Lo más duro de estar triste es que, aunque te sientas roto por dentro, todo a tu alrededor sigue como si nada: el mundo no se detiene, las responsabilidades no esperan, y la vida no te da un respiro para sanar.
Este año me sacudió de todas las formas posibles. Me alejó de personas que jamás imaginé pero también me unió a otras que llegaron a salvarme la vida, cuando perdí mi chispa, mi sonrisa, mi alma, cuando lo había perdido todo. Y, aun así, aquí estamos, JUNTAS y me felicito por eso