ORACIÓN ANTE UNA INJUSTICIA:
Señor, tú sabes lo que ocurrió.
Conoces la verdad completa, incluso las partes que otros han manipulado, escondido o cambiado para protegerse.
Hoy me duele ser señalado por algo que no hice, ser tratado injustamente o ver cómo alguien se beneficia del daño que me causó.
Defiéndeme, Cristo.
No permitas que la mentira tenga la última palabra. Saca a la luz lo que deba ser conocido y coloca la verdad delante de quienes necesitan verla.
Pero mientras llega la justicia, guarda mi corazón.
No permitas que el coraje me convierta en una persona que ya no reconozco. Dame sabiduría para defenderme sin destruirme, hablar sin perder la dignidad y actuar sin ensuciar mis manos.
Tú eres testigo de lo que ocurrió. Eso me basta para no volverme esclavo de la necesidad de convencer a todo el mundo.
Haz justicia a tu tiempo, a tu manera y sin permitir que mi alma se pierda durante el proceso.
Amén.
#danielhabif
Comprar un colchón con garantía de veinte años y no preguntar quién la va a reclamar. Firmar un crédito a treinta, un contrato a doce meses, un plan de datos a dos y un plan de vida a ninguno. Escoger un sillón que va a durar más que las rodillas que lo escogen. Pagar por lo que se va a quedar. Pago.
Me atiende un ejecutivo con la voz de la letra chica: financie su presencia en cómodas mensualidades, cubra sus necesidades, invierta en eternidades, aproveche, la vida no espera pero el crédito sí, su deuda le sobrevivirá, aplican restricciones, garantía de por vida, dice, y no aclara de la vida de quién. Saquen la cuenta: una botella de plástico, cuatrocientos cincuenta años; una bolsa del súper, cien; un chicle en la banqueta, cinco; una lápida de granito, mil, mil quinientos si nadie la toca; un edificio de concreto, cien, doscientos con grietas y todo; una foto en la nube, para siempre o hasta que alguien deje de pagar; un cuerpo, ochenta, si le va bien, si no se le atraviesa nada, si el corazón no se aburre antes. Hicimos todo más largo que nosotros: el plástico, el cemento, la deuda, la contraseña, el rencor. Hasta el silencio de después de una pelea dura más que la pelea. Hasta la cicatriz dura más que la herida.
Producto perecedero, mortal, finito, provisional, así me clasifican, consumir preferentemente antes de, y la fecha en blanco. Y en la piedra, el resumen: nombre completo, fecha de nacimiento y, pegada a la fecha, esa raya, ese guion, el signo más corto del teclado, y del otro lado otra fecha que todavía no existe pero ya tiene lugar. Eso somos. No la piedra, no las fechas: el guion. Lo más corto del renglón. Lo que se escribe sin levantar el lápiz. Y con todo, construimos: pirámides para faraones que duraron cuarenta años, catedrales de trescientos para creyentes de setenta, torres de acero para gente de carne, bóvedas para guardar oro que no come, museos para que los cuadros no envejezcan mientras el que los mira sí. Nos pasamos la vida fabricando eternidades ajenas, y a la nuestra, la única corta, le decimos espérate, ahorita, cuando termine, cuando me jubile, cuando se acomoden las cosas. Como si las cosas tuvieran prisa. Las cosas no tienen prisa. Las cosas se quedan.
Se queda el vaso en el fregadero. Se queda la casa con las luces prendidas, se queda el sillón con la forma de la espalda, el número guardado en el teléfono con nombre y apellido, el olor en la almohada, la ropa en la silla, la contraseña, la playlist, la deuda, el saldo a favor. Se quedan los que no nos quisieron y los que no supimos querer. Se queda todo. Todo se queda menos nosotros.
Y tú, que me pides paciencia como si tuviéramos siglos, que me dices ya hablaremos, ya se me pasará, ya habrá tiempo. No hay. Nunca hubo. El enojo dura más que nosotros, no lo alimentes, que ese sobrevive solo. No me guardes para después, que no soy de los que aguantan en el refrigerador. Bésame ahora que soy breve. Mírame ahora que todavía tengo fecha de un solo lado.
Lo breve no se guarda, se gasta. Lo breve no se ahorra, se derrama. Lo breve no se pospone, no se financia, no se pone en lista de espera. Lo breve se dice en voz alta, se abraza con los dos brazos, se llora en público y se ríe a deshoras. Lo breve es lo único que sabe que existe. La piedra no se despide. El plástico no pide perdón. El concreto no se acuerda de nadie. Nosotros sí. Por eso duele. Por eso vale.
No somos eternos. Menos mal. Lo eterno no se entera de nada. Ser breve no es una condena, es la única prueba de que estuvimos. Lo único breve en esta vida somos nosotros. ¿Y lo eterno? Para eso, ya habrá tiempo.
#danielhabif
El arte de la vida lenta; encontrar la calma en un mundo que no para. Bajar el ritmo no es perder el tiempo, es ganar espacio para respirar, sentir y saborear. El bienestar real nace de los rituales pequeños; un café sin prisa, una mirada atenta, el silencio de la mañana. Regálate un momento para ti hoy.
#Elbúhoanalista
No vine a despedirme de ti.🖤🎩
Vine a despedirme de la versión de mí que nunca dejó de esperarte.
Estas flores no son para alguien que se fue de este mundo...
Son para un recuerdo que ya cumplió su tiempo en mi corazón.
Durante mucho tiempo regresé a este mismo lugar, convencido de que el pasado algún día abriría los ojos y volvería a sonreírme.
Pero los recuerdos no regresan.
Solo nos enseñan cuándo es momento de seguir caminando.
Hoy dejo estas flores con gratitud.
Porque, aunque nuestra historia no tuvo el final que imaginé, fue parte del camino que Dios utilizó para transformarme.
No reniego de lo vivido.
No borro tu nombre.
No guardo rencor.
Simplemente dejo de cargar aquello que ya no me corresponde.
Hay amores que nacen para quedarse.
Y otros que nacen para enseñarte a soltar.
Hoy el Sombrerero no entierra un amor.
Entierra la necesidad de seguir viviendo en él.
Y mientras el viento se lleva el aroma de estas flores...
Mi alma, por fin, aprende a mirar hacia el horizonte en lugar de volver la vista atrás.
— El Sombrerero Loco.
“No todos los esfuerzos se ven en una fotografía. Algunos caben en una camisa
planchada de madrugada, en una cuenta pagada a tiempo, en una lonchera preparada antes de salir a trabajar.
Hay sacrificios que nadie aplaude.
Pero sostienen hogares enteros.”
Eduardo Alighieri
El amor que de verdad merece la pena no llega para ponerte un pedestal, sino para sentarse en el suelo contigo, arremangarse y ayudarte a ordenar los pedazos de todo lo que un día se rompió.
No quiero lápidas que mientan ni flores que se pudran en tres días. El día que me vaya, me basta con que recuerdes que este esqueleto herido solo tuvo un momento de gloria: el tiempo que pasó a tu lado.