Muchas veces me ha tocado decirme a mí misma «no llores, por favor, no llores» mientras comía, mientras miraba el techo, mientras caminaba sola por la calle.
Al final del día sólo soy yo en mi cuarto hablando con Dios y pidiéndole que por favor todo me salga bien, que me dé fuerzas para seguir, que me mejore mi vida y me ayude con todo lo que no le cuento a nadie y sólo él sabe.
Acostúmbrate a ti, a no depender de nadie, a no dar explicaciones, a escuchar tu música favorita, a salir con tus amigos, a quedarte en casa porque no tienes ganas de salir. Acostúmbrate a ti, a tus cosas, a tu vida, a la soledad y sobre todo, a no esperar nada de nadie.
Cuando escucho a alguien describirme de una forma tan bonita y amorosa, me hace cuestionarme si realmente me conozco. Gracias por mirarme así, incluso cuando me cuesta a mí hacerlo.
Que RICO coincidir con alguien cuya idea de diversión sea ir al cine, descubrir restaurantes, cocinar juntos, planear viajes y no vivir de fiesta cada viernes en la noche.