Hoy en el silencio del sábado santo, aprendamos a esperar no desde la certeza si no desde el amor; contra toda esperanza, cuando el dolor pesa y la promesa parece lejana. María no ve, no entiende, pero confía, su corazón firme, porque incluso en el silencio, Dios ya está obrando.
Me juré que no volvería a escribirte, y cumplí. Lo que no me juré fue que dejaría de hablarte en mi mente todas las noches antes de dormir. Ahí todavía nos llevamos bien, ahí todavía no te has ido.