Hoy nadie va a mencionar el detalle que a mí más me llama la atención del 7 de agosto.
La independencia de Colombia se decidió en un puente.
No en un salón. No en una firma. En un paso estrecho sobre el río Teatinos, donde un ejército tenía que cruzar y el otro tenía que impedirlo. Quien controlara esa estructura, controlaba el país que venía.
A mí, como ingeniero, esa imagen me persigue. Un puente es el punto donde se decide si algo avanza o se queda.
Los que estuvieron ahí en 1819 no eran héroes de bronce. Eran muchachos descalzos, mal comidos, que llevaban semanas caminando por el páramo. No tenían garantía de nada. Cruzaron igual.
De ese cruce nacieron nuestras Fuerzas Armadas. A los hombres y mujeres del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y la Policía Nacional: gracias. Hoy y siempre.
Doscientos siete años después, la pregunta sigue siendo la misma para cada uno de nosotros: ¿qué estamos dispuestos a cruzar?
Feliz 7 de agosto, Colombia.