¿Recuerdan el episodio de Bob
Esponja en donde se pone a llorar porque ya no quiere ser un adulto, y solamente quiere que su abuelita le haga galletas? Bueno, pues así me
siento yo.
Una termina siendo chiflada y loca por reclamar cosas que la otra persona hace y que sabe perfectamente que no te gustan y que ya se lo has dicho muchísimas veces.