He atravesado varios géneros de salud y sigo atravesándolos... Y en cuanto a la enfermedad: ¿No nos sentimos casi tentados a preguntarnos si podríamos arreglármoslas sin ella? Solo el gran dolor libera de verdad el espíritu. N.
Las cosas que hacemos para protegernos hacen que sea más difícil que otras personas se acerquen. Por más aterrador que pueda ser bajar la guardia, las recompensas hablan por si solas, porque al final del día, la única persona que vale la pena ser eres tú.
Usamos máscaras, las usamos para ocultar las partes que no queremos que nos vean. Proyectamos confianza cuando nos sentimos inseguras, dureza cuando somos vulnerables y calma cuando nuestras vidas están fuera de control. Esos mecanismos de defensa no siempre nos sirven.
Si todo lo que recordáramos fueran los buenos tiempos; nuestras amistades no serían tan fuertes y nuestros amores no serían tan dulces. Así que aférrate a lo malo junto con lo bueno, un día te alegrarás de haberlo hecho.
No trates a quien lucha como si fuera una pobrecita (o), no es menos por lo que enfrenta, al contrario, es más. La lástima no ayuda a nadie, el amor si.
Puedes estar en la cima, pero nunca sabes cuando puede venirse abajo todo. Cuando pase eso, lo cual es inevitable, solo te queda aguantar y esperar que no te hundas.
Mientras hay dolor hay vida. Gran maestro es el dolor. El dolor nos avisa, nos protege y sobre todo, el dolor nos hace apreciar los placeres de la vida.
Valorar la buena compañía, la salud. Saborear los momentos en los que no se sufre ni hay dolor. Al menos por un rato.
A veces, estar solos puede aterrarnos y caemos en relaciones nocivas. Pero, para seguir adelante, hay que saber salir de pie. Tu vida quizá dependa de ello.
En el transcurso de la vida las relaciones van y vienen. Nos juntamos, rompemos, nos trasladamos o perdemos el contacto.
Los períodos prolongados de soledad y toxicidad deterioran la salud, la función cerebral y la longevidad.