La mayor lección que he aprendido este verano ha sido no forzar nada, ni conversaciones, ni amistades, ni relaciones, ni atención y ni amor. Las cosas forzadas no valen la pena, lo que fluye, fluye y lo que falla, pues falla
Se nos olvida que la vida es un ratito, que las personas no son eternas y que las oportunidades se acaban. Digan, hagan y quieran todo lo que puedan hoy, porque tal vez mañana ya no se pueda.