Annaliz, diagnosticada con hipoacusia neurosensorial, recibió un implante coclear que le permitirá percibir los sonidos de su entorno y favorecerá el desarrollo de su lenguaje y comunicación. 💖
Para su familia, este momento abre una nueva etapa y para ella, nuevas posibilidades
Annaliz es una de las niñas beneficiadas por las jornadas de implantes cocleares de #UniendoVoluntades, una iniciativa de la Oficina de la Primera Dama junto al @SNSRDO, @SaludPublicaRD, @ARSSeNaSaRD y @BCIE_Org.
Nuestro país habla mucho de reformas. Pero hay una que no podemos dejar fuera: la reforma moral.
De ella dependen muchas de las demás. Necesitamos recuperar el respeto por lo público, la honestidad, la transparencia y el sentido del bien común.
El dinero que se desvía no es solo dinero perdido: son obras, servicios y oportunidades que se le quitan al pueblo dominicano.
Como enseña el Evangelio, la verdadera transformación comienza en el corazón: amar al prójimo también significa no aprovecharse de él ni de lo que pertenece a todos.
La República Dominicana necesita reformas en las leyes, pero sobre todo una reforma en la conciencia.
Hoy la Iglesia celebra a San Alberto Hurtado, sacerdote jesuita chileno que dedicó su vida a servir a los más pobres, especialmente a los niños, huérfanos y personas que vivían en situación de abandono. Su ejemplo demuestra cómo una vida sencilla, entregada a Dios y al prójimo, puede convertirse en una obra extraordinaria.
Alberto Hurtado nació en Viña del Mar, Chile, en 1901. Desde joven sintió el deseo de ser sacerdote, pero las dificultades económicas de su familia lo llevaron primero a estudiar Derecho y trabajar para ayudar a su madre y a su hermano. Sin embargo, nunca abandonó su llamado. En 1923 ingresó a la Compañía de Jesús y fue ordenado sacerdote en 1933.
Al regresar a Chile, se dedicó especialmente a la formación de jóvenes y al acompañamiento de quienes buscaban encontrar un sentido para sus vidas. Pero fueron sus encuentros con personas que vivían en extrema pobreza los que marcaron profundamente su misión.
Al ver a personas sin hogar y a niños que dormían en las calles, comprendió que debía hacer algo concreto. Así nació el “Hogar de Cristo”, una obra destinada a ofrecer alimento, refugio y un lugar digno a quienes más lo necesitaban. Con gran esfuerzo, San Alberto recorrió las calles recogiendo a personas abandonadas y buscando ayuda para sostener esta iniciativa.
Su compromiso no se limitó a la asistencia. También impulsó talleres de capacitación para que los jóvenes pudieran acceder a un trabajo digno y promovió distintas iniciativas sociales y educativas.
Incluso cuando fue diagnosticado con cáncer, continuó transmitiendo esperanza a quienes lo visitaban. Su conocida frase, “Contento, Señor, contento”, resume la confianza y alegría con las que vivió hasta el final.
San Alberto Hurtado murió el 18 de agosto de 1952. Fue canonizado por el Papa Benedicto XVI en 2005.
🙏 San Alberto Hurtado, ayúdanos a reconocer el rostro de Cristo en quienes más sufren y a servir con generosidad a nuestros hermanos.
El Evangelio de este domingo nos presenta a una mujer cananea que no se rinde ante las dificultades. Ella lleva a Jesús el dolor de su hija y clama: «Señor, socórreme». No pide para sí, sino para alguien que ama. Su fe es perseverante, humilde y valiente. No permite que las barreras sociales, culturales o religiosas le impidan acercarse al Señor. Y Jesús, al final, reconoce en ella una fe extraordinaria: «Mujer, qué grande es tu fe».
Este Evangelio toca profundamente la realidad de nuestra República Dominicana. También hoy hay muchos hombres y mujeres que claman por sus hijos, por sus familias y por una vida más digna. Hay padres que buscan oportunidades para sus hijos, jóvenes que esperan un futuro mejor, familias que luchan para llegar a fin de mes y personas que, desde la sencillez de sus hogares, mantienen viva la esperanza. Como la mujer cananea, nuestro pueblo no puede perder la fe ni acostumbrarse a la indiferencia. Necesitamos una sociedad que sepa escuchar el clamor de quienes sufren, que no deje a nadie al margen y que entienda que el progreso verdadero no consiste solamente en crecer económicamente, sino en que cada dominicano pueda vivir con dignidad. La fe que Jesús alaba debe convertirse también en compromiso: una fe que ora, que persevera, que sirve y que trabaja por una República Dominicana más justa, fraterna y solidaria.