Los centros de datos y la energía desencadenan la nueva fiebre del oro para los cowboys del capital privado.
Los fondos de PE e infraestructuras se lanzan a comprar empresas energéticas, al calor del boom de la IA.
Según un estudio de Deloitte. Las operaciones de M&A en el sector de energía y utilities alcanzaron un récord de $203,6B durante los 5 primeros meses del año, 40%+ sobre los $141,7B registrados en todo el año pasado.
El Leviatán de Bruselas y la mala gestión de VW no son antítesis, sino cómplices.
Bruselas creó el mercado de créditos de CO₂ que subsidia a los entrantes chinos (y que, aún cumpliendo la normativa de Bruselas, juegan con ventaja).
Reducirlo a la mala gestión empresarial de VW y omitir la responsabilidad del Leviatán europeo en destrozar la principal industria europea es, IMHO, demasiado simplista
No es que la UE esté “somnolienta”.
Es que toda hemos creado un Leviatán con sede en Bruselas y 78.000 burócratas, cuyo único incentivo es regular.
Cada regulación absurda, y la Unión Europea es ejemplo paradigmático, tiene su origen en un burócrata justificando su sueldo.
El otro día hablaba de Josh Feltman, el que fuera líder del departamento de Restructuring & Finance de Wachtell, al hilo de una noticia del FT que mencionaba su fichaje por Kirkland a cambio de un salario garantizado (récord) de $80M en 3 años.
Me acabo de topar con este vídeo en el que da un consejo a jóvenes abogados que suscribo de la A a la Z.
Lo traduzco para los que tengáis inglés básico:
“Cualquier asociado al que le paso un trabajo y luego se pasa 6 horas dándose cabezazos contra una pared y acaba creando un producto mediocre, a pesar de haberse torturado, no es un buen asociado.
Un buen asociado es aquel que confiesa: “Josh, no tengo ni idea de qué estás hablando”, o “nunca he visto esto”, o “he hecho tres de estos antes, pero este me parece raro; hablemos de ello”.
Yo necesito un asociado que tenga la inteligencia de hacer lo que tiene que hacer, pero la confianza de confesar su ignorancia”.
Sobre lo que explicaba el otro día sobre Wachtell y la “Kirklandisation” del Big Law americano, me hago eco de este artículo que he leído en la cuenta de LinkedIn de Corporate Lawyer NY:
El bufete de abogados más rentable de Estados Unidos acaba de batir todos los récords históricos… y ha perdido a 9 socios en 15 meses.
Las cifras de Wachtell Lipton en 2025 son casi incomprensibles: $12,15M de beneficio por equity partner.
El primer bufete en la historia de Am Law 100 en acanzar los $12 millones de dólares.
Los ingresos por abogado (fee earner) casi doblan los de Kirkland & Ellis.
Luego llegaron los $80M.
Kirkland ofreció al responsable de reestructuraciones de Wachtell, Joshua Feltman — un veterano de 24 años en la firma — un sueldo de $80M de garantizados durante 3 años para que se marchara.
Los aceptó.
Pero no fue el primero.
Desde principios de 2025, Latham ha fichado a 4 socios de Wachtell
Zach Podolsky, que lideró operaciones de M&A por $210.000M durante su época en Wachtell, lo explicó claramente: "Quería un sitio que empodere a los socios más jóvenes para asumir roles de liderazgo”.
Es una frase educadamente devastadora sobre uno de los despachos más prestigiosos del mundo.
La paradoja en el corazón de esta historia: el modelo de lockstep de Wachtel — precisamente lo que genera ese PEP de $12M — es también lo que la hace vulnerable en una era de contratos blindados para los abogados estrella.
La lealtad a la institución está siendo revalorizada.
La pregunta no es si Wachtell sobrevivirá.
Que lo hará.
La pregunta es si su modelo de boutique puede aguantar cuando sueldos garantizados de $80M hacen que la paciencia parezca un defecto de personalidad.
Vídeo muy descriptivo de la carrera profesional en Kirkland & Ellis, la mayor firma del mundo por facturación ($10,5B en 2025).
Salarios estratosféricos, pero olvídate de tener vida personal.
El puesto exige imputar en el sistema más 2.400 horas facturables al año.
Asumiendo que puedes disfrutar de un par de semanas de vacaciones y unos 10 festivos, no te pones enfermo (el Big Law no admite personas enfermizas), salen unas 49 semanas laborables.
La matemática es muy simple:
2.400h facturables al año / 49 semanas laborables = 49 horas facturables por semana ≈ 10 horas facturables al día (asumiendo que consigues –normalmente, no– librar sábado y domingo).
Y estamos hablando de horas facturables.
Es decir, horas que tienes que facturar al cliente, con ratios hora que van desde los $600-$700 del asociado junior (1 a 3 años) hasta los $2.000-$3.000 del socio de equity.
O sea, que sudas hasta el último dólar.
Si vas a comer y piensas en el asunto del cliente, factura.
Si vas a recoger al niño a la guardería (asumiendo que tengas tiempo de encontrar cónyuge y engendrar hijos) mientras mentalmente estás dándole vueltas a aquella cláusula del merger agreement, factura.
Si el cliente te invita a jugar al golf creyendo que puede aprovechar para discutir de su operación sin que le cobres… ¡Error! Factura.
Si estás duchándote mientras escuchas “Hurricane” de Bob Dylan, lo que te trae a la memoria el juicio que tiene tu cliente, factura.
Eso hace que los sueldos vayan desde los $300.000 de junior 1 a los $11M de socio de equity.
Eso sí, nadarás en dinero y, si no te mata el estrés por el camino (el mayor enemigo del corporate lawyer) y llegas a la sociatura, será inmensamente rico.
Y cuando te retires (salvo que haya cambiado, en K&E no hay edad de jubilación forzosa), tendrás todo el dinero del mundo para disfrutar lo que te quede de vida (si te queda algo).
As�� es.
Aquí tienes que coger un avión para ir a un cierre y pierdes 5 horas entre aeropuertos y vuelos y el cliente se queja si se las facturas, como si fuera culpa tuya el no vivir en Pamplona.
Y, en buena medida, es culpa nuestra que nos canibalizamos los unos a los otros con propuestas de honorarios ridículas.
15. Blade Runner (Ridley Scott, 1982)
Casi al final de la película, Roy Batty, el replicante antagonista, salva, en el último segundo, la vida de Deckard (Harrison Ford), el cazador que lleva toda la película intentando eliminarle.
Acto seguido, se sienta en la azotea bajo la lluvia, con una paloma blanca entre las manos, y pronuncia sus últimas palabras antes de morir.
Es el famoso monólogo de “lágrimas en la lluvia” (por cierto, esa última frase, como buena parte del monólogo, la improvisó el propio Rutger Hauer el día anterior a la filmación de la escena):
“I've seen things you people wouldn't believe.
Attack ships on fire off the shoulder of Orion.
I watched C-beams glitter in the dark near the Tannhäuser Gate.
All those moments will be lost in time, like tears in rain.
Time to die”
En el doblaje en español, por algún motivo que se me escapa, se cambió la referencia a “el hombre de Orión”, por Orión a secas, pero es igualmente impactante:
“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais.
Atacar naves en llamas más allá de Orión.
He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser.
Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.
Es hora de morir.”
Es una escena cargada de simbolismo:
• La angustia existencial: Roy acepta su mortalidad y sabe que, cuando muera, todo lo que ha vivido desaparecerá con él.
• La inversión moral: El replicante diseñado para matar, en el último instante se convierte en héroe y salva al humano que quiere eliminarle.
• La dignidad del ser: Roy no muere como una máquina, sino como alguien que ha vivido, que ha visto, que ha sentido. No es tan diferente de un ser humano.
• La paloma: Símbolo de la paz, de la renuncia de Roy a la violencia, y que a su vez encarna su alma que se eleva al cielo cuando muere al final de la escena.
14. A clockwork orange (La naranja mecánica) (Stanley Kubrick, 1971).
La icónica escena inicial de una de las películas más polémicas y censuradas de la Historia.
Suena de fondo una versión sintetizada de “La Marcha Fúnebre de la Reina María” escrita por el compositor británico Henry Purcell en 1695.
La escena empieza con un primer plano cerrado del rostro de Alex: mirada fija hacia la cámara, pestaña postiza pintada bajo el ojo derecho y sombrero de copa.
La cámara se aleja muy lentamente.
Poco a poco, nos muestra a sus “drugos” (amigos o camaradas, en el argot “nadsat” inventado por el novelista Anthony Burgess) y el Milkbar Korova, con su mobiliario en forma de maniquíes femeninas en posturas eróticas y sus dispensadores de “moloko” (leche).
Suena la voz en off de Alex, presentando al grupo: “There was me. That is Alex, and my three droogs. That is Pete, Georgie and Dim.” (Ahí estaba yo. Es decir, Alex. Y mis tres “drugos”. O sea, Pete, Georgie y Dim)
Están bebiendo “leche plus”, un combinado de “moloko” y varios tipos de drogas.
El cocktail ideal para prepararse para una noche de “ultraviolencia”.
“This would sharpen you up and make you ready for a bit of the old... ultraviolence” (Esto te aguzaba los sentidos y te dejaba listo para una dosis de la vieja.. ultraviolencia).
La escena del Korova condensa, en una sola toma, la tensión entre estética y ética, entre lo bello y lo moral, que impregna toda la película.
Las mujeres desnudas convertidas en mobiliario anticipan la cosificación del ser humano.
La alta cultura, personificada por la música clásica (que Alex adora, especialmente a Beethoven), contrasta con la violencia gratuita, que representa los instintos más bajos del ser humano.
[Como anécdota divertida, en 1982 (o sea, en los tiempos locos de la Movida Madrileña), Los Nikis –un grupo que siempre me encantó por sus letras absurdas y su imitación cañí de los Ramones– publicaron “La naranja no es mecánica”, en la que narran la historia de Álex en un mundo que ha cambiado completamente desde sus tiempos de ultraviolencia: “Álex, todo ha cambiado mucho. Ya no está de moda tolchoquear. Oh, hermanito
Se acabaron los delitos. Nadie compra discos de Ludwig van”]
@isa_iglesias_al A mí me ha pasado lo mismo (se añade a ello que tuve un mal profesor en bachillerato). Pero cuanto más me adentro en ella, más me apasiona.
Lo comentaba con un amigo mientras cenábamos en la verbena de San Juan:
Los grandes laboratorios de IA están contratando filósofos.
Una de esas carreras que hoy a mí me apasionan, pero que, cuando antaño tu hijo que decía que quería estudiarla, le preguntabas “¿y de eso cómo vas a vivir?”
Pues resulta que sí.
Y, según las tendencias de empleabilidad en EEUU, mejor que de estudiar ingeniería informática.
Porque cuando construimos un sistema capaz de razonar, necesitamos a alguien que sepa si está razonando bien.
Y eso no lo resuelve un ingeniero; lo resuelve un filósofo.
Hace 2.400 años, Sócrates desarrolló la mayéutica: el arte de hacer preguntas que obligan al interlocutor a examinar sus propias contradicciones.
Los modelos entrenados con ese método son menos complacientes, más honestos.
O sea, más valiosos.
Descartes convirtió la duda en método (la duda metódica), como disciplina para separar lo verdadero de lo aparente.
Una IA que nunca duda no piensa.
Y hace 250 años, Kant lo remató con su “sapere aude” (atrévete a pensar por ti mismo)
La inteligencia artificial más peligrosa es la que es icapaz de cuestionar su propio razonamiento.
La epistemología es la nueva ingeniería.
En mi opinión hay demasiados abogados y sólo unos pocos elegidos llegan a la cúspide de la profesión (no siempre los más brillantes).
Y aprovecho la reflexión inicial para añadir que siempre he dicho que hay 2 tipos de abogado muy peligrosos, cada uno en un extremos distinto:
(i) los que yo llamo “sofistas”, que responden a preguntas complejas con tal confianza que el cliente les cree a pies juntillas, aunque estén metiendo la pata “big time”; y
(ii) los “inseguros”, que titubean continuamente y transmiten una absoluta falta de confianza al cliente.
Como diría Aristóteles, la virtud está en el justo medio.
Por eso creo que es tan importante aprender a razonar. Y creo que, en la carrera, eso es algo que no se enseña correctamente.
Y la IA, con sus “alucinaciones”, ayuda a agravar el problema de los primeros (encima, tienen una validación externa de una máquina presuntamente inteligente) y a puede llevar a alcanzar falsas certezas a los segundos, esa validación que les ayuda a superar sus inseguridades.
Por eso, o aprendemos a pensar, o la profesión está muerta.
Es mi opinión personal y absolutamente debatible.
@CarlosJimenezwb Correcto!
La ironía, para destruir las falsas certezas de los sofistas, que cobraban por enseñar a parecer que su alumno tenía razón, pero no a tenerla.
La mayéutica, para ayudar al alumno (en el caso de Sócrates, et amore –sin cobrar–) a construir conocimiento real.
@victorianoi Pero que es una tendencia! De otros medios, te aceptaría lo de PR. Pero, por lo general. The Economist está muy por encima de los estándares de la profesión periodística.
En unos años, veremos. Esto acaba de empezar :)
@victorianoi Victoriano, la noticia es de 2023, cuando la IA estaba en pañales y, en España, seguimos en pañales en lo que a empresas de IA se refiere.
La noticia de La Vanguardia salió hace 2 días en The Economist, que algo sabe de estas cosas…
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