y las primeras del XVII, su consumo antes de comulgar y durante la cuaresma para evitar los desmayos y desvanecimientos dio lugar a una controversia sobre si rompía el ayuno religioso. Como se bebía con leche y condimentos, algunos eclesiásticos afirmaban que era un alimento nutritivo, por lo que quebrantaba el ayuno; mientras que otros sostenían que ninguna bebida podía hacerlo. La pregunta llegó tan alto que el Papa Gregorio XIII declaró en dos ocasiones que no quebrantaba el ayuno, pero el debate continuó. El Papa tuvo que pronunciarse dos veces sobre una taza de chocolate y no sirvió de nada. El problema no era el ayuno sino la adicción. Las mujeres de la clase alta novohispana lo tomaban en la iglesia durante los servicios religiosos porque la misa duraba horas y el chocolate caliente hacía el trance más llevadero. En Chiapas las mujeres cambiaron la iglesia por los conventos para escuchar misa, luego de que se prohibiera su consumo. El obispo prohibió el chocolate en misa, las feligresas se fueron a los conventos donde la regla era más flexible. Cuando profesaba una novicia en una orden con estricta regla, como las Carmelitas Descalzas, solían hacer voto de no beber chocolate ni ser causa de que otro lo bebiera. Una orden religiosa que añadió el chocolate a sus votos de pobreza, castidad y obediencia. Eso dice todo lo que hay que decir sobre qué tan seria era la situación. La misma Iglesia que lo prohibía en sus naves lo consumía en sus conventos, lo recomendaba para los estudiosos y lo usaba como paliativo durante la Cuaresma. La bebida que los aztecas reservaban para sacerdotes, guerreros y sacrificados terminó siendo el vicio inconfesable de los conventos novohispanos.
#Efeméride
El 22 o 23 de mayo de 1520 un grupo de castellanos encabezados por Pedro de Alvarado, salieron del palacio de Axayacatl durante el cenit de la ceremonia de Tóxcatl, realizada por las élites mexicas en honor a Tezcatlipoca y Huitzilopochtli, para masacrar a los tenochcas que iban desarmados y mantenían la paz con los extranjeros. Va un ♦️breve HILO♦️ sobre lo que dijeron los testigos presenciales de esta matanza
#Internacional
El Papa León XIV ofreció una disculpa histórica por el papel de la Santa Sede en la legitimación de la esclavitud y por no haberla condenado durante siglos, al calificar ese pasado como una “herida en la memoria cristiana” en su primera encíclica, Magnifica Humanitas. Pese a que pontífices anteriores habían pedido perdón por la participación de cristianos en la trata transatlántica de esclavos, nunca antes un Papa había reconocido públicamente la responsabilidad de antiguos pontífices que otorgaron a monarcas europeos la autoridad para someter y esclavizar a “infieles”.
Hay más de 100 rebeliones indígenas en la Nueva España y varias guerras de exterminio: ningún indios buenísimos y francamente la divulgadora buenaondita cada vez se pierde más... o se está montando al jugoso negocio de merachifles.
Decir que no había segregación ya es el no va más.
“Los mexicanos llaman crueles a los comanches, pero creo que en crueldad y traición los mexicanos son perfectos hermanos de ellos, porque por mi parte los odio más de lo que odio a los comanches”
Oficial William H Daniel, durante la invasión del norte de México por 🇺🇸 1846-1847.
Foto ilustrativa de un tambor norteamericano que participó en la invasión de México en la primera mitad del siglo XIX
Comparto el daguerrotipo original y el retoque con IA.
Benito Juárez fue presidente de México durante catorce años, de 1858 a 1872, con una interrupción durante el Imperio de Maximiliano. Fue reelegido en 1867 después de restaurar la República, en elecciones que sus aliados celebraron como un triunfo democrático y sus opositores cuestionaron como el inicio del presidencialismo. La reelección de un presidente representaba en esa época una novedad política en México, después de los derrocamientos y fracasos de los gobiernos desde la Independencia. La segunda reelección, en 1871, fue la más controvertida. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, Juárez advirtió que Díaz tenía posibilidades de ganar fácilmente las elecciones si contendía únicamente contra Sebastián Lerdo de Tejada, por lo que se registró como candidato una vez más. El cálculo político era transparente: Juárez no se reeligió por convicción doctrinaria sino para evitar que Porfirio Díaz llegara al poder. Contra toda crítica, Juárez se postuló, lo que provocó un alzamiento militar que se controló de manera rápida, y el 7 de octubre de 1871 fue reelecto para un tercer periodo presidencial. La oposición lo acusó de fraude. Porfirio Díaz, que era el principal crítico, proclamó el Plan de la Noria con el argumento de que la reelección violaba la Constitución de 1857. Juárez lo aplastó militarmente sin demasiado esfuerzo. Díaz tuvo que esconderse en la sierra. Juárez murió en julio de 1872 sin haber terminado ese período. La historia que siguió es conocida: el mismo Díaz que proclamó el sufragio efectivo y la no reelección para derrocar a Juárez se reeligió siete veces y gobernó treinta años. El mito de Juárez como demócrata incorruptible lo construyó precisamente Porfirio Díaz, que lo necesitaba como figura fundacional para legitimarse. El hombre que acusó a Juárez de perpetuarse en el poder terminó siendo el mayor perpetuador de la historia mexicana.
Cuando los españoles descubrieron el tesoro de Moctezuma detrás de una puerta oculta en el Palacio de Axayácatl, lo que encontraron los dejó sin palabras: oro, desde luego, y objetos de jade, plumas de quetzal, piedras preciosas, obras de orfebrería que ningún taller europeo podía reproducir. Cortés mandó fundirlo en barras para repartirlo entre sus hombres y enviar el quinto real a Carlos V. La noche del 30 de junio de 1520, cuando los mexicas los expulsaron de Tenochtitlan en lo que llamaron la Noche Triste, los soldados españoles intentaron huir cargando todo el oro que podían. Gran parte del oro y las joyas que transportaban terminaron en el lago de Texcoco, pues los soldados más codiciosos se ahogaron en los canales jalados por el peso de las riquezas que no quisieron soltar. Cortés llegó al árbol donde lloró sus muertos con una fracción de lo que había salido del palacio. Cuando volvió a tomar Tenochtitlan en agosto de 1521, lo primero que hizo fue buscar el tesoro. No lo encontró. Torturó a Cuauhtémoc quemándole los pies. Cuauhtémoc dijo que lo había arrojado al lago antes de la captura. Algunos soldados se zambulleron. Encontraron objetos menores. El tesoro principal nunca apareció. El hijo de Cortés, Martín, y muchos otros aventureros financiaron expediciones para buscarlo durante el siglo XVI sin resultado. La hipótesis más sólida de los arqueólogos modernos es que parte del tesoro sigue debajo del Centro Histórico de la Ciudad de México, sepultado bajo siglos de construcción colonial, en el mismo lecho del lago de Texcoco que nadie ha podido excavar completamente porque encima están el Metro, el Zócalo y el Palacio Nacional. El tesoro más buscado de América probablemente está exactamente donde siempre estuvo: debajo de los pies de la ciudad que lo enterró.