A esta hora, el control real del poder en Venezuela sigue en manos de las principales cabezas del bolifascismo chavista. Conviene decirlo sin rodeos —y actuar en consecuencia—: con esta gente hay que extremar la prudencia. Lo han demostrado una y otra vez. Funcionan a la violencia, se alimentan de sangre, y si es sangre de inocentes, mejor aún para sostener su dominio.
No es una metáfora. Es un método.