Ultimamente me he dado cuenta de que todo el mundo parece estar bien hasta que finalmente tienes una conversación profunda con ellos. Y entonces, te das cuenta que estamos en una generación triste de personas luchando por sobrevivir a través de caras sonrientes y fotos bonitas.
A mí si me gustan esos planes de salir por ahí, a caminar con calma, mirar el atardecer, comer un helado, platicar, reir y hablar de la vida. Siento que no con cualquiera se puede ir a un plan así.
Me da risa cuando me dicen “¿y qué hiciste este finde?”, como si hubiera hecho paracaidismo o algún deporte extremo. Tengo 36, fui al súper, lavé ropa, ordené mi cuarto, me tomé un vinito y avancé unos capítulos de mi serie.