Esto es inteligencia artificial no? Por favor, que sea inteligencia artificial… no puede ser que exista un ser humano capaz de lanzarse una “explicación” así para la desgracia que nos arropa desde el 24/06. Es que no puede seeeerr!
INDIGNANTE | El chamo del cerebro dañado responsabiliza a los habitantes de los apartamentos de la Misión Vivienda por la catástrofe provocada por los terremotos.
Según su análisis, la culpa fue de los residentes por cómo equiparon los apartamentos y por no seguir el manual que, según él, les entregaron a cada uno.
Es aberrante que lleguen a decir esto en vez de asumir la negligencia del régimen.
Qué bonito saber que hemos estado unidos a un gran país como la Argentina desde hace tanto tiempo. Un país que ha recibido a tantos Venezolanos haciéndoles sentir en casa, gracias y ojalá se lleven otra copa del mundoooo!
Me pasa igual, pero como lo solucionamos? Una vez sugerí un plan de reorganización y auditoría y me dijeron que estaba proponiendo casi que un movimiento “Mcarthista”.
Después entendí que hay demasiados que chuparon de esos guisos, por eso prefieren el borrón y cuenta nueva.
Al menos a mí, me tiene realmente ASQUEADA, saberme rodeada de tiendas, restorantes, supermercados, farmacias, parques, agencias de viajes, licorerías, mueblerías, peluquerías… y cuanta verga exista financiados con el dinero robado a los venezolanos!
Y llegarían al poder, entonces, unos degenerados que ampliarían el margen de Ignorantes e ignorancia para que solo puedan votar ellos y sus amigos. Todo sería peor! No es contra los que ignoran, hay que ir contra los que los empujan a eso. Educación y modales es la salvación!
Podrá venir Maria Corina como presidente. Podrá resucitar y venir Renny Ottolina como presidente. Podrá venir el mismísimo Simón Bolívar, pero si el venezolano no cambia esa mentalidad marginal socialista de la mal llamada “viveza criolla”, jamás saldremos adelante como país.
Debe ser complicado hacer todo lo que gritaron, juraron, y requete juraron nunca hacer.
Han engañado a sus seguidores.
Han estafado a quienes le creyeron.
Para la nueva Venezuela, los extremismos que generan fanáticos recalcitrantes, deberán ser más señalados.
Este año, ha sido como vivir dentro de “la casa de los famosos” pero, en versión los juegos del hambre con game of thrones y un pelo de 24 horas.
Y no estamos ni a mitad de año.
De pana da susto.
Cuando todo esto termine, cuando el humo se disipe y los reflectores del mundo se apaguen, va a quedar un silencio enorme sobre Venezuela. Y en ese silencio, nadie vendrá a salvarnos.
Ni los marines, ni los rusos, ni los chinos, ni los cubanos, ni los iraníes ni nadie.
Todos se irán con lo suyo en el bolsillo: unos con petróleo, otros con contratos, algunos con fotos de héroes y los demás con la conciencia tranquila de “haber ayudado”. Y ahí estaremos nosotros, solos, frente a un país en ruinas y con el alma rota.
Sin excusas.
Sin mesías extranjeros.
Sin nadie a quien culpar más que a nosotros mismos por lo que no hicimos antes y por lo que tendremos que hacer ahora. Esa será la verdadera guerra:
no la de tanques ni drones,
sino la de levantarnos entre escombros, mirarnos a los ojos (aunque duelan los recuerdos) y decidir que esta vez sí vamos a construir algo que no se pueda volver a tumbar.
Tendremos que sacar la corrupción como quien saca una bala oxidada del cuerpo: doliendo, sangrando, pero sin anestesia, porque ya no hay tiempo para dormirnos otra vez.
La justicia vendrá, pero no será linda. Será lenta, sucia, imperfecta, y la tendremos que hacer con nuestras propias manos temblorosas. Porque este país no lo van a reconstruir los que hoy gritan más fuerte desde afuera.
Lo vamos a reconstruir tú y yo.
El que está varado en un aeropuerto, el que no tiene pasaporte, el que perdió a su hijo, el que perdió la fe, el que nunca la perdió. Cuando llegue ese día (y llegará, aunque no sepamos la fecha), recordemos esto: Venezuela no necesita héroes importados.
Necesita venezolanos que dejen de esperar que alguien más venga a hacer el trabajo sucio y el trabajo bonito. Primero lo primero:
sobrevivir a lo que viene.
Después, lo imposible:
volver a ser un país.Y eso, hermano, solo lo hacemos nosotros.
¡Nadie más!
#ApretadoAbrazo
Hacer teatro, cine o televisión con dinero sucio, y no por la preparación, el talento y/o por lo novedoso o impactante del proyecto, es deleznable.
Y no es que “al menos hacen arte”, porque ni es arte, ni es más importante surtir un hospital que hacer una película a lo Natgeo.
Hemos terminado de ver Adolescencia.
Detengan lo que sea que estén haciendo y vayan a verla, está en Netflix, son solo cuatro episodios que paralizan desde el primer momento.
No se trata solo de los planos secuencias, la reflexión detrás de todo el contenido es bestial.
Recientemente corroboré esto en la universidad, fue decepcionante y doloroso saber que la soberbia de los poderosos en contra de los cambios propuestos por CAP, fue construyendo poco a poco a un monstruo que se les voltearía, y que les quitaría más de lo que imaginaron.
Venevisión, RCTV, El Nacional, Fedecámaras, la jerarquía eclesiástica, centenares de profes universitarios y de articulistas de prestigio… en ellos se encuentra el respaldo a Chávez después de su fracasado golpe. Si se busca a los causantes del horror, están de anteojito.
El mito de las obras de Pérez Jiménez opera como una cortina de humo que oculta una realidad más compleja.
Los documentos históricos demuestran que, si bien se construyó infraestructura importante, el alcance fue menor al que sugiere la memoria colectiva. El régimen priorizó las obras físicas por encima de las instituciones democráticas, utilizando el desarrollo material para justificar la represión política.
En ese sentido, el contraste entre la obra material y el costo humano resulta dramático. Mientras se inauguraban edificios y autopistas, la Seguridad Nacional operaba un sistemático aparato de represión.
El campo de concentración de Guasina, las torturas documentadas y la persecución política revelan el verdadero rostro de un gobierno que pretendía legitimar su autoridad a través del concreto. Y ninguna cantidad de obras públicas puede compensar el precio de la libertad.
Esta exaltación del "militar constructor" refleja un patrón histórico en Venezuela: la persistente idealización de figuras castrenses como garantías de orden y progreso. Un imaginario que ha servido para justificar el autoritarismo y que sigue influyendo en nuestra percepción del liderazgo político. De hecho, ya sabemos a dónde nos llevó eso 40 años después del 58.
Es hora de reconocer como sociedad que el verdadero desarrollo de una nación no puede construirse sobre la negación de libertades fundamentales ni sobre la subordinación del poder civil al militar. Y aunque muchos, ante las dificultades actuales, miren con nostalgia aquella época de aparente progreso, ninguna obra material justifica la pérdida de libertades fundamentales.
Esta narrativa no solo distorsiona nuestra memoria histórica, sino que ha impedido el desarrollo de una verdadera cultura política liberal en Venezuela. La persistente añoranza por el 'hombre fuerte' ha eclipsado valores fundamentales como la institucionalidad, el estado de derecho y las libertades individuales.
Al final, ¿qué dice de nosotros como sociedad que aún idealicemos al 'hombre fuerte' por encima de los valores democráticos? Quizás sea hora de cambiar esa narrativa y celebrar a los civiles, pasados, presentes y futuros, que construyeron, construyen y construirán país desde la democracia y la libertad, no a quienes edificaron sobre el sufrimiento de otros.