Me fascina el proceso mental de las personas que los findes largos lloran porque quieren una semana laboral de 4 días pero después van y te votan a un tipo capaz de meterte una jornada laboral de 20 horas al día
Dejen de culpar a los docentes y háganse cargo de sus hijos. Sáquenles las pantallas y métanlos en deportes. Mírenlos a la cara. Oblíguelos a cenar en familia. Pregúntenles cómo están, qué hicieron, si tienen tarea. Revisen sus cuadernos. Llévenlos al pediatra y al psicólogo.
Te van a quitar derechos y avances laborales, te van a quitar la gratuidad, te van a contaminar el río, la playa y te van a talar el bosque, te van a subir la bencina, te van a quitar feriados, pero tú, mantén la sonrisa y sigue orgullloso de haber votado por Kast.
Mi mejor amiga me llamó destrozada porque su novio la había dejado.
Estuve dos horas en el teléfono. La escuché. La apoyé. Le dije todo lo que necesitaba escuchar.
Tres días después, él la llamó. Volvieron.
No me avisó. Me enteré por redes sociales.
Dos meses después, él la volvió a dejar. Me llamó destrozada otra vez.
Esta vez contesté. La escuché veinte minutos.
Luego le dije con calma que yo ya no tenía más horas para este ciclo. Que la quería. Que cuando decidiera salir, ahí iba a estar.
Se molestó. Dijo que no la estaba apoyando.
No respondí.
Seis meses después me llamó para decirme que había terminado definitivamente y que yo había tenido razón.
Le pregunté cómo estaba. Salimos a cenar.
Apoyar a alguien no significa estar disponible infinitamente para el mismo dolor elegido.
Anónimo.