Ya que os hablo de mi hija. Ella, por ser mujer, no puede soñar con jugar en el @RMBaloncesto. El mensaje que le manda el @realmadrid a todas las niñas del planeta es que si eres niño, puedes soñar con jugar al baloncesto en el Madrid. Si eres niña, no. Es terrible.
Ni medio amago de fichaje por parte de Cadaverino Pérez eh. Bueno si, sonó una interna guatemalteca para cambiarle los pañales por la noche. Pedía mucha pasta y no era generacional
El Madrid da tumbos siguiendo los delirios de un anciano que confunde a Gonzalo García con su nieto Joaquinito. El domingo no vio la Supercopa. La boliviana, como cada tarde, le peló una pera para merendar, que no se terminó porque se quedó plácidamente dormido viendo Cifras y Letras. Despertó desorientado a las 23:00h, llamó a José Ángel Sánchez y le ordenó despedir a Vanderlei Luxemburgo por no poner a Morientes.
Este decrépito individuo presentó el proyecto de su vida, que pretendía revolucionar el fútbol mundial, a las 2 de la mañana en Mega, junto a Edwin Congo, Pipi Estrada y Cristóbal Soria disfrazado de bruja.
Se ha gastado cientos de millones en fichajes y no ha sido capaz de traer a un centrocampista sin deficiencias psíquicas o adicciones a sustancias. Ha despilfarrado más de mil millones en un ciber-retrete colosal, donde no se ha podido celebrar ni un concierto de Lola Índigo.
Cuando el sábado, en el Xanadú de la Castellana, suenen los cánticos de “hola fondo norte” y los japoneses haciendo trends de TikTok, debemos sellar el césped retráctil con Pañalino debajo. La lata ruinosa será su mausoleo. Lo enterraremos vivo junto a sus sirvientes Jude Ballantines, Fede Bonino, Pintus y Ferreras, como a los faraones egipcios.
Eso sí, su gestión al frente del Barcelona, el club de sus amores, ha sido impecable. Al César lo que es del César.
RuidoBernabeu tenía razón.
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Una de las frases más ingenuas que se leen últimamente es esa de "Dato mata relato".
Creer en ella implica desconocer algo más profundo, un mecanismo que lleva milenios funcionando en la especie humana: el conocimiento no se transmite por la vía desnuda del dato, sino por el cauce sinuoso de la narración.
Porque si nos remontamos al principio, a las hogueras, a los cuentos que los viejos del clan contaban para que los niños no se comieran las bayas venenosas o no se acercaran demasiado al río de noche, lo que encontramos no son tablas de Excel, sino relatos. No decían: “atención, la ingesta de esta fruta incrementa un 67% la mortalidad en menores de cinco años”, sino: “había una niña que probó esa baya y a la mañana siguiente ya no respiraba, y desde entonces su espíritu vaga por la cueva”. Eso es lo que se fijaba.
No era “dato mata relato”. Era justo lo contrario: el relato era el que le daba al dato la pegajosidad suficiente para que no se evaporase en el aire de la memoria.
Los datos están bien —muy bien, de hecho, imprescindibles— para ciertas cosas: calcular la órbita de un satélite, ajustar la dosis de un medicamento, diseñar un puente que no se caiga con el primer viento. Pero cuando hablamos de transmitir esos datos, de hacer que pasen de un cerebro a otro y permanezcan allí sin disolverse en la sopa general de estímulos, entonces necesitas un envoltorio narrativo. Una historia. Algo que, aunque sea torcido, falso o directamente inventado, se te meta dentro como una astilla y no te deje olvidarlo.
Pero, lógicamente, esto es un problema. Porque el relato no necesita ser veraz para ser eficaz. Ahí tienes las fake news, los bulos de WhatsApp, las teorías de la conspiración sobre vacunas, antenas o reptiles interplanetarios. La pregnancia del relato es tan poderosa que a veces da exactamente igual que los datos digan lo contrario. Es como si la verdad tuviese el grosor de una hoja de papel y el relato viniera con una armadura medieval encima: al choque, ya sabes quién gana.
La pregunta entonces no es si el dato mata relato (spoiler: no lo hace, nunca lo ha hecho, nunca lo hará), sino cómo distinguimos entre relatos veraces y relatos falsos, entre narrativas que transmiten conocimiento útil y narrativas que solo sirven para intoxicar.
Y la única manera de hacerlo es precisamente entendiendo que ningún dato va a matar al relato. Que lo único que podemos hacer es generar relatos mejores, más pegajosos, más humanos, donde los datos no estén aislados como si fueran cuentas sueltas de un collar roto, sino engarzados en una historia que les dé sentido.
El verdadero peligro viene del que no sabe que no sabe. Ese es el límite de mejora de tus jugadores.
Si soy consciente de que no sé, tiene remedio. Dudo e intento solucionarlo.
Si israel nos pide compensaciones por la expulsión de los judios en 1492 espero que el rey reclame el trono de jerusalem y dejemos de reconocer Israel
Deus vult
El peor resultado de la historia de España en Eurobaskets.
Hay dos jugadores en este grupo que quiero volver a ver con la selección lo antes posible y hay otros dos que preferiría que no volviesen. Estoy convencido de que estais conmigo en los cuatro y sabéis quienes son.
Mañana es el cierre de Relevo.
Es una noticia terrible para el periodismo deportivo español. Terrible.
Y no me vengáis con filias y fobias. Pensad en sus extraordinarios trabajadores y extraordinarias personas.