No perdiste tu corazón; tú lo fuiste dejando olvidado en cada fiesta, en cada cama, en cada borrachera, en cada inhalada. Fuiste dejando pedazos a cambio de un ‘te quiero’, de una caricia, de un posible mañana.
Y ahora te miras al espejo y no sabes en qué parte del camino te quedaste tú. Tienes el cuerpo lleno de cicatrices que no se ven, pero que duelen más que las que sí sangraron. Te acostumbraste a darlo todo por casi nada, a quedarte aunque ya no hubiera lugar para ti, a mendigar amor con la dignidad hecha trizas.
No te rompieron el corazón, lo fuiste entregando tú, esperando que esta vez sí te cuidaran. Pero nadie cuida lo que no conoce, y tú mismo te olvidaste. Olvidaste quién eras, qué merecías, qué soñabas.
Pero escucha esto: todavía estás a tiempo. Todavía puedes recoger lo que queda de ti, barrer los restos de los “casi”, reconstruirte con lo poco que te dejaron… porque aunque te falten piezas, aún respiras. Y mientras respires, puedes volver. Volver a ti.
#danielhabif